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Viernes, 17 de febrero de 2006
El hombre que cobr? la m?xima notoriedad mundial por su autor?a del catastr?fico ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington proviene de una familia ?rabe de alto estatus social y econ?mico. Su padre, Mohammad bin Awdah bin Laden, ha sido descrito como un campesino y alba?il nacido en la provincia de Hadhramaut del antiguo Yemen del Sur, entonces colonia brit?nica, que emigr? a Arabia Saud? en los a?os treinta y que se hizo rico dos d?cadas despu?s.

1. Abrazo del extremismo religioso desde la abundancia material en su Arabia Saud? natal
Mohammad bin Laden diversific? sus inversiones y termin? amasando una fabulosa fortuna, estimada en 5.000 millones de d?lares. La casa real saud? primero le solicit? un pr?stamo para cubrir los salarios de los funcionarios en un apuro financiero y luego adjudic? en exclusiva a la Bin Laden Corporation las contratas de las obras de ampliaci?n y acondicionamiento de los recintos sagrados de La Meca y Medina, que se hab?an quedado peque?os para acoger a los millones de peregrinos llegados cada a?o para el hadj. La empresa tambi?n fue encargada de construir una red de modernas autopistas para unir los principales n?cleos del pa?s.

Estos negocios al servicio del Estado y la fe del Islam otorgaron a los bin Laden gran respetabilidad, as? como unas relaciones de privilegio con los Sa`ud, siendo de dominio p?blico la estrecha amistad del cabeza de familia con el rey Faysal. Durante un breve per?odo, Mohammad bin Laden incluso sirvi? como ministro de Obras P?blicas en su Gobierno. La madre del ni?o, de nombre Alia Ghanem y saud? de nacimiento pero de ascendencia siria, que acaso no era una de las once esposas oficiales sino una concubina, sobrevivi? a Mohammad bin Laden, que falleci? en un accidente de tr?fico en una fecha comprendida entre 1968 y 1972.

Criado y crecido en Jeddah, Osama recibi? una educaci?n esmerada en centros elitistas, como el Victoria College de Alejandr?a, Egipto, destino recurrente de los reto?os de pr?ncipes y jeques de todo Oriente Pr?ximo, y goz? de los lujos de los j?venes de su condici?n. En compa??a de sus numerosos hermanos y hermanastros, en torno a la cincuentena (las fuentes difieren sobre este punto, pero algunas le atribuyen hasta 54, entre varones y hembras), tenidos por el padre con sus 22 esposas y concubinas, realiz? viajes a diversos lugares de Europa para recibir formaci?n especializada, aprender el idioma ingl?s o simplemente disfrutar de unas vacaciones.

Tras el fat?dico 11 de septiembre de 2001, los medios de comunicaci?n de todo el mundo se han afanado en rastrear sus andanzas juveniles. As?, han aparecido testimonios fotogr?ficos y orales de estancias, desde comienzos de los a?os setenta hasta comienzos de los ochenta, en Suecia, Suiza, Oxford y Marbella, ?ste un destino habitual de los pr?ncipes y jeques ?rabes en la costa mediterr?nea espa?ola.

Alto (supera los 1,90 m) y delgado, descrito como un joven introvertido y de car?cter apacible, devoto de su fe y no entregado a la vida licenciosa de la que hac?an y hacen gala muchos notables saud?es en sus escapadas vacacionales, se inici? en la doctrina de la fe en una madrasa (seminario cor?nico) de Jeddah antes de estudiar Ingenier?a, Gesti?n de Empresas y Teolog?a isl?mica en la Universidad Rey Abdulaziz de Jeddah, al tiempo que particip? en la administraci?n del emporio empresarial de su familia.

Desde los primeros a?os setenta se le cree vinculado a sectores isl?micos rigoristas de Arabia Saud?, se?al?ndose 1973 como el a?o de esta primera toma de contacto. Circula tambi?n el dato, nebuloso como todo en esta etapa, de su primera boda, concertada, con una muchacha siria con la que ten?a un lejano parentesco, en 1974 o 1975, por la ?poca en que emprendi? sus estudios universitarios.

Hacia 1979 concluy? sus estudios y pas? a desarrollar una actividad isl?mica militante. Aquel a?o fue crucial para el despertar del Islam pol?tico en toda la regi?n. En febrero triunf? la revoluci?n jomeinista shi? en Ir?n, y el mismo reino saud?, hasta entones un remanso de estabilidad, experiment? una sacudida de envergadura en noviembre, cuando unos 200 islamistas fan?ticos del proscrito movimiento sectario Ijw?n se hicieron fuertes en la Gran Mezquita de La Meca con la pretensi?n de que su cabecilla fuera proclamado el Mahd? (esto es, el mes?as esperado, enviado por Dios para instaurar un imperio de justicia isl?mica universal), hasta que las fuerzas de seguridad los aniquilaron sin contemplaciones. Precisamente, Mohammad bin Laden hab?a sido un mahdista fervoroso, y algunos autores apuntan a una posible complicidad de la corporaci?n familiar en la sedici?n.

