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Viernes, 08 de abril de 2005
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En pocas ocasiones la memoria colectiva de los pueblos muestra tama?o acuerdo a la hora de juzgar el papel hist?rico de un personaje como en el caso de Adolf Hitler. Sobre ?l se han escrito cientos de miles de p?ginas, y su figura se asimila a la de un dictador asesino responsable de la muerte de millones de personas y encarnaci?n de los m?s bajos y deplorables instintos humanos. Hitler llev? a su pa?s, y a la pr?ctica totalidad de la poblaci?n mundial, a la guerra m?s devastadora nunca conocida, practicando adem?s una pol?tica de exterminio y barbarie contra todos aquellos grupos o individuos que la abyecta ideolog?a que representaba tuviera por diferentes y, por ende, inferiores. Naci? este personaje en una ciudad fronteriza de la Austria b?vara, hijo de un agente de aduanas, Alois, que, en virtud de su ocupaci?n, obligar? a su familia a mudar varias veces de residencia, siempre en peque?as localidades rurales. Su padre era hijo a su vez de la soltera Mar?a Anna Schikelgruber, tomando prestado el apellido Hitler de un pariente por considerarlo m?s honroso. El hecho de que su padre proviniera de una uni?n ileg?tima entre su abuela y un desconocido perturb? siempre los pensamientos de Hitler, ante la posibilidad de tener ascendientes jud?os. Durante su infancia, se educa en peque?as escuelas de pueblo, hasta que pasa a la escuela de Artes y Oficios de Linz. Su infancia dist? mucho de ser feliz, siendo objeto de frecuentes palizas por parte de su padre, s?lo en parte compensadas por el cari?o que su madre, Klara P?lz, le profesaba. Esta era la tercera esposa de Alois, y ten?a veintitr?s a?os menos que ?l. La complicidad entre madre e hijo era a veces percibida por su padre bajo el prisma de los celos.

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Persona inteligente, superaba las asignaturas escolares con facilidad, lo que le procuraba cierta tendencia al abandono y la pereza. Quiz?s por la mala relaci?n con su padre, o por los frecuentes cambios de residencia y colegio, lo cierto es que el ni?o Hitler no lograba cuajar amistades, teniendo como resultado que se encerrase en s? mismo y en sus sue?os como futuro pintor, su afici?n favorita. Los designios de su padre, por el contrario, iban por otros derroteros, pues deseaba para su hijo una carrera de funcionario. La controversia fue fuente de frecuentes disputas y discusiones, en las que el joven Hitler no ced?a un ?pice, al punto que, a modo de rebeld?a, dej? de prestar atenci?n a los estudios en la escuela cat?lica de Linz y repiti? curso. En 1903 muere su padre, lo que le otorga cierta libertad de movimientos y acci?n. Algo m?s tarde, una pulmon?a le hace abandonar la escuela en principio hasta su restablecimiento, pero ser? definitiva. Se dedica entonces a su afici?n favorita, la pintura, durante dos a?os, con la ilusi?n de ser alg?n d?a un pintor reconocido. Su intento de ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena se ve abocado al fracaso, aunque, orgulloso y seguro de sus fuerzas, lo intent? un a?o m?s tarde. Nuevamente cosech? el mismo resultado. Decepcionado y triste por la muerte de su madre en 1907, se entreg? a una vida abandonada y perezosa, en la que s?lo las audiciones de Wagner parec?an interesarle.

