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Domingo, 01 de enero de 2006
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1. Definici?n

El ?ntrax es una enfermedad infecciosa aguda causada por una bacteria grampositiva que se llama Bacillus anthracis que forma esporas. El ?ntrax ocurre con mayor frecuencia en los vertebrados menores, silvestres y dom?sticos (ganado vacuno, ovejas, chivos, camellos, ant?lopes, y otros herb?voros), pero tambi?n puede ocurrir en seres humanos cuando tienen contacto con los animales infectados o el tejido de animales infectados.
El ?ntrax es considerado un agente que puede ser usado en una guerra biol?gica.

Caracter?sticas

En condiciones adversas esta bacteria se transforma en espora, aumentando considerablemente su resistencia a medios ambientes hostiles. La mayor?a de las esporas se destruyen con aplicaci?n de cal, idealmente a pH 12.6-13.2, por eso a los animales infectados muertos se los entierra profundamente y se los recubre con cal viva. Para garantizar la destrucci?n de las esporas de ?ntrax, se deben calentar los alimentos a 150?C por lo menos durante 3 horas. Los suelos alcalinos son propicios para mantener las esporas. La fase activa de la bacteria es destruida r?pidamente a 60?C por 30 minutos.

2. Transmici?n

El ?ntrax es m?s com?n en regiones agr?colas donde los animales tienen la enfermedad. Estas regiones incluyen Sudam?rica, Centroam?rica, Europa del sur y del este, Asia, ?frica, el Caribe y el Oriente Medio. Cuando el ?ntrax afecta a los seres humanos, es normalmente por causa de exposici?n ocupacional a los animales infectados o sus productos. Los trabajadores que est?n expuestos a los animales muertos y a los productos de otros pa?ses donde el ?ntrax es m?s com?n, podr?an resultar contaminados con B. Anthracis.
La infecci?n de ?ntrax puede ocurrir en tres formas: cut?nea (piel), por inhalaci?n, y gastrointestinal. Las esporas de B. anthracis pueden vivir en la tierra por muchos a?os, y los seres humanos pueden resultar infectados con ?ntrax al tocar los productos de animales infectados o por inhalar las esporas de los productos de animales contaminados. El ?ntrax tambi?n puede contraerse al comer carne de animales infectados que no fue suficientemente cocida.
El riesgo de que el ?ntrax se contagie de persona a persona es muy poco probable. No tiene que preocuparse de contraer la enfermedad si est? a cargo o si visita a un paciente que tiene el ?ntrax inhalado.

3. S?ntomas

Los s?ntomas de la enfermedad dependen de la forma en la que se contrajo, pero normalmente los s?ntomas se presentan dentro de los primeros 7 d?as.
Cut?neo: La mayor?a (casi 95%) de las infecciones de ?ntrax ocurren cuando la bacteria entra en una lesi?n o abrasi?n en la piel, como por ejemplo cuando se toca lana, pieles, cuero u otros productos de pelo de animales infectados (especialmente pelo de chivos). La infecci?n de piel empieza como una protuberancia similar a la de un piquete insecto pero que en 1 a 2 d?as se convierte en una bolsa llena de l?quido y despu?s en una ?lcera sin dolor, usualmente de 1 a 3 cm. de di?metro, con una caracter?stica ?rea negra y necr?tica (en el proceso de morir) en el centro. Las gl?ndulas linf?ticas en el ?rea adyacente se pueden hinchar. Aproximadamente un 20% de los casos que no reciben tratamiento m?dico contra el ?ntrax cut?neo provocar?n la muerte. La muerte es poco com?n si se recibe una terapia antimicrobiana apropiada.