2. Trasfondo ideol?gico del futuro terrorista
Llegado a este momento decisivo en la trayectoria del personaje, conviene explicar el marco religioso y cultural del que procede. En Arabia Saud?, cuna del Islam y centro espiritual de los mundos ?rabe y musulm?n, el reino fundado en 1932 por `Abd al-`Aziz (Abdulaziz) Al Sa`ud se revisti? de una legitimidad religiosa como custodio de las Mezquitas Santas de Medina y La Meca y como adalid del movimiento de reforma wahhab?, surgido en el siglo XVIII como una secta sunn? fundamentalista en extremo y, de paso, como un movimiento pol?tico contra la dominaci?n de los turcos otomanos, considerados decadentes y secularizados. El wahhabismo tuvo como fundador religioso a Muhammad ibn `Abd al-Wahhab, fallecido en 1787, pero su palad?n con un pie en la pol?tica fue el jeque Muhammad ibn Sa`ud, primer emir del Nejd en 1735 e iniciador de la saga saud?.

Los wahhab?es se atienen estrictamente a la escuela de jurisprudencia hanbal?, la m?s orientada hacia lo ?rabe y lo tradicional de las cuatro interpretaciones hist?ricas de la shar?a o canon de la ley isl?mica, y que fue fundada por Ahmad ibn Hanbal en el siglo IX. Para los hanbal?es, la ?nica verdad que regula todos los aspectos de la vida, temporal y espiritual, del creyente emana del Cor?n y de la sunna, ?sta entendida como los seis compendios de hadices (o hadith, textos recopilatorios de los hechos y palabras del Profeta, que conforman la tradici?n y complementan al Cor?n) m?s importantes por atribuirse su autor?a a Mahoma y sus primeros seguidores.

Puesto que hacen una interpretaci?n literal de los Textos Sagrados, se oponen a toda innovaci?n racionalista, presente en otras escuelas jur?dicas, y por lo tanto rechazan la mayor?a de los hadices y, desde luego, toda la jurisprudencia (fiqh) de origen no cor?nico o mahometano, como los razonamientos jur?dicos (iytihad) respaldados por el consenso de los creyentes (ichma).

El wahhabismo hist?rico hizo una interpretaci?n especialmente beligerante de la jihad (concepto que en principio designa el esfuerzo o lucha personal por convertirse en un buen musulm?n) como el recurso a la espada, pero no ya para defender su fe, sino para imponerla a cualquiera que disintiera de ella. Su rechazo intransigente a todo testimonio de culto y de fe, que bajo las formas de la imaginer?a y la devoci?n popular a los santos consideraban idolatr?a y que expresado en mezquitas con minaretes o tumbas suntuosas ve?an como una expresi?n de vanidad de quien s?lo deb?a ser un siervo sumiso de Dios, les llev? a comienzos del siglo XIX al extremo de conquistar y saquear los santuarios de La Meca y el mausoleo de Mahoma en Medina, unos sacrilegios que espantaron al orbe isl?mico, antes de ser sojuzgados por el sult?n turco.

En Arabia Saud? este credo, con sus extremados rigorismo y puritanismo, impregn? de conservadurismo al Estado, organizado por Abdulaziz Al Sa`ud como una monarqu?a absoluta y patrimonialista, y a la sociedad, f?rreamente sometida a las prescripciones de la shar?a, a veces draconianas, sobre aspectos tales como el alcohol, el tabaco, el papel de la mujer y el castigo de los delitos.

Precisamente, la revuelta de La Meca en 1979 fue interpretada como una expresi?n de censura, particularmente violenta y mesi?nica, al estilo de vida de los Sa`ud y dem?s familias esclarecidas, cuyas opulencia y disfrute de las costumbres l?dicas de Occidente hac?an dudar a los fieles m?s celosos sobre su verdadero sometimiento a los preceptos cor?nicos.

La invasi?n sovi?tica de Afganist?n en diciembre de 1979 para sostener al r?gimen marxista frente a la rebeli?n de los mujahid?n locales, levant? una ola de solidaridad en el orbe isl?mico que de paso galvaniz? a movimientos fundamentalistas en varios pa?ses ?rabes. A sus 22 a?os, bin Laden, con el apoyo entusiasta de su familia y con los parabienes de la casa real, que le aval? como uno de los notables al frente del contingente saud?, decidi? tomar parte en esta suerte de brigadas internacionales contra el comunismo ateo. De esta manera, a comienzos de 1980, con sus cuatro esposas (dos saud?es, una sirio-palestina y una filipina) y sus quince hijos, lleg? a la ciudad pakistan? de Lahore y de ah? pas? a Peshawar, en la Provincia de la Frontera del Noroeste.

En esta ciudad, que era la puerta de acceso a Afganist?n a trav?s del paso del Khyber, en la frontera nordeste, bin Laden fue acogido por el partido Jamaat-e-Islami (Asociaci?n Isl?mica), entonces la primera fuerza pol?tica islamista de Pakist?n y que gozaba de poder en el Gobierno militar instalado en 1977, y trab? una estrecha relaci?n con el jeque jordano-palestino Abdullah Yusuf Azzam, veterano intelectual islamista al que hab?a conocido como docente en la Universidad de Jeddah y que ahora canalizaba las labores de la jihad en la retaguardia.

