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Viernes, 08 de abril de 2005
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Son muchas las leyendas y las historias que se cuentan sobre las brujas... verrugas horribles, escobas voladoras, gatos negros que las rondan... hasta oscuros pactos con el Diablo!!

Se las asocia muy a menudo con maldad y con oscuridad, tal vez porque se las sabe amigas de la luna y de la noche, y lo maligno siempre se ha contrapuesto a la luz, a lo luminoso. Quiz? solo fueron mujeres que no adoraron a m?s dios que la noche o la madre Tierra (qui?n mejor que ellas conoc?a las propiedades ocultas de las plantas, regalo de la naturaleza a quien supiera entenderlo?). Y quiz?s ese paganismo tuvo un precio demasiado alto para muchas.

En las sociedades primitivas, la agricultura y la recolecci?n era terreno de las mujeres. Mientras los hombres sal?an a cazar, las mujeres aprendieron, primero, a elegir, de entre los que la naturaleza les ofrec?a, los alimentos aptos de los que no lo eran. M?s tarde, aprender?an que eran capaces de "dominar" este proceso de alg?n modo, y hac?an crecer alimentos por s? mismas. Esto requer?a una mayor observaci?n de la tierra, de los fen?menos naturales, del clima, las estaciones... un mayor contacto con su entorno (y esto lo seguimos observando en las mujeres a las que luego se llam? brujas).

Tambi?n, en muchas sociedades antiguas, ha habido cierto temor a la mujer, sobre todo por la incomprensi?n de algunas de sus capacidades. La mujer engendra vida (por supuesto, tarea imposible sin un hombre) y este mecanismo por el que un beb? nac?a del cuerpo de la mujer result? incomprensible mucho tiempo... y ya se sabe que lo desconocido suele ser amigo del miedo.

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PASEANDO POR LA HISTORIA...

Las supuestas brujas fueron perseguidas durante largo tiempo, muchas veces por miedo, otras siendo utilizadas como cabezas de turco, y en algunos momentos de crisis acusar al vecino de brujer?a lleg? a ser una forma r?pida y eficaz de librarse de ?l.

Ya Carlomagno (siglo VIII) orden? la muerte para quienes provocaban tempestades que estropeaban las cosechas, hac?an est?ril al ganado o causaban enfermedades a otras personas. El c?mo se probaban estas acusaciones no parece muy "cient?fico".

Documentos religiosos anteriores lo que condenaban era creer en brujer?a, y encomendaban a los sacerdotes la misi?n de velar por que sus feligreses no cayeran en las ilusiones de Sat?n, que era quien les hac?a ver esos fen?menos inexplicables (como creerse capaces de volar a lomos de bestias salvajes o ver tal cosa). Esto se recoge en el Canon de Episcopi, que parece ser del Concilio de Ancyra, siglo IV. Sin embargo, siglos m?s tarde, los inquisidores optan por obviar el contenido del Canon, aduciendo que hab?a surgido una nueva secta de verdaderos adoradores de Sat?n a la que hab?a que combatir. Describ?an los encuentros nocturnos en los que se aparec?a el Diablo en forma de cabra y se llevaban a cabo rituales demon?acos. Llamaban a perseguir a las brujas por herejes y para darles el oportuno castigo. Est?bamos a mediados del siglo XV.

Miedo real o ficticio? Manipulado o espont?neo? Lo que sabemos es que Europa era asolada por frecuentes epidemias de peste, lo que la situaba en una gran crisis colectiva... la gente asustada suele necesitar un culpable, y suele ser tambi?n f?cil de manipular.

En 1484 el Papa Inocencio VIII promulga una bula, la Summis desiderantes, en una especie de declaraci?n de guerra abierta contra las brujas, que instigadas por el Maligno, Enemigo de la Humanidad, asesinaban a ni?os en el vientre de la madre y se daban a los excesos... Probablemente la menci?n a las muertes de ni?os se refiera a que, debido a los conocimientos que sol?an tener una parte de las mujeres sobre hierbas y al mejor conocimiento del cuerpo femenino, ellas eran las que practicaban los abortos cuando se daban. Y en cuanto a los excesos... bien, para la mentalidad de la ?poca, el que un grupo de mujeres se reuniera por las noches para charlar, bailar bajo la luna sin pudor (se cuenta que muchas veces bailaban desnudas) y en fin, divertirse en una especie de comunidad femenina, no deb?a ser f?cil de entender. Y lo que no entendemos o no compartimos lo situamos muy r?pidamente en la frontera de excesivo, y entrando en temas religiosos, se tacha de inmoral o pecaminoso. Tal vez manten?an adem?s contactos sexuales entre ellas, tal vez las alusiones al macho cabr?o que aparec?a sean referencias a varones que las acompa?aban a veces.

