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Domingo, 05 de febrero de 2006
En los ?ltimos tiempos han surgido numerosas reflexiones, estudios e informaciones, sobre el Africa negra. Parece como si existiera un acuerdo t?cito para poner de moda a la negritud. Tal vez se trate, por otro lado, de hacer justicia, puesto que hasta ?pocas muy recientes apenas se hab?a hablado de Africa, ya fuera por la dejadez de muchos investigadores, o porque apenas se sab?a gran cosa de su historia y su cultura.
Sin embargo, en la actualidad, muchos historiadores y etn?logos nos hablan de Africa con verdadera pasi?n. Explican que para la mejor comprensi?n del mundo negro se hace necesario conocer sus aspectos geogr?ficos y f?sicos, puesto que ambos inciden sustancialmente sobre lo hist?rico, y lo determinan.
Y as?, interpretan el mundo africano de forma minuciosa y desde una perspectiva nueva hasta entonces -aunque acaso sus estudios y reflexiones puedan conducirles a una especie de determinismo geogr?fico-, e in?dita, puesto que se concede prioridad al estudio, por ejemplo, de datos clim?ticos, orogr?ficos e hidrogr?ficos sobre consideraciones de tipo hist?rico. Todo lo cual conduce a la consideraci?n del continente negro como un espacio cerrado, en el que sus pobladores rechazar?an cualquier amago de influencia ajena a ellos; con lo que se hallar?an abocados a cierta clase de impenetrable ostracismo ?tnico. No obstante, los distintos pueblos, y tribus, que se encontraban desperdigados por el territorio africano, ciertamente que ten?an limitado su espacio por una especie de muro de arena que se?alaba, de forma expeditiva, la frontera norte del Africa negra: se trataba del hoy c?lebre desierto del S?hara.

FRONTERAS DE ARENA

Pero, esto, no siempre fue as?, puesto que esa franja des?rtica denominada "desierto del S?hara", anta?o era un verdadero vergel, pleno de abundante vegetaci?n, con ?rboles y prados, y feraces llanuras y colinas. Mas ello sucedi? hace ya seis mil a?os, cuando ya en otras zonas de Africa los primeros hom?nidos hab?an dejado grabados -en las paredes rocosas de las cuevas que usaban para guarecerse- signos m?nimos cargados de simbolismo emblem?tico; y pinturas esquem?ticas, cuyo valor como documento social, pol?tico, ritual y est?tico es incalculable.
Esa especie de jard?n natural, que fue el actual desierto del S?hara, qued? agostado por una gran sequ?a que tuvo su origen cuatro milenios antes de nuestra era. La gran desecaci?n perdur? por espacio de casi dos mil a?os, y las consecuencias directas de sus efectos est?n ah?, en esa enorme franja desierta que se extiende de occidente a oriente en la zona norte del continente africano y que, seg?n algunos historiadores, constituye el l?mite que la propia naturaleza ha impuesto al mundo negro.
Ya en tiempos de las glaciaciones, a finales del per?odo terciario -hace aproximadamente seiscientos mil a?os-, el territorio africano hab?a sido lugar de residencia de los primeros hom?nidos. En algunas partes de su zona sur se han hallado, junto a ?tiles de piedras sin labrar y cantos rodados o eolitos, restos humanos de gran antig?edad. Tambi?n se han conseguido datos y pruebas que han permitido, a los especialistas e investigadores, afirmar que aquellos primeros hom?nidos conoc?an el fuego. Esas zonas africanas est?n consideradas, en la actualidad, como centros de importantes hallazgos prehist?ricos.