3. La escuela de la guerra en Afganist?n: la jihad antisovi?tica
En realidad, bin Laden debut? en el escenario afgano de la mano de los servicios secretos de Arabia Saud? (el Istajbarat), Pakist?n (el ISI) y Estados Unidos (la CIA), tres pa?ses muy interesados en reclutar combatientes isl?micos de cualquier procedencia para fortalecer las opciones de las guerrillas afganas y conseguir la expulsi?n de los sovi?ticos de Afganist?n. En unos a?os de agudizaci?n de la Guerra Fr?a, la administraci?n de Ronald Reagan, de una manera sistem?tica desde 1986, patrocin? generosamente y calific? de "combatientes de la libertad" a unas fuerzas que le serv?an de peones en el tablero del enfrentamiento global con la URSS.

El entonces dictador pakistan?, el general Mohammad Zia ul-Haq, persegu?a una pol?tica de prestigio y liderazgo de su pa?s en el mundo musulm?n y aspiraba incluir a Afganist?n en el ?rea de influencia de Pakist?n en un escenario posb?lico. Para el r?gimen de Arabia Saud? se trataba de demostrar a sus cr?ticos internos y externos que el pa?s en que naci? Mahoma era un s?lido defensor de la fe, y, al mismo tiempo, de extender la doctrina wahhab? en el pa?s centroasi?tico.

Los tres estados ten?an otro inter?s com?n sobre Afganist?n, impedir que Ir?n suplantase a la URSS como potencia tutelar, bien para frenar el avance del fundamentalismo shi?, rabiosamente antiamericano (Estados Unidos), bien por una cuesti?n de rivalidad estrat?gica regional (Pakist?n), bien por antagonismo pol?tico-religioso (Arabia Saud?).

Siempre con la supervisi?n y la asistencia de la CIA y el Istajbarat, que dirig?a desde Riad el pr?ncipe Turki Al Faysal, viejo amigo de la familia bin Laden, y sobre el terreno codo con codo con su mentor Azzam, desde 1980 Osama bin Laden tom? parte en la lucha contra los sovi?ticos organizando campos de entrenamiento, dirigiendo labores de reclutamiento y captando donaciones para la jihad, por lo que hizo frecuentes desplazamientos a su pa?s. A partir de 1982 se estableci? de seguido en Peshawar y para encauzar dichas actividades ese mismo a?o (otras fuentes citan 1984) puso en marcha con Azzam la entidad Al Maktab ul-Khidamat Mujahideen, u Oficina de Servicios, a los Mujahid?n.

Bin Laden acrecent? la financiaci?n directa estadounidense y saud? con partidas procedentes del lucrativo tr?fico de opio y morfina, pero tambi?n contribuy? de su bolsillo al traslado y armamento de los miles de voluntarios ?rabes -la denominaci?n se aplic? a todos los musulmanes no afganos, bien ?rabes propiamente dichos (los menos), bien de otras nacionalidades, como uzbekos sovi?ticos, moros filipinos o uigures de la regi?n china de Xinjiang- antes de tomar parte ?l personalmente en los combates.

?l ha asegurado en entrevistas, y hay segundos testimonios que lo atestiguan, que a partir de 1986 empu?? las armas en la provincia de Nangarhar, cuya capital Jalalabad estaba en manos de los gubernamentales y era un hito en la carretera de Peshawar a Kabul. Se ha dicho que en 1989 cay? herido en una batalla por el control del aeropuerto de Jalalabad y recibi? los galones de mujahid (esto es, combatiente sagrado o el que hace la jihad).

Dicho sea de paso, en el ?rea operaba la guerrilla fundamentalista pasht?n (etnia mayoritaria de Afganist?n y dominante en las regiones sure?as y orientales anexas a Pakist?n, donde es a su vez la tercera etnia m?s populosa) del Hezb-e-Islami (Partido Isl?mico), liderada por el comandante mujahid Gulbuddin Hekmatyar. Bin Laden tuvo contacto regular con algunos comandantes del Hezb-e-Islami para coordinar y financiar acciones guerrilleras, pero parece que entre ellos no figur? Hekmatyar.

Este entramado log?stico con cuartel general en Peshawar, que ten?a un apartado ideol?gico muy importante con sesiones de adoctrinamiento pol?tico y de estudio religioso, permiti? a bin Laden establecer unas estrechas relaciones con tramas islamistas nacionales, como la Jihad Isl?mica egipcia (Al Jihad Al Islami, responsable del asesinato del presidente Anwar as-Sadat en 1981), y con organizaciones de dimensi?n transnacional, como los Hermanos Musulmanes, el hist?rico movimiento islamista fundado en Egipto en 1928, y la Liga Isl?mica Mundial, creada por los saud?es en 1962 para contrarrestar el panarabismo nasserista entonces en boga, igualmente comprometidas con la suerte de sus hermanos de fe afganos.

A ra?z de su instalaci?n en 1986 en el centro de operaciones del t?nel de Jost, excavado en las monta?as al sudoeste de Jalalabad con la ayuda de ingenieros y obreros a su sueldo, y provisto de moderna tecnolog?a de comunicaciones por Estados Unidos, bin Laden adquiri? un control m?s estrecho de su red de combatientes, a los que compil? en una base de datos inform?tica e instruy? personalmente en su primer campo de entrenamiento.

