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Mi?rcoles, 04 de enero de 2006
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Conocemos con el nombre de Peste Negra, a la gran epidemia que desde 1347 a 1350 azot? a casi todo el continente europeo. A juzgar por la inflamaci?n de los ganglios linf?ticos que produc?a, se trat? de una epidemia de Peste Bub?nica. Para algunos tratadistas antiguos existieron desde el punto de vista m?dico otras variantes: La peste septic?mica, que dejaba sentir sus efectos sobre la sangre, y la neum?nica, que produc?a inflamaci?n pulmonar. Si bien era posible que en algunas ocasiones el enfermo se recuperase de la primera, las otras resultaban casi siempre mortales.

En muchos sitios el ?nimo de penitencia fue llevado al extremo. El movimiento flagelador creci? en popularidad: los hombres, con los torsos desnudos, se fustigaban con l?tigos en se?al evidente de humildad frente al juicio divino. Debido a que el movimiento gan? adeptos y como funcionaba al margen de la iglesia establecida fue desautorizado por el papado. En respuesta a esta corriente de algunos coet?neos, enfrentados a esta enfermedad impredecible e indiscriminada, donde los virtuosos no eran m?s inmunes a la muerte repentina que los imp?os, fue vivir la vida, o lo que quedaba de ella, al l?mite. El Decamer?n de Boccaccio es una demostraci?n, en forma de serie de historias contadas por supervivientes exilados de la peste en Florencia, cuyos brillantes e imp?dicos contenidos son un ant?doto al miedo a la muerte inminente. Para aquellos que buscaban una explicaci?n f?cil de la expansi?n de la enfermedad, los culpables eran los habituales proscritos de la sociedad. En muchas zonas, los mendigos y pobres fueron acusados de contaminar al pueblo llano. En aquellas partes de Europa donde los jud?os eran tolerados la violencia popular se volvi? contra ellos. En diversas zonas del Sacro Imperio Romano Germ?nico y algunas ciudades suizas hubo masacres de jud?os, acusados de envenenar los pozos, crimen que muchos confesaron bajo tortura. En una primera forma de guerra bacteriol?gica, ej?rcitos de apestados intentaban capturar las fortalezas enemigas catapultando los cad?veres dentro de la ciudadelas para infectar a los sitiados.

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Todo induce a pensar que la epidemia proven?a de Asia, probablemente de la India, y que lleg? a Europa como consecuencia de los contactos comerciales que las grandes potencias mercantiles de Italia sosten?an con el pr?ximo oriente. Hay quien afirma que fue la tripulaci?n de un nav?o genov?s, la que habi?ndose contagiado en Kaffa (Crimea), introdujo la enfermedad en el occidente europeo. Desde Italia, la peste alcanz? en 1348 la Provenza, el Languedoc, La Corone de Arag?n, Castilla, Francia y el centro de Europa. En los a?os siguientes (1349 1350), se extendi? por Inglaterra, el norte de Europa y Escandinavia. S?lo regiones muy concretas pudieron escaparse total o parcialmente a sus devastadores efectos: Los Pa?ses Bajos, el B?arn, Franconia, Bohemia, y Hungr?a.

El descenso demogr?fico fue en algunas zonas realmente terror?fico. En China y en la India por ejemplo, la peste produjo entre los enfermos que la contrajeron una mortandad que iba del 60 al 90%, los ?ndices de la pulmonar fueron pr?cticamente del 100%, de ah? que los cronistas de la ?poca nos hablen de que desapereci? una cuarta parte, la mitad, o incluso nueve decimas partes de la poblaci?n.

Hoy por hoy, si bien todos los historiadores aceptan que la peste negra tuvo consecuencias a todas luces evidentes, no existe, sin embargo, unanimidad en el momento de se?alar su importancia como forjadora de la profunda crisis econ?mica y social que padeci? Occidente a finales de la Edad Media. Es decir, si bien ciertos autores han cre?do ver en la peste el acontecimiento que mejor explica dicha crisis, otros, por el contrario, han reaccionado contra esta teor?a que podr?amos calificar de catastr?fica.

Sin embargo estudios recientes ponen de manifiesto que las consecuencias mas importantes de la gran crisis agraria, (abandono de las granjas, disminuci?n de las rentas agrarias, ca?da de los precios agr?colas,) generales en toda Europa fueron el resultado de la peste. En Alemania, fue la peste la que ocasion? que en algunos lugares entre 1348 y 1352, el 66% de las explotaciones agr?colas hubiesen perdido a sus antiguos due?os y que solo el 17% mantuviesen el mismo. Esta fuera de toda duda que solo la peste de 1348 1349 ha podido provocar tales cambios. Sin embargo, junto a los efectos directos de la epidemia, hay que valorar los indirectos. El abandono de las explotaciones agrarias afect? primordialmente a aquellas que se encontraban aisladas o en las monta?as. Si tenemos en cuenta que no es posible acusar a la peste de haber dejado sentir sus peores zarpazos en regiones apartadas, habr? que admitir que fueron las migraciones hacia el valle y hacia las tierras mejores, despobladas debido a la peste, las que provocaron la despoblaci?n de extensas zonas monta?osas.