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Requerido para cumplir el servicio militar, Hitler se escondi? en Viena durante tres a?os para as? eludirlo. El motivo de su actuaci?n no era otro que su deseo de no formar parte de un ej?rcito que consideraba d?bil y propio de un pa?s en decadencia, alejado de pasadas glorias. Por el contrario, admiraba a la pujante Alemania y su car?cter orgulloso, lo que le hizo trasladarse a Munich en 1913. Desde all? envi? una carta en la que se excusaba de no hacer el servicio militar, alegando que no ten?a medios para subsistir y viv?a en la pobreza. En realidad, disfrutaba de una pensi?n de orfandad, al mismo tiempo que la venta de algunos dibujos le procuraban ingresos adicionales. Sin embargo, aunque no fueron admitidas del todo sus excusas, el tribunal que juzgaba su caso se avino a realizarle un examen m?dico para poder declararle no apto para el servicio militar, lo que realmente sucedi?. Un a?o m?s tarde, sorprendentemente, solicita su ingreso como voluntario en el ej?rcito ante el advenimiento de la I Guerra Mundial. En los combates, destaca por su af?n de lucha y arrojo. Inscrito en una unidad de choque, en apenas unas semanas s?lo quedan vivos 600 de los 3.500 soldados que la formaban. Su habilidad en la lucha y su obediencia le hacen respetado por compa?eros y mandos, quienes en ocasione le encomiendan misiones dif?ciles como el traslado de mensajes. En octubre de 1916 cae herido de cierta gravedad por un disparo que le atraviesa una pierna, aunque pronto se restablece y regresa al frente tras pasar el invierno convaleciente. Nuevamente en 1918, tambi?n en octubre, resulta herido, esta vez tras inhalar gases t?xicos. En su cartilla militar figura la inscripci?n "gaseado". Pierde temporalmente la visi?n y es ingresado en el Hospital de Passewalk, donde sufre varias operaciones y fuertes dolores. Durante su convalecencia, puede apreciar que est? asistiendo a un mundo en profunda transformaci?n. La revoluci?n ha triunfado en Rusia, instalando all? una doctrina pol?tica que personalmente detesta. El viejo y decadente Imperio Austro-h?ngaro ha desaparecido como consecuencia de la derrota en la Gran guerra, mientras que su admirada y orgullosa Alemania ha sufrido una humillante derrota. Su an?lisis de la situaci?n alemana le hace pensar que la derrota se debe a una conjunci?n de factores, entre los cuales el m?s destacable es la propia divisi?n interna, fruto del r?gimen de partidos, y la p?rdida de los valores tradicionales que encumbraron a Prusia tan solo hac?a algunas d?cadas. Adem?s, el bolchevismo y los "no arios" amenazaban con extenderse por Alemania y el resto de Europa, subvirtiendo el orden "natural" y despreciando todo lo que Hitler valoraba. Por si fuera poco, el final de la guerra le dejaba en una situaci?n de desamparo: en el ej?rcito, en combate, era valorado y se sent?a identificado con sus compa?eros, con sus mandos y con una causa; fuera de ?l, se convert?a en alguien sin rumbo, anodino.

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Sin saber qu? hacer, se queda en el cuartel de Munich esperando alguna misi?n, algo que hacer. Finalmente le llega su oportunidad, al serle ofrecido un trabajo como esp?a y propagandista del ej?rcito. Su misi?n consistir? en introducirse en los c?rculos pol?ticos y detectar cualquier posible brote de sublevaci?n. Tras sorprender a los dirigentes del DAP, el Partido Obrero Alem?n, el 19 de octubre comienza su carrera pol?tica. Pronto destaca en reuniones y asambleas, diciendo lo que su p?blico quiere o?r: la culpa de la postraci?n alemana es de los extranjeros; los comunistas invadir?n el pa?s; los partidos pol?ticos desunen y restan fuerza a la naci?n... El clima social de la posguerra en Alemania roza la paranoia. No se entiende que su poderoso ej?rcito haya podido perder la guerra. Se ven a s? mismo como incomprendidos, incluso envidiados por su "car?cter superior". Las reparaciones de guerra impuestas en Versalles son, adem?s, un lastre para la econom?a de la naci?n: el marco se deval?a hasta perder casi todo su valor; colas de hambrientos deambulan por las calles; la miseria puede palparse. En estas condiciones, un peque?o partido como el DAP, ultraderechista, antijud?o y radical, encuentra un caldo de cultivo propicio para su expansi?n. Y con ?l, un personaje como Hitler, capaz de encender a las masas con un discurso tan f?cil como deseado. Pronto comienza a captar la atenci?n de grupos diferentes, desencantados con la Rep?blica y temerosos del comunismo: ultracat?licos, militares, nost?lgicos. Se re?nen en secreto, con el objetivo com?n de devolver a Alemania su puesto como gran potencia europea. Hitler se mueve como pez en el agua, pues los acontecimientos parecen predisponer la situaci?n a su favor. Las reparaciones de guerra ahogan la econom?a alemana, cuyo gobierno no puede hacer frente a los pagos.