De la suma de este miniej?rcito a su mando, entre 12.000 y 20.000 hombres, y del elenco de contactos con grupos integristas del exterior surgi? en 1988 Al Qaeda, La Base, convertida luego en la tristemente c?lebre organizaci?n subversivo-terrorista. Al mismo tiempo, bin Laden rompi? con el cada vez m?s moderado Azzam y pas? a asumir todo el control de Al Maktab ul-Khidamat. Partidario de poner fin a la jihad tan pronto como los sovi?ticos fuesen expulsados de Afganist?n, Azzam fue asesinado en Peshawar en noviembre de 1989 en circunstancias nunca esclarecidas.

En febrero de 1989 el Ej?rcito sovi?tico, resignado a no poder derrotar a los mujahid?n y tras sufrir 15.000 bajas, culmin? su retirada de Afganist?n por decisi?n de Mija?l Gorbachov, quien quer?a a toda costa cerrar escenarios de confrontaci?n con Occidente y ahorrar a la superpotencia en crisis los insostenibles lastres de la pol?tica de bloques.

Dejado a su suerte, el r?gimen de Mohammad Najibullah parec?a tener los d?as contados (aunque resisti? inopinadamente hasta abril de 1992, gracias a las cr?nicas luchas intestinas en un bando de mujahid?n sujeto a distintas lealtades tribales, divisiones ?tnicas y religiosas, y antagonismos entre los cabezas de facci?n), y muchos de los ?rabes-afganos iniciaron la vuelta a sus lugares de origen, donde hallaron problemas para integrarse en la sociedad civil. La jihad tal como se la hab?a entendido hasta entonces toc? a su fin, pero bin Laden, como cita el autor franc?s Gilles Kepel, ya ten?a tejida una leyenda personal gracias a su buen car?cter, su esplendidez con el dinero, su valent?a en el combate y su devoci?n por la causa.

4. Mutaci?n de enemigos y gestaci?n de la jihad particular contra los antiguos patrones
En 1989, de mala gana porque pensaba que los saud?es y los estadounidenses deb?an seguir financiando la jihad pese a la retirada sovi?tica, Bin Laden retorn? a Arabia Saud? convertido en una celebridad y m?s enriquecido que nunca. Entr? en el c?rculo de allegados del rey Fahd y retom? con br?o la gesti?n de un conglomerado de empresas que s?lo en parte correspond?a a la herencia familiar.

Dicho sea de paso, en 1990 falleci? en un accidente a?reo en Texas su hermano mayor, Salem, que hab?a dirigido el imperio financiero desde el deceso del padre dos d?cadas atr?s y hecho negocios con empresas de Estados Unidos. El periodista Eric Frattini revela que Salem bin Laden tambi?n tuvo contactos involuntarios con personas implicadas en el entramado clandestino Irangate que desacredit? a la administraci?n Reagan, y que quiz? su muerte fuera provocada.

Osama no olvid? a sus afganos y cre? instituciones para asistirles econ?micamente o subvenir a las familias de los muertos en combate. Contraviniendo las demandas de los gobiernos de Riad y Washington, sigui? facilitando la llegada a Afganist?n de islamistas egipcios para combatir a Najibullah. Tal vez se habr?a estabilizado en esta vida de potentado poco acomodaticio con los nuevos intereses del reino de no producirse en agosto de 1990 otra sacudida hist?rica en Oriente Pr?ximo, la invasi?n de Kuwait por el Irak de Saddam Hussein, si bien sus biogr?fos sostienen que ya en 1989 ten?a decidido revolverse contra el imperialismo occidental.

Como bin Laden y sus hombres, el dictador de Bagdad hab?a servido a los intereses estadounidenses en la regi?n, esta vez en el combate frontal al Ir?n revolucionario del ayatollah Jomeini a trav?s de una crudel?sima guerra de ocho a?os (1980-1988). Pero Saddam persegu?a ambiciones particulares de engrandecimiento econ?mico y pol?tico, y cometi? el error de apropiarse del rico emirato petrolero en la creencia de que su antiguo suministrador no reaccionar?a militarmente. Antes bien, Estados Unidos organiz? una vasta coalici?n internacional y un operativo b?lico sin precedentes para expulsar a Irak de Kuwait por la fuerza.

El reino saud?, que dio asilo al emir kuwait? Jabir Al Sabah, se apresur? a sumarse a la coalici?n y a tragarse el sapo de sus implicaciones pol?ticas y sociales negativas porque los ej?rcitos de Saddam apuntaban amenazadoramente al pa?s ar?bigo, del todo indefendible en caso de agresi?n. As? que Fahd dio luz verde a Estados Unidos para que convirtiera su pa?s en el portaaviones de un eventual ataque contra Irak.

La llegada de decenas de miles de soldados estadounidenses y de otras naciones occidentales tuvo un impacto sin precedentes en la archiconservadora sociedad saud?, que desde la expulsi?n de los turcos al final de la Primera Guerra Mundial no hab?a conocido un ej?rcito de ocupaci?n, y desde luego nunca uno formado por cristianos infieles.