UNA NUEVA TIERRA

Los pobladores de las zonas des?rticas se extendieron, y emigraron, hacia el norte, el sur y el este. En su af?n por buscar una nueva tierra en la que echar ra?ces, por as? decirlo, se toparon con otras tribus que, desde ?pocas remotas, habitaban en las zonas tropicales del continente africano.
Ante la ausencia de pruebas fidedignas para catalogar con exactitud los distintos pueblos que se hallaban diseminados por tierras africanas, se han adelantado hip?tesis que afirman que existieron tribus primitivas "paleo-negr?ticas" que practicaban la caza y conoc?an t?cnicas rudimentarias para trabajar la tierra; especialmente se esforzaban en lograr que le terreno pobre y yermo de zonas extremas y monta?osas llegara a ser f?rtil y feraz. Para ello, contaban con el conocimiento del cultivo intensivo, mediante el que consegu?an, adem?s del total abastecimiento de todo tipo de productos hort?colas, algo m?s importante, a saber, la cohesi?n social necesaria para hacer posible el auge poblacional y, por ende, el asentamiento definitivo en una determinada zona; de este modo llegar?an a la formaci?n de n?cleos o grupos sociales con una densidad de casi cincuenta habitantes por kil?metro cuadrado.

PUEBLOS Y CULTURAS

Algunos de estos grupos poblacionales ocuparon la regi?n norte del territorio africano, lugar cercano a la ribera oriental del Nilo; tal es el caso de la tribu de los dogones, que se caracterizaba porque entre sus miembros y el propio entorno geogr?fico se estableci? un v?nculo tribal dif?cil de romper.
Tambi?n, el grupo de los basari es otro de los denominados "pueblos desnudos" de Africa, los cuales se hallaban desperdigados por diferentes zonas. Su antig?edad se remonta a cerca de seis mil a?os y terminaron asent?ndose en Guinea. En la Costa de Marfil se establecieron los "lobis". Los "sombas" ocuparon la regi?n de Togo. Y las tierras de Nigeria se vieron pobladas por tribus de "angus" y "fabis". Todos los grupos enumerados fueron conformando las grandes zonas ?tnicas de Africa.
Mas tambi?n en los territorios des?rticos y en las zonas ecuatoriales se fueron asentando poblaciones de raigambre ?tnico como los "mandinga" y los "bambara". Tambi?n los "yoruba", en uni?n de los "hausa" y los "ibos", se ir?an asentando por la zona de Nigeria hasta constituirse en la masa de poblaci?n m?s rica de todo el continente africano.
Seg?n todos los investigadores, las distintas tribus se?aladas manten?an entre s? una clara diferenciaci?n social, y otro tanto suced?a en el terreno pol?tico o religioso. La autonom?a estaba garantizada, lo mismo que las costumbres milenarias de cada tribu y su idiosincrasia propia. La variedad de creencias, de historia, de leyendas y de mitos, que confluyen en las poblaciones rese?adas, hace que el continente africano se muestre atractivo e interesante en grado sumo. Si a todo ello se a?ade que fue en Nubia -territorio situado en el f?rtil, y maravilloso, valle del Nilo- en donde tuvo su origen una de las primeras civilizaciones del continente africano, que recibi? precisamente el nombre de civilizaci?n de los nubios -en la actualidad casi toda la zona es territorio sudan?s-, la cual proven?a probablemente de Asia, puesto que el color de su piel era muy similar al de los pobladores de ese continente y, durante un milenio, mantuvo todo su esplendor.

EL SUR

La regi?n situada m?s al sur del lugar de asentamiento de los egipcios era denominada por ?stos con el nombre de "Kus" ; los nativos de esta zona ten?an la pigmentaci?n de su piel m?s oscura que los del norte, eran de raza negra. Hab?an establecido la capital de toda la regi?n en una zona muy pr?xima a un enorme recoveco del r?o Nilo y, en su subsuelo, se hallaban las m?s fabulosas reservas de oro de todos los tiempos.
Esta capital recibi? el nombre de Napata y tuvo dirigentes que la hicieron crecer en demas?a, hasta el punto de que Egipto mismo fue sometido. Los m?rgenes del Nilo tambi?n fueron conquistados por los reyes de Napata. En aquel tiempo -hace casi tres mil a?os- toda la extensa ribera de ambos lados del Nilo estaba formada por valles y pastizales siempre f?rtiles; actualmente hay grandes zonas yermas y terrenos eriales.
La riqueza de la poblaci?n de la zona del Kus -los "kusitas"- se vio incrementada por el descubrimiento, en el subsuelo m?s pr?ximo a la ciudad de Napata, de gran cantidad de mineral de hierro. A todo ello habr? que a?adir, adem?s, las productivas transacciones de marfil que los pueblos lim?trofes les suministraban.
Pero, este gran imperio "kusita" se hallaba sometido a la rapi?a y al hurto de numerosas tribus n?madas. Ya desde el siglo III, antes de nuestra era, los ladrones esquilmaban las caravanas "kusitas" que transportaban oro y marfil por las rutas comerciales abiertas al efecto.
El resultado final es que el emperador del poderoso reino de "Axum", situado m?s al sur, en las cercan?as de la meseta de Etiop?a, someter? a todas las poblaciones del "Kus" y se apropiar? de sus ricas minas de hierro y oro.