El hecho de que en Rusia, la peste negra hubiese ido precedida de diversas cat?strofes (heladas, graves epidemias, sequ?as e inundaciones) har?a que sus consecuencias se dejaran sentir con una virulencia excepcional.

Se pensaba entonces que los monjes mendicantes, los peregrinos, los soldados que regresaban a sus casas eran el veh?culo para la introducci?n de las grandes epidemias de un pa?s a otro. Esto pudo ser en parte cierto, pero sin duda el comercio fue m?s peligroso ya que los barcos llegaban a puerto y descargaban junto con las mercanc?as las ratas infectadas procedentes de pa?ses donde la enfermedad era end?mica. Este fue sin duda el medio mayor de difusi?n.

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Un dato al respecto es que desde 1300 hasta 1528, la poblaci?n de Hungr?a pas? de dos millones de habitantes a mas de tres y medio. Ello se debi? a que la peste no fue precedida por el hambre, a que el pa?s no ten?a puertos mar?timos (lo que hacia mas dif?cil el contagio), y a que la poblaci?n H?ngara perteneciese al tipo de sangre "B" que es mas resistente que el "A".

A mediados de 1348, la peste Negra amenaz? el reino de Castilla, donde, a consecuencia del contagio falleci? el propio monarca Alfonso XI cuando se hallaba sitiando la plaza de Gibraltar.

Para hacer frente a los efectos devastadores en la econom?a y el orden social de la Peste en el reino de Castilla, Pedro I reuni? cortes en Valladolid en el a?o de 1351, una de las consecuencias del retroceso demogr?fico fue como es natural, el aumento de los precios y las reivindicaciones salariales de los campesinos y menestrales. Ello oblig? a la monarqu?a, en las referidas cortes, a fijar el precio de los jornales de los trabajadores del campo y los salarios de los menesterales.

Todo ello provoc? la disminuci?n de las rentas se?oriales y la petici?n al monarca de excenciones tributarias. En un sentido paralelo, la disminuci?n de ingresos impidi? a amplios sectores de la burgues?a urbana hacer frente a los prestamos que deb?an de integrar a los prestamistas jud?os.

En Navarra, el descenso demogr?fico provocado por las pestes de 1348 y 1362 fue de 78%. Esta ca?da vertiginosa se agrav? como consecuencia de los brotes epid?micos que se produjeron tambi?n en 1381, 1383, 1384, 1386, 1411, etc. y de las guerras con Castilla en el siglo XV.

En Portugal, el retroceso demogr?fico, hizo que los campesinos se dirigiesen en masa a la ciudad, atra?dos por los puestos de trabajo que hab?an quedado libres, lo cual provoc? en el campo una grave crisis de mano de obra y un total descalabro demogr?fico de las zonas rurales. La peste negra marca el fin de la ?poca agraria, y el comienzo del predominio de la ciudad; por otra parte, toma un extraordinario incremento el proceso de liberaci?n del trabajador rural.

Las graves consecuencias de la epidemia fueron: despoblamiento, que debilita la defensa de los territorios de la Corona; defunci?n de relevantes personalidades de la vida pol?tica; disminuci?n de las rentas p?blicas; fallecimiento de notarios, juristas, religiosos, y m?dicos; es decir hombres que por su profesi?n manten?an estrecho contacto con los enfermos; ocupaci?n ilegal de bienes que han quedado sin propietario; saqueo de fincas deshabitadas; abandono de las labores del campo y de albergues y tierras sin herederos; casas abandonadas que amenazan ruina; regulaci?n de salarios; matanza de Jud?os, a los que se acus? de haber provocado las epidemias, y disposiciones legales para protegerlos; acusaciones por motivos semejantes contra peregrinos; concesiones de dispensas para contraer nuevas nupcias, existencia de numerosas entidades de poblaci?n desocupadas; arriendos de mansos con una notable reducci?n de censos, concesiones de privilegios con la finalidad de atraer repobladores, legislaci?n severa para obligar a concluir los contratos laborales establecidos con anterioridad a la peste y resistencia se?orial al traslado de la poblaci?n.

La despoblaci?n fue mucho peor en el campo que en la ciudad, y sobre todo en las zonas monta?osas. El ?xodo hacia las grandes ciudades permiti? a estas compensar las enormes p?rdidas de poblaci?n provocadas por una mayor facilidad en el contagio. Aunque es muy dif?cil establecer ?ndices convincentes para cifrar la disminuci?n demogr?fica, algunos estudios monogr?ficos como el llevado a cabo para la plana de Vich por Antoni Pladevall, permiten constatar que en algunas comarcas catalanas la mortandad fue de casi dos tercios de la poblaci?n.