Bin Laden se erigi? en p?blico portavoz de muchos saud?es que consideraron humillante y sacr?lega esta masiva presencia militar, por m?s que se circunscribiera a la ciudad de Dhahr?n y a otros puntos cercanos al golfo P?rsico y no perturbara los Santos Lugares (si bien su patria chica de Jeddah, a orillas del mar Rojo y muy pr?xima a La Meca, fue un nudo log?stico esencial en las operaciones de suministro a?reo de los contingentes internacionales). La ruptura definitiva con el rey sucedi?, seg?n parece, cuando ?ste prefiri? la protecci?n estadounidense a la brindada por su s?bdito, que le hab?a propuesto oponer a los irak?es un ej?rcito exclusivamente musulm?n con sus ex combatientes de Afganist?n como tropa de choque.

De manera que en 1990 se levantaron contra Estados Unidos y sus aliados regionales dos antiguos apadrinados de circunstancias, y parad?jicamente lo hicieron, en teor?a, en bandos diferentes. Tanto Saddam como bin Laden apelaron a la solidaridad ?rabe con el pueblo palestino y al odio contra Israel, y recurrieron al lenguaje religioso de la guerra santa. En el caso del saud? la defensa de la jihad era genuina, pero tras ella seguramente hubo entonces y ha habido despu?s m?s un rencor de tipo personal del que ?l quisiera admitir.

Irak fue obligado a retirarse de Kuwait en la campa?a militar de enero y febrero de 1991, pero las tropas norteamericanas se quedaron en Arabia Saud?, dando un argumento definitivo a los c?rculos de jefes tribales y ulema (eruditos o doctores de la ley isl?mica) que simpatizaban con la actitud contestataria de bin Laden.

Partiendo de unos 4.000 ex combatientes afganos que ten?a amparados en Medina y La Meca, bin Laden maquin? la comisi?n de atentados contra intereses de Estados Unidos en el marco de una jihad global para repeler al que consideraba el adalid de una suerte de moderna cruzada contra su pa?s, y por extensi?n contra todo el mundo ?rabe y musulm?n. El rencoroso reparador de la fe humillada urdi? una cr?ptica trama subversiva, de potencial al principio bastante limitado pero extraordinariamente compleja y poderosa luego, integrada por Al Qaeda como aparato militar y, seg?n diversas fuentes, por una estructura diplom?tica denominada Frente Isl?mico Internacional, que ya datar?a de esta ?poca.

El movimiento de bin Laden tom? como bandera una doctrina muy reciente en el mundo isl?mico que se ha denominado salafista-jihaidista. Salaf significa "antepasados piadosos" y el salafista predica el retorno a las concepciones originales del Islam, lo que supone despreciar todo a?adido doctrinal posterior al siglo III de la H?gira (622 d. C.); as?, el wahhabismo saud? aparece como una forma de salafismo. La interpretaci?n h?brida que abraz? bin Laden otorga una trascendencia obsesiva a la jihad, es decir, a la acci?n puramente militar, sobre aspectos como la predicaci?n religiosa, la propaganda pol?tica o la movilizaci?n social.

Este enfoque reduccionista impidi? desde el principio que la red de bin Laden derivara en un movimiento de masas en ning?n pa?s ?rabe, y por ende su pretensi?n revolucionaria, supeditada al objetivo principal de echar a los norteamericanos, de derrocar los "reg?menes corruptos" de Oriente Pr?ximo y "restablecer el Estado del Islam".

Al disidente saud? tampoco parece que le interesara argumentar pormenorizadamente su actuaci?n para lograr adhesiones entre esa gran mayor?a de la comunidad de creyentes ajena a los fanatismos agresivos y receptiva a los discursos racionales, y la circunscribi? a socavar la hegemon?a estadounidense y a desestabilizar gobiernos ?rabes moderados por la v?a terrorista pura y dura.

Con todo, al llamado de bin Laden acudieron individuos y organizaciones extremistas de m?s de 40 pa?ses isl?micos. Se alistaron muchos veteranos de Afganist?n resentidos con Estados Unidos, que tan pronto como consigui? sus objetivos -mandar a casa a los sovi?ticos- se desentendi? de ellos.

Esta coalici?n sin precedentes de m?rtires de Al?, o de terroristas fan?ticos que envilec?an los preceptos del Islam -seg?n fuera el musulm?n que la enjuiciara-, fue tomando forma en la d?cada de los noventa hasta asociar en mayor o menor grado a los grupos islamistas m?s radicales y violentos, si bien algunos se habr?an limitado a mantener canales de comunicaci?n con bin Laden para no salirse del marco de lo que ellos entend?an como luchas de liberaci?n nacional contra estados concretos, activismo que por otro lado gozaba de mayor apoyo y legitimaci?n populares.

Estos ser?an los casos de las organizaciones integristas de Palestina y L?bano, enfrentadas irreconciliablemente con Israel, pero cuando tras el 11 de septiembre de 2001 los servicios informativos de todo el mundo se esforzaron por deshilvanar la nebulosa urdimbre de Al Qaeda, lo que result? fue una lista de organizaciones con datos imprecisos sobre el alcance de la interconexi?n con bin Laden y sus secuaces.