ARTESANOS Y HERREROS

Todo lo antedicho ha servido para que algunos investigadores expresen, con contundencia, sus tesis favorables a la m?s que probable influencia de las grandes civilizaciones norte africanas sobre las culturas desarrolladas en el mundo negro, y sobre su estructura social. Algunos hallazgos relevantes vienen a avalar la tesis expuesta. Por ejemplo, se han encontrado perlas de cristal egipcio en ?reas del territorio de Gab?n, y tambi?n peque?as representaciones y efigies del dios Osiris en zonas situadas al sur del r?o Zumbeze y en los territorios del oriente del Congo. Tal vez no suponga todo ello una prueba concluyente de la incidencia de la civilizaci?n egipcia en el mundo negro pero, sin embargo, s? que se abren expectativas por mor de las cuales puede afirmarse que en el campo art?stico y t?cnico existi? cierta relaci?n; el caso m?s claro es la utilizaci?n, por ambos pueblos, de la t?cnica de la fundici?n con cera. No obstante, ya desde el a?o 3000 (a. C.), las tribus de la zona del N?ger, por ejemplo, conoc?an la metalurgia del hierro y, desde ?pocas muy remotas, ya hab?an formado una especie de gremios, o sociedades, de herreros, que se constitu?an en castas y trabajaban el esta?o y la metalurgia del hierro.

ZONAS DE REFUGIO

Dos grupos ?tnicos, firmes exponentes de la negritud, se hace necesario destacar: los bant? y los negros sudaneses.
A pesar de ciertas diferencias, m?s bien debidas a determinados avatares hist?ricos que a la voluntad de los protagonistas, ambas etnias mantienen su unidad cultural y ling??stica. La raza bant? es originaria de los grandes lagos africanos y no se ha visto mezclada con otros grupos, tales como los ber?beres islamizados, moros, o cualesquiera otros pueblos de raigambre isl?mico-semita.
Los bant?es se reg?an por monarcas que pretend?an, en todos los casos, lograr la paz para su pueblo. Se les denominaba "kakabas" y la relaci?n con el resto de la poblaci?n, o con otros territorios circundantes, no se hac?a directamente, sino que utilizaban tambores para comunicarse. Tambi?n, seg?n las proporciones del sonido, o las variaciones del ritmo de los tambores, se pod?a deducir el poder de los reyes bant?es. Los tambores -algunos ten?an hasta dos metros de radio- se depositaban en el interior de lugares sagrados y templos. Quienes los custodiaban y se encargaban de hacerlos sonar formaban una casta privilegiada y eran muy considerados por las tribus y reinos de los grandes lagos. Actualmente, los bant?es se hallan asentados en la isla de Madagascar y, en opini?n de etn?logos y ge?grafos, deben considerarse "fuera del continente negro". Se considera a los pigmeos como descendientes de los primeros pobladores del continente africano. Permanecen en las "zonas de refugio, constituidas por extensas tierras selv?ticas, donde el agua de lluvia se mantiene en el mismo lugar sobre el que ha ca?do para, as?, formar una inmensa selva virgen, una selva-esponja, saturada de agua, con los macizos espesos de ?rboles gigantes, con el monte embrollado, oscuro y silencioso, resistente a cualquier roturaci?n, hostil al establecimiento humano e, incluso,a la circulaci?n, salvo la que se hace por los r?os; regi?n de vida precaria, aislada, basada en la pesca y en la caza".