La imagen muestra la escara negra rodeada de ?reas erosionadas e intenso edema. Estas lesiones son indoloras. Las ?reas de "piel seca" representan ?reas de edema en resoluci?n. Las lesiones contin?an su progresi?n a pesar de tratamiento antibi?tico. El ?ntrax cut?neo es autolimitado y las lesiones se resuelven sin cicatriz. Alrededor de un 20% de casos no tratados pueden progresar a formas sist?micas.
Inhalaci?n: Los s?ntomas al principio pueden confundirse con los de un catarro com?n. Despu?s de varios d?as, los s?ntomas pueden empeorar y convertirse en problemas graves de respiraci?n y shock. El ?ntrax de inhalaci?n generalmente es fatal.
Intestinal: La forma intestinal del ?ntrax puede ser el resultado de haber consumido carne contaminada y escasamente cocida y los s?ntomas incluyen inflamaci?n severa del tracto intestinal. Los primeros s?ntomas de nauseas, p?rdida de apetito, v?mito, y fiebre son seguidos por dolor abdominal, v?mito de sangre, y diarrea grave. En 25% a 60% de los casos de ?ntrax intestinal el resultado final es la muerte.

4. Vacuna

Existe ya una vacuna aprobada contra el ?ntrax para usarse en los seres humanos. Se estima que la vacuna es eficaz en 93% de los casos para la protecci?n contra ?ntrax.
La vacuna contra el ?ntrax es fabricada y distribuida por BioPort Corporation, Lansing, Michigan. La vacuna es una vacuna filtrada para eliminar las c?lulas, lo que significa que en la preparaci?n no se usa bacteria viva ni muerta. El producto final no contiene m?s de 2.4 mg de hidr?xido de aluminio. Las vacunas de ?ntrax para animales no deben ser usadas en seres humanos.
El Comit? de Consultor?a Sobre las Pr?cticas de Inmunizaci?n ha recomendado la vacunaci?n de ?ntrax para los siguientes grupos:

Las personas que trabajan directamente con el organismo en el laboratorio.
Las personas que trabajan con pieles de animales importadas en ?reas en las que las medidas de seguridad e higiene no son suficientes para prevenir la exposici?n a las esporas de ?ntrax.
Las personas en ?reas con altos incidentes de ?ntrax que tocan los productos animales que podr?an estar infectados.
El personal militar enviado a las ?reas con alto riesgo de exposici?n al organismo (cuando se usa como arma en guerra biol?gica).
Las mujeres embarazadas s?lo deben vacunarse si es absolutamente necesario.
La inmunizaci?n consiste de tres inyecciones subcut?neas dadas cada dos semanas, seguidas por tres inyecciones subcut?neas adicionales dadas a 6, 12, y 18 meses. Despu?s, se recomienda la aplicaci?n de inyecciones de refuerzo cada a?o.
Se presentan reacciones locales leves 30% de los vacunados y consisten en poco dolor y enrojecimiento en el lugar de inyecci?n. Las reacciones locales graves son poco frecuentes y consisten en una hinchaz?n extrema del antebrazo adem?s de la reacci?n local. Las reacciones del sistema ocurren en menos de 0.2% de los vacunados.

Diagn?stico
Se diagnostica el ?ntrax por el aislamiento de B. anthracis de la sangre, lesiones de piel, o las secreciones respiratorias o mediante la medida de anticuerpos espec?ficos en la sangre de las personas posiblemente afectadas.

Tratamiento
El tratamiento de la enfermedad se realiza con antibi?ticos espec?ficos, el de mayor efectividad es la ciprofloxacina, la dosis a utilizar es de 500 mg cada 12 horas en un lapso de tiempo que var?a de 20 d?as a meses, seg?n la evoluci?n de la enfermedad.

Ciprofloxacina
Acci?n terap?utica.
Antimicrobiano. Quinolona de segunda generaci?n.