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En consecuencia, Francia -la odiada Francia-, invade las cuencas del Rhur y el Sarre, para garantizar el pago de la deuda. Inflaci?n, paro y hambre alcanzan niveles impactantes. Por si fuera poco, la situaci?n pol?tica es cualquier cosa menos estable. La d?bil rep?blica, presidida por un socialista, se ve amenazada por una revoluci?n de signo izquierdista, la espartaquista, que a duras penas es controlada. El comunismo avanza entre los alemanes, que ven en ?l una tabla de salvaci?n. Hitler despliega entonces una actividad fren?tica, escribiendo discursos y folletos, dando m?tines, organizando grupos. Le protegen militares y rusos huidos de la Revoluci?n, a pesar de lo cual sigue careciendo de medios econ?micos, dependiendo tan s?lo de su paga de militar. En 1920 intenta por primera vez tomar el poder. Prepara un golpe de estado junto con von Kapp, que termina fracaso por la indecisi?n de los generales en principio comprometidos. Condenado a cinco a?os de prisi?n en la fortaleza de Landsberg, dedica su tiempo a dictar a Rudolf Hess la primera parte de su libro Mein Kampf (Mi lucha), en la que plasma sus ideas y deseos. Obra autobiogr?fica, el resentimiento y el antisemitismo atraviesan sus p?ginas desde la primera hasta la ?ltima, exponiendo en ellas adem?s su ideal de una Alemania uniforme, fuerte y temida. Tambi?n en 1920 forma la NSDAP (Partido Obrero Nacional-Sindicalista), cuya importancia para Alemania ser? fundamental a partir de entonces. En diciembre de 1924 recobra la libertad. Escocido por el fracaso anterior, adopta por la v?a democr?tica como herramienta de acceso al poder. El antisemitismo se convierte en una de las principales consignas del partido, siendo muy bien recibida por la opini?n p?blica en general. Por toda Alemania se pueden o?r sus discursos o leer sus folletos, desplegando una actividad propagand?stica incansable. La crisis de 1929, que Alemania sufre especialmente, incrementa el n?mero de seguidores de Hitler. Las empobrecidas clases medias, temerosas del influjo comunista, abrazan el nazismo como una tabla de salvaci?n. En las elecciones de marzo de 1932 Hitler resulta derrotado por Hindenburg, pero sus trece millones de votos le facultan para ser nombrado canciller muy poco tiempo despu?s.