FUERZAS PODEROSAS

Recientes excavaciones han dejado al descubierto figuras de terracota -como las halladas en la zona de Nok (Nigeria)- cuya antig?edad se remonta a casi dos mil quinientos a?os. Algunas de estas estatuas est?n realizadas de tal modo que la cabeza es mucho mayor que el cuerpo; semejante desproporci?n era una caracter?stica de los artistas africanos y con ello quer?an dar a entender que no s?lo representaban seres humanos sino que tambi?n su arte pretend?a llamar la atenci?n sobre cierta clase de significaci?n simb?lica, alejada de todo naturalismo.
En este sentido, el hallazgo de las denominadas "figuras de Jano" -llamadas as? porque recuerdan a la deidad romana Jano, que aparec?a representada con dos cabezas contrapuestas, puesto que personificaba la vigilancia y la custodia-, llevado a cabo en el valle de Taruga, es un claro ejemplo pleno de connotaciones m?ticas y emblem?ticas. Adem?s, algunas de las estatuas encontradas en la aldea de Nok representan, y simbolizan, a las fuerzas sobrenaturales y poderosas que aparec?an relacionadas con la producci?n de alimentos y la satisfacci?n de las primeras necesidades.
Otros hallazgos, en los que aparec?an hasta media docena de cabezas, de terracota, se han relacionado con la existencia de santuarios, templos o lugares de culto y rito, en los bosques considerados, por lo mismo, como sagrados.
Se afirma, adem?s, que "la t?cnica de la fundici?n guarda cierta relaci?n m?tica y ritual con las figuras de terracota de los hornos del valle de Taruga".
Otro tanto acaece con el arte estatuario de Benin, que alcanz? su plenitud entre los siglos XI y XV de nuestra era. "En tal sentido las figuras de animales, como el leopardo, simbolizan el poder de sus reyes que, a veces, portaban m?scaras realizadas en marfil, las cuales llevaban incrustadas, a su vez, peque?as figurillas de los colonizadores europeos con el objeto de apropiarse de su saber y su inteligencia y, de este modo, no ser dominados por ellos".

SAGRADA NATURALEZA

Los pueblos africanos ten?an hacia los fen?menos naturales, hacia el Sol, la Luna,las estrellas, hacia las monta?as, los r?os, mares y ?rboles, cierto respeto sacro. Todo estaba personificado y vivo -asimismo-; y, por doquier, surg?an ?dolos, fetiches, talismanes, brujos, hechiceros y magos.
El primitivismo de las leyendas de los pueblos de Africa meridional entronca con una especie de animismo, que les hace adorar a los ?rboles porque pensaban que, en un tiempo muy lejano, fueron sus antepasados. Lo mismo suced?a con los animales; con el a?adido, adem?s, de que se les asociaba con cierta clase de esoterismo que conduc?a a la creencia de que los muertos se aparec?an a los vivos, precisamente, en forma de animales. El culto a los muertos se hallaba muy extendido, y se consideraba obligatorio hacerles ofrendas. De este modo, la muerte que siempre era tab? -es decir, algo que no deb?a ni mencionarse ni mentarse pues, de lo contrario, podr?an sobrevenir terribles castigos a los infractores de tales preceptos-, adquir?a una importancia capital entre los componentes de una determinada tribu y su modo de comportarse. Cuando alguien mor?a, todos los dem?s abandonaban el lugar de marras, para que la desgracia no les alcanzara como al finado. Son muy frecuentes, por lo dem?s, las leyendas sobre la muerte, y existen varios mitos, acerca del origen de tan tremendo mal, en algunas tribus africanas de la zona que estamos describiendo.
En el valle del r?o N?ger, el fetichismo se halla muy extendido y, de entre sus pobladores, surgen muchos magos y hechiceros que son los encargados de dirigir el culto al ?dolo y de ofrecerle los distintos sacrificios; tambi?n tienen el don de predecir el futuro y de pronunciar or?culos.