Propiedades.
Agente antibacteriano de efecto r?pido que no presenta resistencia cruzada con las penicilinas, cefalosporinas, tetraciclinas y aminogluc?sidos. Act?a por inhibici?n de la DNA-girasa bacteriana, interfiriendo en la replicaci?n del DNA. En forma oral, combina una biodisponibilidad elevada con gran penetraci?n tisular que permite su empleo como monoterapia o en combinaci?n con otros antibi?ticos. Act?a sobre g?rmenes grampositivos: Staphylococcus aureus, piogenes y pneumoniae, Streptococcus faecalis, Mycobacterium tuberculosis, Bacillus anthracis. Microorganismos gramnegativos: Escherichia coli, Klebsiellas, Enterobacter, Salmonella, Shigella, Proteus mirabilis, Pseudomonas, Haemophilus influenzae, Neisseria gonorrhoeae, Aeromonas, Vibrium Brucella melitensis.

Indicaciones.
Infecciones de las v?as respiratorias. Bronconeumonia y neumon?a lobar. Bronquitis aguda, bronquiectasias, empiema. Infecciones del tracto genitourinario: uretritis complicadas, pielonefritis, prostatitis, gonorrea. Infecciones osteoarticulares: osteomielitis, artritis s?ptica. Infecciones gastrointestinales: diarrea infecciosa, fiebre ent?rica. Infecciones sist?micas graves: septicemias, bacteriemias, infecciones de v?as biliares, p?lvicas y otorrinolaringol?gicas.

Dosificaci?n.
La dosis se determinar? por la gravedad de la infecci?n, la sensibilidad de los organismos causales, edad, peso y funci?n renal del paciente. Dosis media por v?a oral/adultos: Infecciones del tracto urinario: 250 a 500mg cada 12h; cistitis aguda no complicada: 250mg cada 12h; durante 3 d?as. Infecciones de v?as respiratorias, infecciones osteoarticulares, de piel y tejidos blandos: 250 a 500mg cada 12h pudiendo elevarse a 750mg c/12h en casos de mayor gravedad. Infecciones por pseudomonas en tracto respiratorio inferior: la dosis normal es de 750mg, dos veces al d?a. Gonorrea: dosis ?nica de 250mg. En la mayor?a de las otras infecciones 500 a 750mg dos veces al d?a. El per?odo de tratamiento habitual para infecciones agudas es de 5 a 10 d?as y debe continuarse 3 d?as despu?s de la desaparici?n de los signos y s?ntomas. En pacientes con funci?n renal alterada: en general no es necesario ajustar la dosis, salvo en insuficiencia renal grave. En estos casos se puede reducir la dosis diaria total a la mitad. No se recomienda su empleo en ni?os y adolescentes en crecimiento. En caso de ser necesaria su indicaci?n, la dosis a emplear puede ser 7,5 a 15mg/kg/d?a por v?a oral, administrados cada 12 horas.

Reacciones adversas.
En ocasiones puede producir n?useas, diarreas, v?mitos, dispepsia. Alteraciones del SNC: v?rtigo, cefaleas, cansancio, insomnio, temblor; en muy raras ocasiones sudoraci?n, convulsiones, estados de ansiedad. Reacciones de hipersensibilidad, erupciones cut?neas, prurito, fiebre medicamentosa. Reacciones anafilactoides: edemas facial, vascular y lar?ngeo. En estos casos se suspender? en forma inmediata el tratamiento. Pueden aparecer aumentos transitorios en las enzimas hep?ticas, sobre todo en pacientes con lesi?n hep?tica previa. Trastornos de la f?rmula sangu?nea: muy raramente eosinofilia, trombocitosis, leucocitosis, anemia. Dolores musculares, tenosinovitis, fotosensibilidad.

Precauciones y advertencias.
Debido a los efectos secundarios que puede producir sobre el SNC s?lo deber? utilizarse cuando los beneficios terap?uticos superen los riesgos descriptos; sobre todo en pacientes con antecedentes de crisis epil?pticas u otros trastornos del SNC (bajo umbral convulsivo, alteraci?n org?nica cerebral o ACV). No es recomendable su uso en el embarazo ni en el per?odo de lactancia. En raras ocasiones se ha observado cristaluria relacionada con el empleo de ciprofloxacina, por eso los pacientes deber?n estar bien hidratados y evitar una alcalinidad excesiva de la orina.