A partir de ese momento, se designa a los dominicos Kramer y Sprenger como inquisidores encargados de perseguir estas "depravaciones". Estos ser?an los autores del Maellus maleficarum o Martillo de las mal?ficas (1486). Se abr?a la veda para la persecuci?n con todas sus consecuencias, pudiendo recurrir sin problemas a las torturas con tal de lograr confesiones... Aumenta espectacularmente el n?mero de brujas... y es que ante las brutales torturas, quien m?s quien menos confesaba lo que le pidieran.

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No era la primera vez que los te?ricos pactos con Sat?n daban pie a persecuciones. Ya en 1232, el Papa Gregorio IX incluy? este aspecto en sus bulas, acusando a los habitantes de Stedingerland, en Oldemburgo, de pactos con el Maligno que conllevaban toda serie de rituales sexuales con zoofilia incluida, relaciones incestuosas y homosexuales, a las que no dudaba en equiparar y condenar. El desencadenante en este caso fue la negativa de estas gentes a pagar el diezmo al obispo de Bremen... aunque relacionar esto con pactos sat?nicos parece exagerado.

INQUISICI?N

Los juicios que se llevaban a cabo por brujer?a distaban mucho de ser ejemplo de justicia. Para la acusaci?n bastaba la sospecha, no eran necesarias pruebas, no hab?a opci?n a defensa y las confesiones o delaciones hechas bajo tortura eran usuales y totalmente v?lidas. Incluso si el sospechoso no confesaba despu?s de ser torturado, esto se interpretaba a veces como un signo m?s de lo fuerte que era la intervenci?n del Diablo.

Sin embargo, sol?a darse el caso de que una vez apresada una bruja, aparec?an muchas m?s en la zona... la explicaci?n oficial era que si el Diablo andaba cerca, poseer?a a cuantas m?s mejor... pero las acusaciones falsas, una suerte de psicosis colectiva o puede que incluso cierta rebeld?a ante la injusticia tal vez fueran causas m?s reales.

Algunas voces advirtieron de la poca fiabilidad de los procesos inquisitoriales desde dentro. As?, Alonso Salazar y Fr?as, inquisidor que hab?a tomado parte en el proceso de Logro?o de 1610, estableci? al hacer la revisi?n del proceso que la mayor?a de las acusaciones eran falsas, y que no se hab?a actuado correctamente. Incluso concluy? que todo hab?a sido un exceso de imaginaci?n por parte de unos y de otros, en parte motivada por los sermones de la Iglesia. El jesuita Friedrich von Spee se pronunci? en un sentido parecido, cuando sin negar la existencia de brujas o de intervenciones sat?nicas, habl? de la injusticia que hab?a comprobado en los procesos inquisitoriales. Y otro punto de vista m?s fue el que aport? el humanista Pedro de Valencia, que hablaba de los aquelarres o reuniones de brujas como de fiestas de gente en busca del placer, todo lo m?s, bacanales, y que explicaba las supuestas visiones m?gicas como ilusiones, efecto de drogas... negando toda intervenci?n del Diablo en ellas.

?Cu?les eran los cr?menes que supuestamente hab?an cometido estas personas? En la obra "Demonoman?a de los brujos" se hace un listado de los mismos entre los que se incluyen renegar de Dios, maldecirlo, rendir homenaje al Demonio, dedicarle sacrificios, ofrecerle hijos antes de que nazcan, matar ni?os para hacer p?cimas con ellos, comer carne humana, profanar cad?veres, beber sangre, envenenamientos, maleficios, provocar la esterilidad del ganado o de los pastos, practicar el incesto y tener pr?cticas sexuales "aberrantes", y el trato carnal con el Diablo. En algunos casos eran acusados adem?s del crimen de traici?n al Estado, puesto que supuestamente ten?an al Demonio como m?xima autoridad, en vez de a su gobierno.

En la pr?ctica, era tan dif?cil probar la inocencia de uno que miles de mujeres fueron torturadas, quemadas en hogueras, ahorcadas... muy probablemente por miedo, por rencillas personales con alg?n vecino, por la psicosis colectiva, por ser "raras", o por tener una mente demasiado abierta para la ?poca que viv?an, que las hizo sentirse y mostrarse m?s libres de lo que sus contempor?neos estaban preparados para aceptar.


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