MITO DE LA CREACION

Muchos pueblos africanos cuentan, tambi?n, con numerosas leyendas para explicar el origen de la especie y, al propio tiempo, han elaborado curiosos mitos sobre la creaci?n del primer hombre y de la primera mujer. La narraci?n de los hechos aparece repleta de inventiva y fantas?a:
Hubo un tiempo en que el ser superior Muluk? -en las poblaciones centroafricanas, a la deidad suprema se la conoc?a con el nombre de Woka- se propuso hacer brotar, de la tierra misma, a la primera pareja de la que todos descendemos. Muluk?, que dominaba el oficio de la siembra o, por mejor decir, era el sembrador por excelencia, hizo dos agujeros en el suelo. De uno surgi? una mujer, del otro surgi? un hombre. Ambos gozaban de la simpat?a y el cari?o de su hacedor y, por lo mismo, decidi? ense?arles todo lo relativo a la tierra y su cultivo. Les provey?, adem?s, de herramientas para cavar y mullir el suelo y para cortar, o podar, ?rboles secos, y para clavar estacas. Puso en sus manos semillas de mijo para sembrar en la tierra y, en fin, les mostr? la manera de vivir por s? mismos, sin dependencia alguna de cualesquiera otras criaturas.
Sin embargo, cuenta la leyenda que la primera pareja de nuestra especie desatendi? todos los consejos que la deidad les hab?a dado y que, por lo mismo, abandonaron las tierras, las cuales terminaron convirti?ndose en eriales y campos yermos. Y, as?, la primera pareja consum? su desobediencia, con lo que su hacedor los trastoc? en monos. El mito -o, por mejor decir, la f?bula-, relata que Muluk? mont? en c?lera y arranc? la cola de los monos para pon?rsela a la especie humana. Al propio tiempo orden? a los monos que fueran humanos y a los humanos que fueran monos; deposit? en ?stos su confianza, mientras que se la retiraba a los humanos. Y dijo a los monos: "Sed humanos". Y a los humanos: "Sed monos".

LA CUNA DEL "AUSTRALOPITHECUS"

La figura de un padre protector y poderoso tambi?n aparece entre los pueblos africanos. Y, respecto a su cosmolog?a, numerosas leyendas jalonan la propia idiosincrasia de las diferentes tribus. Todos los pobladores del Africa negra han cre?do que la tierra no ten?a edad, y que exist?a desde siempre. Y, seg?n opini?n de muchos historiadores insuficientemente documentados, es decir, que basaban m?s sus asertos y conclusiones en fatuas declaraciones de eruditos pensadores, que en una labor de investigaci?n y estudio personales, se ha llegado a decir que los africanos forman parte de los denominados "pueblos sin historia". Lo cual quiere decir que no han contribuido al desarrollo de la humanidad, ni mucho ni poco; y que entre los negros africanos ha sido desigual su evoluci?n y, desde luego, ninguno ha creado una cultura aut?ctona que lo caracterice. Sin embargo, descubrimientos arqueol?gicos de gran importancia -entre otros el del primer hom?nido, conocido con el nombre de "australopithecus", pues sus restos fueron hallados, hace poco m?s de medio siglo, concretamente en el a?o 1924, en la zona austral del continente africano-, as? como el profundo estudio de las innumerables muestras de arte rupestre, que se encuentran en toda Africa, han llevado a reconsiderar los err?neos criterios que hasta hace muy poco se ten?an del continente negro.