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Interacciones.
Se elevan los niveles s?ricos de teofilina cuando se administra con quinolonas. Junto con ciclosporina, aumenta los valores s?ricos de creatinina. A fin de no interferir en la absorci?n de anti?cidos (con hidr?xido de magnesio o de aluminio), s?lo deber? administrarse 1 o 2hs despu?s de la ingesti?n de aqu?llos.

Contraindicaciones.
Pacientes con hipersensibilidad a la droga y otras quinolonas. Embarazo. Lactancia. Ni?os.

5. Armas Biol?gicas

La historia de las armas de la humanidad, que probablemente se inici? con el hacha de s?lex, no termin? con el descubrimiento de la bomba at?mica y la puesta en escena de los misiles intercontinentales. Gracias a la ingenier?a gen?tica, en los laboratorios militares secretos se cuece hoy una nueva generaci?n de armas biol?gicas que puede superar las fantas?as de todos los genios de la ciencia ficci?n.
Ya en la antig?edad, los militares estuvieron fascinados por el poder de las armas biol?gicas. En la ?poca cl?sica y durante la dominaci?n romana, los ej?rcitos ten?an especialistas en envenenar las fuentes de agua potable de las que se abastec?an las ciudades, e incluso en algunas ocasiones se llegaron a introducir en ciudades asediadas vasijas conteniendo humores de enfermos de c?lera, peste o lepra, con la esperanza de que la epidemia acabase con las fuerzas de los defensores. Este procedimiento militar volvi? a ponerse de moda durante los siglos XVIII y XIX, en que los colonos europeos aniquilaron a poblaciones enteras de nativos de los otros continentes, de forma voluntaria o involuntaria, al introducir la s?filis, la gripe, la viruela o el tifus, armas m?s efectivas que el acero o la p?lvora.
Tras el uso intensivo de las armas qu?micas durante la Primera Guerra Mundial, durante la Segunda tambi?n se hicieron algunos intentos de emplear armas biol?gicas. Se sabe que el ej?rcito brit?nico lanz? como prueba gran cantidad de esporas del bacilo del ?ntrax sobre una peque?a isla escocesa, habitualmente desierta, llamada Gruinard. El ?xito fue tal que todav?a en 1979 los soldados del ej?rcito brit?nico ten?an que hollar el suelo de la isla con trajes protectores, a fin de evitar la peligrosa infecci?n del bazo que produce el ?ntrax y que generalmente lleva a la muerte.
Entre 1940 y 1944, los japoneses fueron mucho m?s lejos en la aplicaci?n de armas biol?gicas. Por primera vez en la historia se bombardearon, en la campa?a contra Corea y Manchuria, once ciudades chinas con bombas que conten?an material contaminado por peste y tifus. La cifra de muertos que produjeron estas armas biol?gicas entre la poblaci?n civil nunca ha sido evaluada. En campos de concentraci?n de prisioneros de guerra, los japoneses inyectaron a tres mil prisioneros chinos, mongoles, brit?nicos, americanos y coreanos, soluciones con principios activos de diversas enfermedades epid?micas; como m?nimo unos mil prisioneros fallecieron en estos experimentos.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en los a?os 50 y 60, el Gobierno de los Estados Unidos instal? en el estado de Maryland un complejo de laboratorios militares conocido como Fuerte Detrick. En sus mejores d?as llegaron a trabajar en ?l un millar de cient?ficos dedicados a la investigaci?n de armas biol?gicas. Y en 1970 Nixon declar? que el gobierno iba a renunciar a desarrollar armas biol?gicas con fines ofensivos. Dos a?os despu?s, en abril de 1972, se firmaba simult?neamente en Londres, Mosc? y Washington el Acuerdo Internacional sobre Armas Biol?gicas, que prohib?a el desarrollo, fabricaci?n y almacenamiento de armas biol?gicas con fines b?licos. Hasta la fecha, aparte de Estados Unidos, Gran Breta?a y la ex URSS, han firmado dicho acuerdo casi 130 estados de todo el mundo. De esta forma, a principios de la pasada d?cada parec?a que la humanidad iba a verse libre de este tipo de armamento.