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El dem?cratacristiano von Papen se apresta a colaborar con Hitler, pensando que podr? encauzar y moderar sus acciones. Craso error. Las primeras decisiones del nuevo canciller demuestran su voluntad de no someterse a pactos. Tras decretar la realizaci?n de un plebiscito en el Sarre sobre la ocupaci?n francesa, consigue expulsar a los franceses. Incumple los acuerdos de Versalles, en especial impulsando la militarizaci?n de Alemania, al mismo tiempo que lanza el "Anchluss", la uni?n con Austria. La subida al poder de un personaje as? asusta a los aliados europeos, incapaces de articular medidas que vayan m?s all? de la "pol?tica de apaciguamiento". Es entonces cuando la Sociedad de Naciones revela su ineficacia. Tras llegar el poder, Hitler y sus colaboradores (Himmler, Goebbel, Goering) se encargaron de crear un aparato policial capaz de someter absolutamente a la poblaci?n y evitar cualquier tipo de disidencia. La Gestapo velar? por la "seguridad" del Estado, al mismo tiempo que por la "pureza" de la raza aria. En 1938, su agresiva pol?tica exterior le llevar? a a?adir parte a Alemania parte de Checoslovaquia, cuya integridad estaba garantizada por el Tratado de Versalles. Nuevamente las naciones europeas capitulan ante el formidable despliegue de fuerza alem?n. El siguiente paso ser? Polonia, tambi?n protegida por la Sociedad de Naciones y, especialmente, Francia e Inglaterra. La maniobra de Hitler es inteligente: se acerca a la URSS mediante la firma de un pacto de no agresi?n, permitiendo que los tanques alemanes traspasen con una rapidez extraordinaria la frontera polaca el 1 de septiembre de 1939. Inglaterra y Francia declaran abiertas las hostilidades: la II Guerra Mundial ha comenzado. Inmediatamente, la Wehrmacht invade Dinamarca y Noruega, tan solo meses despu?s, a las que seguir?n B?lgica y Holanda en 1940. El golpe mayor est? todav?a por venir: el 5 de junio las tropas alemanas entran en Francia, derrot?ndola en tan solo diecisiete d?as. Tan solo resiste Gran Breta?a, acosada por la aviaci?n de Goering, quien busca desesperadamente la ayuda de unos Estados Unidos ensimismados en su pol?tica de neutralidad. Por el contrario, Italia y Jap?n se suman a Alemania y forman el Eje. El ataque japon?s sobre Pearl Harbour fuerza, ahora s?, la entrada definitiva y sin ambages de Estados Unidos en la guerra. El gran error de Hitler fue, teniendo abierto el frente occidental, abrir otro en el Este. El ataque sobre la URSS, a pesar de emplear una ingente cantidad de recursos humanos y materiales, se estanca por la tenaz resistencia rusa y finalmente acaba por fracasar estrepitosamente. Hay encima demasiados frentes abiertos, demasiadas fronteras: los Balcanes, ?frica, el Atl?ntico. A partir de 1943 los acontecimientos empiezan a cambiar de rumbo. El apoyo norteamericano se antoja fundamental para la causa aliada, mientras que los sovi?ticos inician desde el Este un tremendo contraataque. Adem?s, los aliados, en especial la Italia de Mussolini, m?s parece ser un lastre que una ayuda, pues no tardar? en caer. El desembarco en Normand?a, en 1944, supone el inicio del fin de la aventura Alemana. Las defensas de Rommel, el otrora triunfador en ?frica, nada puede hacer por detener el avance aliado, que parece pugnar con los rusos en su avance hacia Berl?n. La situaci?n comienza a ser dram?tica, al punto que una sublevaci?n por poco acaba con la vida del Fuhrer al hacer estallar una bomba bajo su sill?n durante una reuni?n del Estado Mayor en Berchtesgaden. Hitler ha perdido el control. Se esfuerza en imponer ?rdenes de resistencia bajo pena de ejecuci?n sumaria, mientras que recluta para su ej?rcito incluso a menores de edad. Encerrado en su bunker, desconf?a de sus m?s ?ntimos colabores, si acaso s?lo en Goebbels y Mart?n Bormann, testigo ?ste de su acelerada boda con Eva Braun. La carrera por Berl?n prefigura un mundo diferente al t?rmino de la guerra. Comunistas y capitalistas se afanan por llegar los primeros, siendo aquellos los primeros en llegar. Hitler no ver? este hecho, pues se suicidar? unto con Goebbels y Eva Braun el 7 de mayo. Atr?s quedan cinco a?os de guerras y millones de muertos causados por la megaloman?a de un dictador, el ensimismamiento de un pueblo y la pasividad del resto de naciones.


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