NUESTRA PROPIA HISTORIA

Hoy, por mor de las excavaciones, y estudios, que se llevan a cabo en toda Africa -muy especialmente en zonas que hasta el presente, no se sabe a causa de qu? criterios, hab?an sido relegadas-, se han detectado pruebas suficientes para concluir que fue en este territorio en donde comenz? el proceso de hominizaci?n. En cualquier caso, los hallazgos de los especialistas e investigadores nos llevan a concluir que Africa fue uno de los m?s importantes focos de cultura pre hom?nida. Los eslabones de la cadena que nos une a nuestros m?s ancestrales antepasados, se encuentran en el continente negro. Otro factor a tener en cuenta, a la hora de enjuiciar el escaso avance de los estudios llevados a cabo en el continente negro, es aquel que se refiere a las condiciones adversas de su suelo; la acidez del suelo africano desgasta con prontitud todo vestigio, especialmente los restos f?siles. Sin embargo, hoy se sabe que fueron los primeros hom?nidos del continente africano quienes, debido a sus peculiaridades f?sicas y som?ticas -por ejemplo su piel sin vello, su producci?n de melanina que les dar? la adecuada pigmentaci?n, su abundancia de gl?ndulas sudor?paras, su cabello rizado, etc.-, iniciaron el denominado proceso de adaptaci?n al medio, con el que comenzar?, sin ninguna duda, la hominizaci?n propiamente dicha. La importancia de este proceso es capital pues, en un principio, el hom?nido se caracteriza por su actitud pr?ctica, ya que primordialmente pretende construir toda una serie de artilugios que le llevan a dominar las t?cnicas de la pesca, la caza, la agricultura y la ganader?a. Como para ello debe contar con herramientas diversas, se transformar en "homo faber" y "homo habilis", de aqu? a constituirse en nuestro seguro antepasado, el "homo sapiens", apenas media una m?nima distancia.

COSTUMBRES ANCESTRALES

El largo camino de la hominizaci?n no fue, sin embargo, tan lineal como pudiera parecer a primera vista. Muchos horrores, que el acceso de las civilizaciones ir?a corrigiendo, jalonaron el tiempo y el espacio hist?ricos. Algunas de las tribus que pueblan los territorios del occidente africano conservaron, hasta ?pocas muy recientes, costumbres que muy poco tienen que ver con el programa social y pol?tico de otros grupos humanos.
A este respecto, el gran investigador Frazer, en su cualificada obra La Rama Dorada, se hace eco de las siguientes palabras que un misionero dej? escritas -cuando ya el siglo XIX tocaba a su fin- despu?s de convivir con algunas tribus del Africa negra: "Entre las costumbres del pa?s, una de las m?s curiosas es incuestionablemente la de juzgar y castigar al rey.Si ?l ha merecido el odio de su pueblo por excederse en sus derechos, uno de sus consejeros, sobre el que recae la obligaci?n m?s pesada, requiere al pr?ncipe para que se vaya a dormir, lo que significa sencillamente envenenarse y morir".
Al parecer, en el ?ltimo momento, algunos monarcas no estaban dispuestos a quitarse la vida de un modo tan expeditivo, lo cual era interpretado por los s?bditos m?s allegados como una falta de valor. Entonces, se recababa la ayuda de un amigo que en el instante supremo se encargar?a de darle un ?ltimo empuj?n, por as? decirlo; lo importante era que el pueblo no llegara a enterarse de la falta de valor de su soberano. En cuanto al sujeto elegido para llevar a cabo tan abominable magnicidio, se loaba su predisposici?n y se agradec?a el servicio prestado a su tribu.

GENIECILLOS Y GIGANTES

La variedad de leyendas del Africa negra se debe a la diversidad de tribus que la habitan. En muchas poblaciones se ten?a en gran estima todo el ancestro de sus antepasados y, aun cuando su territorio fuera invadido por otros pueblos de costumbres e ideas diferentes, nunca dejaron que sus ritos y mitos se perdieran. Tal es el caso de algunas tribus de pescadores y campesinos que moraban en las riberas del N?ger, que vieron anegada su propia idiosincrasia por otros pueblos, especialmente musulmanes. Sin embargo, las creencias y la fuerza de sus mitos no perdieron apenas prestancia. Siguieron adorando a los esp?ritus y genios que moraban en la naturaleza, y a los que se hac?a necesario aplacar, y mantener contentos, para que las cosechas no se agotaran y para que la pesca fuera abundante.
El aire, la tierra y el r?o, estaban plagados de esp?ritus -lo cual implica el concepto animista que de la naturaleza ten?an los negros africanos-, a quienes se acud?a, y se invocaba, cuando se necesitaba una ayuda superior. Hab?a tambi?n ciertas leyendas en las que aparec?a el pol?fago gigante Maka que, para satisfacer su voraz apetito, necesitaba devorar animales tan enormes como los hipop?tamos; y cuando se dispon?a a saciar su sed, algunos de los lagos cercanos se ve?an seriamente mermados.