De hecho, los gobiernos estadounidense y sovi?tico renunciaron a seguir financiando estos proyectos porque los expertos se?alaron que, en relaci?n con las armas at?micas y qu?micas, las armas biol?gicas no eran suficientemente operativas. Dichas armas continuaban teniendo el problema, que ya sufr?an en la antig?edad, de que pod?an volverse contra los mismos agresores, lo que implicaba todo un programa de vacunas para los ej?rcitos que las empleasen; adem?s, en su manipulaci?n exist?an tambi?n graves riesgos.
La era de la ingenier?a gen?tica.
Los militares no pod?an imaginarse que solo un a?o despu?s de la firma del mencionado tratado, iba a ocurrir un acontecimiento que revalorizar?a las armas biol?gicas. En 1973, en la Universidad de Stanford en California, los bi?logos Stanley Cohen y Herbert Boyer consiguieron transferir por primera vez genes ajenos al material hereditario de determinadas bacterias.
Este gran salto sobre los mecanismos de seguridad que protegen la materia hereditaria en las especies vivientes vino a reanimar la moribunda investigaci?n en torno a las armas biol?gicas. Los microorganismos pat?genos que antes eran dif?ciles de obtener y cuyo manejo exig?a enormes precauciones pod?an desde ese momento ser dise?ados de nuevo, adapt?ndolos a las necesidades militares. Con las nuevas t?cnicas de recombinaci?n gen?tica se abr?a para los expertos militares del Pent?gono un abanico de posibilidades inimaginable dos a?os antes. Este renovado inter?s por las armas biol?gicas recombinadas por medio de la ingenier?a gen?tica se demuestra examinando las cifras del presupuesto estadounidense de los a?os 80.
Desde 1980 a 1987, el Pent?gono incrementa sus inversiones en investigaci?n y producci?n de armas biol?gicas y qu?micas en un 554% con respecto a a?os anteriores, invirtiendo nada menos que 1.440 millones de d?lares en estos proyectos. A la investigaci?n de armas biol?gicas se destinan en 1986 casi 90 millones de d?lares, mientras el n?mero de proyectos de manipulaci?n gen?tica financiados por el Ministerio de Defensa estadounidense ha pasado de 0 en 1980 a m?s de 200 en el presente a?o.
Las instalaciones de Fuerte Detrick fueron remozadas a principios de los ochenta y vuelven a acoger cient?ficos. En diversos laboratorios construidos bajo la m?xima seguridad, investigadores del USAMRIID (Instituto M?dico del Ej?rcito de los Estados Unidos para el estudio de Enfermedades Infecciosas) estudian el efecto de los virus de Lasa, ?bola o Chikungunya, o de virus de la viruela, fiebre amarilla, encefalitis equina, gripe, enfermedad de Marburg y la fiebre del Rift. De gran inter?s militar en Fuerte Detrick son tambi?n las bacterias del ?ntrax, el botulismo, la brucelosis, la peste, el tifus y las esporas de t?tanos, as? como otras veinte clases de toxinas tales como los venenos de serpientes, setas, escorpiones y algas.
Curiosamente, la investigaci?n y producci?n de armas biol?gicas a trav?s de la ingenier?a gen?tica ni tan siquiera viola las reglas del tratado internacional de prohibici?n de armas biol?gicas firmado en 1972. Seg?n tal acuerdo, se tolera la producci?n de determinadas cantidades de armas biol?gicas con fines estrictamente defensivos. Y aqu? empieza la ambivalencia del acuerdo, puesto que en ning?n otro sector militar como en el de la guerra biol?gica es tan dif?cil marcar la diferencia exacta entre qu? es ofensivo y qu? defensivo: el estado potencialmente agresor con este tipo de armas debe empezar necesariamente por elaborar toda una serie de vacunas a fin de inmunizar sus propias fuerzas; es decir, un ataque en este campo presupone prepararse antes para la defensa, crear nuevas vacunas. Mientras que la creaci?n de g?rmenes pat?genos recombinados gen?ticamente puede lograrse en algunos meses, elaborar las vacunas pertinentes -caso de que existiesen- requiere una tarea de a?os.