En s?ntesis, pues, la peste negra de 1347 1351, constituye una de las mayores cat?strofes demogr?fica que registra la historia de la humanidad. Contribuy? de manera poderosa a desencadenar o agravar, la crisis econ?mica y social que vivi? Europa desde mediados del siglo XIV hasta fines de la centuria siguiente; y en algunas zonas como Catalu?a configur? la estructura de las sociedades agrarias que con pocas alteraciones perdurara hasta tiempos muy recientes.

Entre 1646 y 1665 la muerte negra amenaza de nuevo. La tragedia se propaga nuevamente por toda Europa. Esta afecci?n que hab?a tenido su primer brote en 1347, era ya conocida en todo el mundo como la peste o (muerte) negra, debido a las manchas pardas y negras que aparec?an a consecuencia de las hemorragias subcut?neas. La medicina de la edad media hab?a fracasado contra esta enfermedad. En Montpellier, la mayor?a de los m?dicos murieron a causa de ella. Sin embrago, en los numerosos textos que se publicaban hablando de la epidemia, se daban tambi?n consejos ?tiles para combatirla. La experiencia con la plaga desencaden? discusiones acerca de la dispersi?n de las enfermedades. Frente a la teor?a imperante hasta entonces de que la peste se transmit?a por la descomposici?n de ciertas sustancias (miasmas) en el aire y en la materia, cada vez adquir?a mayor numero de partidarios la tesis de la transmisi?n por agentes pat?genos especiales. Las medidas preventivas y terap?uticas, como el empleo de fuego, el ahumado, la sangr?a o las dietas, se demostraron ineficaces. Las ciudades intentaban proteger con medidas de pol?tica sanitaria, como las cuarentenas a los barcos ya no en los puertos, sino mar adentro.

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Se especul? mucho sobre la causa del los brote. Al principio la peste negra era entendida como un castigo de Dios por los pecados de la humanidad, pero con el paso de tiempo se fueron buscando causas m?s terrenales. Algunos cre?an que era responsable la corrupci?n del aire, con un invisible pero mortal miasma procedente del suelo y apuntaban que los recientes terremotos hab?an liberado vapores insalubres desde las grandes profundidades. Pero las pestilencias eran comunes en la vida medieval y renacentista y las viviendas humildes totalmente insalubres. Los mataderos de los carniceros y las zanjas de desag?e que siempre preocupaban a las autoridades eran muy impopulares cuando amenazaba la peste. Los cuerpos en descomposici?n de las v?ctimas as? como sus pertenencias y vestimentas eran temidos en especial. En las ?reas urbanas pudientes, los magistrados desarrollaron formas de enfrentarse con la enfermedad, a pesar de la falta de conocimiento sobre sus verdaderas causas. Al igual que las normas para mejorar la higiene y el saneamiento, se ordenaron restricciones del movimiento de la gente y de las mercanc?as, el aislamiento de los infectados, o su retirada a hospitales perif?ricos (casas de apestados), enterramientos comunes (foso de pestosos) de las v?ctimas en cementerios extramuros sobrecargados y la quema de sus vestimentas. Como se cre?a que el aire infectado era nocivo, se utilizaban remedios populares como ramilletes de aromas dulces y la quema de especias e inciensos en los interiores. Ya avanzada la edad moderna, tras la introducci?n de las hierbas procedentes de las indias ex?ticas del Nuevo Mundo, se pens? que el consumo de tabaco era efectivo.

Los m?dicos que afrontaban las epidemias de peste adoptaron en esta ?poca vestidos especiales para protegerse del contagio. Llevaban ropas largas y se cubr?an completamente la cabeza. En la nariz se colocaban una especia de pico de ave rellena de algodones empapados en substancias arom?ticas para evitar el supuesto contagio por inhalaci?n.

En Espa?a el nuevo brote comenz? en los puertos de Andaluc?a, atac? gravemente a Valencia ocasionando cerca de 30.000 muertos, por lo que el Conde de Oropesa mand? formar "un cord?n impenetrable". En Barcelona se instalaron horcas en las mismas puertas. Y en Sevilla murieron m?s de 200.000 personas, quedando practicamente despoblada.

En 1665, en Londres, se produce la ultima epidemia debastadora. La epidemia llega a Mesina con las ratas, que son las transmisoras de la peste. En pocos d?as enferman los habitantes de la ciudad y de sus alrededores. A los seis meses, la mitad de la poblaci?n ha muerto o ha huido para escapar del temible azote.



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cortesia de miarroba.com






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