5. Declaraci?n de hostilidades a Estados Unidos e Israel
Las actividades subversivas de bin Laden resultaron intolerables al r?gimen saud? y en octubre de 1991 o abril de 1992 (las fuentes, de nuevo, no coinciden sobre las fechas), librado por muy poco de acabar entre rejas, el otrora h?roe del reino tuvo que abandonar el pa?s. Tras una gira de inspecci?n a las instalaciones de Al Qaeda en Afganist?n, encontr? acogida junto con unos cuantos centenares de milicianos en Sud?n, donde desde 1989 gobernaba con mano de hierro el r?gimen militar-islamista del general Umar al-Hasan al-Bashir.

Se cree que bin Laden, cuyas cuentas totalizar?an entonces unos 250 millones de d?lares, financi? la organizaci?n fundamentalista Frente Nacional Isl?mico (NIF) que dirig?a el refinado panislamista Hassan al-Tourabi, considerado el ide?logo de una coalici?n, bastante inusual, decidida a acelerar la islamizaci?n por la fuerza de la sociedad sudanesa, a costa de las aspiraciones de democracia de los partidos de la oposici?n y de autogobierno de la guerrilla cristiana del sur. Hay constancia de los estrechos v?nculos personales entre los dos hombres, cuyas residencias en Jartum estaban a tiro de piedra.

En el pa?s africano bin Laden continu? forjando Al Qaeda tras la tapadera de su entramado de empresas legales. Sobre este punto, reubic? y ampli? los negocios que hab?a dejado atr?s en Arabia Saud?, hasta poseer 60 empresas y sociedades en los ramos de la construcci?n, la industria qu?mica, la industria farmac?utica, la m?quina-herramienta, el montaje de equipos inform?ticos y el comercio de productos agr?colas, con sucursales en diversos pa?ses, muchas veces en para?sos fiscales. El Gobierno sudan?s incluso le otorg? las licitaciones para una serie de importantes obras p?blicas. Por su parte, el Gobierno saud? le presion? para que se reincorporara a la vida civil del reino y le cancel? el pasaporte, sin resultado.

En 1992 Al Qaeda ya habr?a estado madura para atentar contra objetivos de Estados Unidos, aunque su tarjeta de visita dist? de resultar clara en una serie de ataques cometidos desde ese a?o. El 29 de diciembre un trabajador yemen? y un turista austr?aco perecieron en un atentado con bomba contra un hotel de Ad?n utilizado por militares estadounidenses en misiones log?sticas dentro de la operaci?n humanitaria en Somalia. En su narraci?n de los hechos, Eric Frattini sit?a a bin Laden en la misma ciudad, supervisando el atentado desde una cercana retaguardia.

Pero la acci?n que hizo saltar todas las alarmas se produjo el 26 de febrero de 1993 en Nueva York, cuando un coche bomba aparcado en el aparcamiento subterr?neo de las Torres Gemelas del complejo World Trade Center mat? a seis personas e hiri? a m?s de un millar. Con todo, un p?lido remedo de lo que habr?a de suceder ocho a?os y medio despu?s en el mismo lugar, pero entonces se consider? un atentado sin precedentes contra la seguridad interior de Estados Unidos.

El FBI detuvo y llev? a la justicia a los ejecutores materiales y al presunto instructor del atentado, el jeque ciego de origen egipcio Omar Abdel Rahman, un predicador habitual en una mezquita de Nueva Jersey y considerado el l?der espiritual de Al Jama'a Al Islamiyya (Asamblea Isl?mica), entonces enzarzada en un sangriento desaf?o terrorista contra el Estado egipcio. Los acusados, de comprobadas credenciales integristas, fueron condenados a cadena perpetua, pero nunca lleg? a establecerse la identidad de los que encargaron o patrocinaron la acci?n terrorista. Con posterioridad a los hechos se especul? insistentemente con la conexi?n de Al Qaeda, que, como m?nimo, habr?a financiado la operaci?n.

Las agencias de seguridad e inteligencia de Estados Unidos pusieron al umbr?o pero ubicuo activista saud? en su agenda negra, y la CIA emprendi? un dossier en julio de 1993. A bin Laden se le atribuy? tambi?n una intervenci?n indirecta en el derribo de dos helic?pteros y la muerte de 18 soldados de Estados Unidos el 4 de octubre de 1993 en Mogadiscio, en el curso de la intervenci?n militar en Somalia para hacer llegar alimentos en medio de la guerra civil, a manos de los milicianos del se?or de la guerra Muhammad Farah Aydid. Se sospecha que misiles Stinger tierra-aire (otra secuela indeseada del armamento masivo de los mujahid?n afganos por Estados Unidos) aportados por Al Qaeda fueron empleados contra los helic?pteros.

El traum?tico rev?s en Somalia adelant? la evacuaci?n del contingente expedicionario norteamericano y determin? la posterior reluctancia de la administraci?n de Bill Clinton a intervenir en escenarios de crisis considerados peligrosos, sobre todo en ?frica.

El 9 de abril de 1994 el Gobierno de Riad, tras enzarzarse en un cruce de descalificaciones con bin Laden que salt? a los medios de comunicaci?n del reino, le arroj? al oprobio de los renegados retir?ndole la nacionalidad saud? e interviniendo sus cuentas bancarias. Bin Laden se convirti? en un ap?trida, pero ?sto no pareci? importarle gran cosa, toda vez que consideraba a la casa de Sa`ud traidora, ap?stata y merecedora de ser removida del poder en aras de una rep?blica verdaderamente isl?mica.