Los horrores de estas armas.
Una pregunta se impone: ?c?mo ser?an estas armas? ?cu?les son sus efectos?. Cient?ficos que han trabajado en proyectos militares de este tipo, como el catedr?tico de biolog?a molecular Doctor Michael Breindl, de la Universidad de San Diego, afirman lo siguiente: ?Existen planes, por ejemplo, para recombinar gen?ticamente una bacteria de la flora intestinal inofensiva, la Escherichia coli, obteniendo un arma terrible. Para empezar, a trav?s de genes de resistencia se le podr?a hacer inmune a la acci?n de los antibi?ticos; luego podr?a elevarse su resistencia contra los ?cidos intestinales a fin de asegurar su libre circulaci?n por todo el aparato digestivo, adem?s se le podr?an implantar genes de toxinas procedentes de otros organismos, como una toxina neural u otras que detuviesen la acci?n coagulante de la sangre. Finalmente, se le podr?a insertar un gen del tipo ?invasor?, que permitir?a a la bacteria penetrar desde la pared del intestino en los tejidos interiores y las c?lulas del organismo. La bacteria as? recombinada podr?a escaparse de la acci?n de defensa del organismo y verter sus toxinas directamente en los tejidos celulares?.
Lo triste de toda esta explicaci?n es que la mayor?a de los procesos de laboratorio que describe el Doctor Breindl no son ciencia ficci?n, pues ya se han conseguido realizar o son de pr?ctica corriente en el mundo de la ingenier?a gen?tica.
Por lo que se conoce actualmente, los t?cnicos estadounidenses que trabajan para el estamento militar han conseguido secuenciar y clonificar los genes de diversos venenos biol?gicos. Ya se conocen las estructuras gen?ticas del ?ntrax, el botulismo, el c?lera, la difteria, el t?tanos y la toxina del veneno de determinadas serpientes. El conocimiento de las secuencias gen?ticas significa que en cualquier momento los cient?ficos pueden producir de forma r?pida, sencilla y barata enormes cantidades de estos venenos. En el proyecto USAMRIID de Fuerte Detrick se han empezado a insertar genes del veneno de serpiente en el DNA de colibacterias de tipo E. Por supuesto que la posici?n oficial ante estos experimentos es que se realizan con fines estrictamente m?dicos, en aras de obtener nuevas vacunas. Algunos militares han llevado la iron?a hasta el extremo de afirmar que estos experimentos tambi?n se hacen pensando en la salud de los pa?ses del Tercer Mundo: ?En pa?ses donde anualmente mueren 40.000 personas por mordedura de serpiente -argumentan los generales- nuestras vacunas y nuestros experimentos sobre la toxina del veneno de cobra pueden ser de gran utilidad?.