CIUDADES BAJO EL AGUA

Tambi?n hab?a una hermosa mujer que aparec?a plena de juventud y lozan?a. Se llamaba Harak?, y su poder de atracci?n era tal que no se sab?a si era diosa o si pertenec?a a la especie de los humanos mortales. La leyenda m?s extendida afirmaba que Harak? ten?a los cabellos tan transparentes como las propias aguas que le serv?an de morada. Al atardecer, la hermosa muchacha ten?a por costumbre descansar al borde mismo del N?ger, y esperar as? hasta que llegara su amante. En cuanto ?ste se reun?a con ella, ambos se adentraban en las profundidades de aquellas aguas encantadas y profundas; la muchacha llevaba al elegido en su coraz?n a trav?s de maravillosos caminos que conduc?an a fastuosas y desconocidas ciudades. En sus espl?ndidos recintos, y entre el sonido del tant?n y de los tambores, tendr?a lugar la ostentosa ceremonia que unir?a a la feliz pareja para toda la vida.
Todas las narraciones de la f?bula expuesta hacen hincapi? en que fue Harak? quien condujo a su amante, y no viceversa. Con ello se quiere dar a entender que la mujer era muy respetada entre ciertas tribus del Africa negra. Sus privilegios proven?an de su consideraci?n como madre y esposa.
Aunque, al mismo tiempo, aparecen representaciones femeninas en actitud sumisa pero, si uno se fija en su rostro, observar? cierta clase de serenidad que, al decir de investigadores y antrop?logos, indicaba la importancia concedida a esa especie de mundo an?mico, o vida interior, con que deb?a arroparse la mujer negra, so pena de poner en entredicho su condici?n femenina.

MITO DE LAS DOS LUMINARIAS

De entre las numerosas leyendas del continente africano sobresale la de los negros de Senegal, puesto que acaso sean los ?nicos que tienen una cosmolog?a digna de tal nombre.
Sus f?bulas muestran que las dos luminarias, es decir, tanto el Sol como la Luna, estaban ya consideradas como superiores a los dem?s astros. El mito cosmog?nico pretende establecer las diferencias de ambos cuerpos astrales, y se propone explicar -de una manera muy simple, aunque cargada de connotaciones m?ticas y emblem?ticas- las grandes diferencias entre la Luna y el Sol. El brillo,el calor y la luz que se desprenden del astro-rey impiden que seamos capaces de mirarlo fijamente. En cambio, a la Luna podemos contemplarla con insistencia sin que nuestros ojos sufran da?o alguno. Ello es as? porque, en cierta ocasi?n, estaban ba??ndose desnudas las madres de ambas luminarias. Mientras el Sol mantuvo una actitud cargada de pudor, y no dirigi? su mirada ni un instante hacia la desnudez de su progenitura, la Luna, en cambio, no tuvo reparos en observar la desnudez de su antecesora. Despu?s de salir del ba?o, le fue dicho al Sol: "Hijo m?o, siempre me has respetado y deseo que la ?nica, y poderosa deidad, te bendiga por ello. Tus ojos se apartaron de m? mientras me ba?aba desnuda y, por ello, quiero que desde ahora, ning?n ser vivo pueda mirarte a ti sin que su vista quede da?ada".
Y a la Luna le fue dicho: "Hija m?a, t? no me has respetado mientras me ba?aba. Me has mirado fijamente, como si fuera un objeto brillante y, por ello, yo quiero que, a partir de ahora, todos los seres vivos puedan mirarte a ti sin que su vista que da?ada ni se cansen sus ojos".

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