Para entonces, el disconforme tambi?n hab?a roto v?nculos con muchos de sus numerosos parientes. Una treintena de hermanos formaba parte del consejo de administraci?n del holding familiar, siendo los m?s prominentes Bakr, Hassan, Islam y Yahya. Bakr, segundo hijo de Mohammad bin Laden y como el difunto Salem mayor que Osama, asumi? las riendas del imperio empresarial, por lo dem?s perfectamente legal.

Llegado aquel punto de no retorno, la escalada terrorista de Al Qaeda para cumplir la orden de bin Laden de asesinar a todo militar estadounidense en cualquier lugar del mundo, y de paso castigar el proamericanismo saud?, estaba servida. El 13 de noviembre de 1995 un coche bomba estall? frente la sede en Riad de los consejeros militares destacados en la Guardia Nacional saud? y mat? a siete personas, cinco de ellas estadounidenses, y el 25 de junio de 1996 un segundo atentado, el estallido de un cami?n cisterna cargado con m?s de una tonelada de dinamita junto al edificio Al Jobar de Dhahr?n que serv?a de alojamiento de tropas, caus? 19 muertos, todos estadounidenses, y 300 heridos.

El r?gimen saud? reaccion? a estas desestabilizaciones, que le pusieron en un desagradable compromiso ante los protectores norteamericanos, con arrestos masivos de islamistas y con ejecuciones de los sospechosos que fueron hallados culpables, y no tuvo dudas de la autor?a de bin Laden, quien se cobr? los r?ditos de su predicamento entre los ulema y jeques m?s cr?ticos con las pol?ticas internas y la diplomacia del rey Fahd y sus hermanos dirigentes.

En Estados Unidos, Clinton firm? la nueva ley antiterrorista, que facultaba la interceptaci?n de las cuentas bancarias de personas y organizaciones sospechosas de terrorismo. El primer objetivo de esta disposici?n fue el multimillonario saud?, y en agosto un gran jurado federal de Nueva York comenz? una investigaci?n criminal del sospechoso.

6. Refuerzo del desaf?o terrorista al socaire de los talib?n afganos
Semanas antes del atentado de Dhahr?n, bin Laden abandon? Sud?n por las presiones de Bashir, inquieto porque se relacionara a su r?gimen con el patrocinio de tramas terroristas isl?micas que estaban generando tensi?n en toda la zona. Ciertamente, Washington y El Cairo acusaron a Jartum de estar tras el magnicidio frustrado contra el presidente Hosni Mubarak en Addis Abeba el 27 de junio de 1995. Pero tambi?n dirigieron sus requisitorias contra el omnipresente bin Laden, al que empez? a achac?rsele, algunas veces con indicios convincentes y otras ves no tanto, la inspiraci?n o titularidad de cualquier movimiento f?ctico o agresi?n contra intereses de Estados Unidos y sus aliados ?rabes.

Dicho sea de paso, en opini?n del periodista pakistan? Ahmed Rashid, autor de un completo ensayo sobre los talib?n, resulta dif?cil averiguar si la dadivosa escarcela de bin Laden ha estado detr?s de todos los ataques con los que se le vincula desde 1992, pero resulta bastante plausible que conozca a sus autores, bien porque fueron compa?eros de armas, bien porque han pasado por sus redes de entrenamiento y beneficencia.

Aunque resuelto a implantar en Sud?n la shar?a sin cortapisas, el r?gimen dual de Bashir y Tourabi deseaba sacudirse el estigma de promotor del terrorismo; as?, en agosto de 1994 no hab?a tenido ambages en arrestar y entregar a Francia en 24 horas y sin procedimiento de extradici?n al sanguinario terrorista internacional Ilich Ram?rez S?nchez, alias Carlos o Chacal, escurridizo asesino profesional que hab?a prestado sus servicios a los radicales de izquierda palestinos entre 1972 y 1984. Indudablemente, el episodio no pas? desapercibido para el ?ltimo aspirante a azote del mundo occidental.

Poco antes de su segundo desalojo, bin Laden pudo haber sido v?ctima de un atentado organizado por el Mossad israel?, seg?n informa el escritor Simon Reeve en su libro The New Jackals, del que sali? con heridas de consideraci?n que le fueron curadas en un hospital privado de Londres al que ingres? con identidad falsa.

El caso es que en agosto de 1996 bin Laden, a bordo de un avi?n H?rcules C-130 fletado exclusivamente para ?l, regres? a Afganist?n, que desde la ca?da del r?gimen de Najibullah en 1992 era un ca?tico campo de batalla y de saqueo en el que comandantes mujahid?n y caudillos tribales dirim?an sus disputas por el control de Kabul y otras plazas fuertes. Seg?n uno de sus bi?grafos m?s conocidos, el escritor franc?s Roland Jacquard, este segundo traslado le cost? a bin Laden m?s de 150 millones de d?lares, la quinta parte de su fortuna personal.