En Fuerte Detrick tambi?n se est? trabajando en la obtenci?n sint?tica de sustancias venenosas, como por ejemplo el veneno de un hongo llamado tricoteceno, asimismo conocido como ?lluvia amarilla?, un veneno trescientas veces m?s activo que los gases qu?micos convencionales que atacan al sistema nervioso central. Se tiene adem?s conocimiento de que el Pent?gono se ha gastado 1,3 millones de d?lares en secuenciar el gen que codifica a la enzima acetilcolinesterasa. Esta enzima es fundamental para regular la acci?n de los neurotransmisores de determinadas funciones cerebrales. Seg?n informes del Instituto de Investigaci?n para la Paz de Estocolmo, estos conocimientos pueden posibilitar la producci?n de toxinas especializadas en atacar ciertos centros nerviosos. Seg?n la mayor?a de los expertos, las toxinas son las armas biol?gicas recombinadas gen?ticamente que m?s posibilidades tienen de ser empleadas en un conflicto que exigiese la aplicaci?n de este tipo de armas. Su producci?n por m?todos de ingenier?a gen?tica es f?cil y de muy bajos costos.
Aqu? tambi?n debe destacarse la gran manejabilidad de dichas armas y sus facilidades de producci?n, lo que hace que su almacenamiento sea obsoleto. Expertos europeos y norteamericanos coinciden en indicar que un Estado que desee producir armas biol?gicas recombinadas por la tecnolog?a gen?tica solo necesitar?a una instalaci?n frigor?fica con unas 200 probetas llenas de material y cultivos originales, m?s la infraestructura de un laboratorio farmac?utico convencional. El resto de las operaciones, es decir el transporte, llenar con los virus las c?maras huecas de las bombas, los aerosoles, etc., se podr?an realizar con la misma infraestructura militar existente para las armas qu?micas.
En cuanto a su aplicaci?n directa, los militares piensan que el aerosol es el mejor veh?culo para expandir las armas biol?gicas entre la poblaci?n y los ej?rcitos enemigos. El sistema de aerosol permite proyectar virus y bacterias manipulados gen?ticamente en grandes nubes hacia ?reas determinadas. Desde 1984, el ej?rcito de Estados Unidos trata de crear en Dugway (Utah) una gigantesca instalaci?n para la dispersi?n de armas biol?gicas a trav?s de aerosoles; el presupuesto se cifra en 2.300 millones de d?lares.
En lo que respecta a los efectos de estas armas sobre las personas, nos encontramos con la problem?tica de siempre cuando se valoran los resultados de la ingenier?a gen?tica: ignorancia absoluta. No obstante, es muy probable que estas armas multipliquen varias veces los horrores y el poder mort?fero que siempre han pose?do las armas biol?gicas convencionales. Sabemos, por ejemplo, que bastan unos pocos cultivos para poder infectar a una poblaci?n de millones de personas con ?ntrax, fiebre amarilla o peste, enfermedades de alta mortalidad; sin embargo, la mayor?a de estas enfermedades epid?micas son bien conocidas, por lo que el estado agredido podr?a, dentro de ciertos l?mites, organizar actividades terap?uticas contra la epidemia. Eso ser?a casi imposible si los virus y bacterias agresores se hallan recombinados gen?ticamente, ya que la experiencia de la medicina oficial con esos seres manipulados es nula.

Otros riesgos de las armas biol?gicas.

Por supuesto que los militares y pol?ticos afirman que dichas armas jam?s se emplear?n con fines ofensivos y que se investigan y producen para mantener la paz. Pero independientemente del cinismo -consciente o inconsciente- que implican estas afirmaciones, la mera investigaci?n en esta ?rea puede implicar graves riesgos para la poblaci?n que habite en las cercan?as de los laboratorios y el transporte de las armas puede comportar graves riesgos.
Sobre este tema existe un desgraciado precedente que sucedi? en la ciudad de Birmingham. El catedr?tico de virolog?a de la Universidad de Birmingham, Henry Bedson, ten?a instalado un laboratorio semiprivado en el primer piso de una antigua edificaci?n en donde tambi?n exist?an otras instalaciones pertenecientes a la Universidad. En 1978 se hallaba trabajando ?l con otros asistentes en su laboratorio con cultivos del virus de la viruela. A las pocas semanas de haber manipulado los virus, se dio sorprendentemente en la misma ciudad un caso grave de viruela en una chica joven: Janet Parker. Casualmente, la muchacha fue internada en el hospital donde trabajaba el profesor Bedson y a ?ste se le hel? la sangre cuando supo que Janet trabajaba como fot?grafa para el Instituto Anat?mico de la Facultad de Medicina de la ciudad, ya que el Instituto se hallaba precisamente sobre su laboratorio. El 11 de septiembre de 1978 mor?a Janet Parker v?ctima de la viruela, pero un par de d?as antes el Doctor Bedson se hab?a suicidado seccion?ndose la garganta con unas tijeras de c?sped. T?cnicos de la Universidad que semanas despu?s reconstruyeron el contagio de Janet Parker, llegaron a la conclusi?n de que los virus hab?an subido al piso superior a trav?s de un respiradero de reducidas dimensiones, adyacente a la habitaci?n donde trabajaba Janet. Tambi?n indicaron que el laboratorio del Doctor Bedson no cumpl?a al cien por cien las l?neas de seguridad marcadas por la OMS.
El caso Parker-Bedson es una muestra de los riesgos potenciales para la poblaci?n que conlleva la investigaci?n con microorganismos; en especial en Europa, donde en varios pa?ses los Ministerios de Defensa han encargado proyectos de investigaci?n de ingenier?a gen?tica a laboratorios y equipos investigadores pertenecientes a las Universidades. Aunque en los laboratorios en donde se realiza manipulaci?n gen?tica de microorganismos, las medidas de seguridad se rigen por las directrices de Asilomar que son mucho m?s estrictas que las de los laboratorios convencionales (el contar con circuitos de reciclado de agua y aire propios y de compuertas de descontaminaci?n en sus comunicaciones en el exterior), en los ?ltimos a?os la mayor?a de los laboratorios, tanto privados como estatales, en donde se practica la ingenier?a gen?tica han empezado a apartarse de estas severas reglas. En la actualidad se llevan a cabo en empresas multinacionales numerosos experimentos de manipulaci?n gen?tica en laboratorios semiconvencionales. En cuanto a los riesgos del transporte o de un sabotaje mencionaremos brevemente que en septiembre de 1981 desaparecieron de Fuerte Detrick 2,3 litros del virus Chikungunya, cantidad suficiente para infectar a toda la humanidad con fiebres tropicales. Hasta hoy el Pent?gono no ha podido averiguar d?nde fue a parar tan peligrosa arma.

El futuro de las armas biol?gicas.
Como acabamos de comprobar, las t?cnicas de ingenier?a gen?tica no solo est?n al servicio de fines altruistas, de car?cter m?dico o econ?mico-social, sino que al mismo tiempo se emplean con fines totalmente militares, pues no en vano se trata de una tecnolog?a capaz de aniquilar a millones de seres humanos en un corto espacio de tiempo. La posibilidad -atractiva para los militares- de crear un germen que act?e solo contra determinadas poblaciones, poseyendo al mismo tiempo una vacuna que haga inmune al agresor a sus efectos se est? convirtiendo en realidad en la era de la ingenier?a gen?tica.
Existe un interesante paralelismo entre las armas biol?gicas recombinadas gen?ticamente y la energ?a nuclear en cuanto a fines b?licos se refiere. Ambas armas tienen un efecto aniquilador parecido, pues, en algunos casos las armas biol?gicas pueden tener un radio de acci?n letal todav?a m?s amplio que las radiaciones ionizantes de origen nuclear, tanto las armas at?micas como las biol?gicas ?contaminan? durante decenios los territorios donde son aplicadas, y ambos sistemas conllevan un alto riesgo de manipulaci?n y de producci?n. Sin embargo, en algunos aspectos las armas biol?gicas pueden ser para los militares y pol?ticos m?s atractivas que las at?micas: no destruyen la infraestructura del pa?s conquistado, solo -al estilo de la bomba de neutrones- aniquilan a la poblaci?n humana; y si adem?s el pa?s agresor se halla en posesi?n de una vacuna efectiva contra la epidemia, su poblaci?n y su ej?rcito pueden ocupar sin grandes problemas el territorio conquistado a pesar de la contaminaci?n biol?gica. Por todas estas razones creemos que en los pr?ximos decenios proliferar?n los proyectos y centros dedicados a la investigaci?n de armas biol?gicas en todo el mundo.



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cortesia de miarroba.com






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