Acompa?ado de un nutrido s?quito de familiares, colaboradores de su c?rculo ?ntimo y afganos levant? sus reales en Jalalabad, entonces en manos del Gobierno internacionalmente reconocido del presidente Burhanuddin Rabbani y de su jefe militar, el c?lebre comandante Ahmad Shah Masud, l?deres de la facci?n tadzhika Jamiat-e-Islami (Asociaci?n Isl?mica) y que poco despu?s se iban a convertir en sus mortales enemigos.

Las turbulentas facciones norte?as, adem?s de combatirse entre s?, llevaban dos a?os sufriendo las acometidas desde las provincias sure?as de mayor?a pasht?n de un actor nuevo del conflicto, los talib?n. Este movimiento, a la vez fundamentalista religioso y militar y de base ?tnica casi exclusivamente pasht?n, surgi? en las madrasas (talib significa estudiante) que difund?an la doctrina sunn? deobandi y en los campos de refugiados en las provincias pakistan?es de Beluchist?n y la Frontera del Noroeste.

Tributario ideol?gico (pero tambi?n econ?mico) del wahhabismo saud? y, en opini?n de algunos autores, en esencia una creaci?n del ISI, la revoluci?n talib?n, con su pr?dica ultrarrigorista contra la corrupci?n, la arbitrariedad y la secularizaci?n de las costumbres, irrumpi? en Afganist?n y no tard? en cosechar ?xitos en el campo de batalla y en captar adhesiones entre una poblaci?n hastiada de las exacciones y escaramuzas interminables de los se?ores de la guerra.

El 23 de agosto de 1996 el disidente saud? emiti? desde su escondrijo una declaraci?n de jihad que se resum?a en lo siguiente: "Mensaje de Osama bin Laden a los hermanos musulmanes de todo el mundo y en especial de la pen?nsula ar?biga: haced la jihad contra los americanos que ocupan el suelo de las dos mezquitas sagradas, expulsad a los herejes de la pen?nsula ar?biga".

El 26 de septiembre de 1996 las fuerzas talib?n conquistaron la capital afgana, pusieron en fuga al Gobierno de Rabbani, ahorcaron p?blicamente al ex presidente Najibullah y sentaron los cimientos de un Estado teocr?tico que el 26 de octubre de 1997 adopt? el nombre de Emirato Isl?mico de Afganist?n. El terrorista exiliado pod?a considerarse afortunado: los talib?n no s?lo eran sus aliados naturales, compartiendo un odio indeclinable hacia toda modernidad o importaci?n cultural de Occidente y una visi?n salafista de la fe, sino que le brindaron un trato especial de hu?sped, conscientes de que la relaci?n iba a reportar beneficios mutuos.

Las fuentes se?alan que bin Laden, provisto de sofisticados y car?simos sistemas de comunicaci?n, primero mud? su residencia a un recinto rupestre en una monta?a cercana a Jalalabad, y definitivamente, en abril de 1997, a una gran mansi?n en Kandahar, al sudoeste del pa?s, no muy lejos de la ciudad beluchistan? de Quetta. Sin embargo, dispon?a de otras residencias m?s o menos secretas y listas para ser ocupadas en caso de repliegue t?ctico, diseminadas entre las provincias de Kandahar y Nangarhar.

Con el visto bueno de los talib?n levant? nuevos campos de entrenamiento de terroristas en el territorio que aquellos controlaban (ya m?s del 80% de Afganist?n, pero intentado aplastar definitivamente a los restos del Jamiat-e-Islami, que se hab?an unido para la ocasi?n con otras milicias tribales en un Frente Unido o Alianza del Norte, asistida por Rusia, Ir?n, Tadzhikist?n y Uzbekist?n, y que resist?a en sus bastiones septentrionales) y se dot? de una guardia de corps seleccionada de entre sus hombres m?s fogueados en combate que dio en denominar Mujahid?n Jalq (Combatientes Sagrados del Pueblo). Bin Laden pag? a sus protectores construy?ndoles residencias a prueba de ataques, b?nkeres subterr?neos y otras edificaciones para uso militar, as? como proporcionando adiestramiento especial a elementos del ej?rcito talib?n.

M?s a?n, bin Laden trab? en Kandahar una relaci?n a todas luces muy estrecha con el mullah Mohammad Omar Akhund, l?der espiritual (que es como decir pol?tico, en un r?gimen sin jerarqu?as institucionales, sin estructura partidista, sin un gobierno al uso y carente de cuerpo diplom?tico, toda vez que s?lo Arabia Saud?, Pakist?n y los Emiratos ?rabes Unidos le tendieron reconocimiento) del movimiento talib?n. A falta de un jefe de Estado, a Omar se le atribu?a la direcci?n suprema del pa?s de hecho desde que se invistiera con el manto de Emir o Pr?ncipe de los Creyentes.

En las sucintas rese?as biogr?ficas divulgadas consta que Omar, descrito como un visionario recalcitrante pero sin conocimientos especiales de la ley isl?mica, fue uno de los mujahid?n surgidos en los a?os ochenta de las madrasas del norte de Pakist?n y de los centros de adiestramiento de bin Laden.

7. El envite de los atentados contra las embajadas en ?frica
Con semejantes cobertura y facilidades, bin Laden planific? sus siguientes golpes contra Estados Unidos, que tras el atentado de Dhahr?n le puso en el punto de mira de los criminales m?s buscados. En mayo de 1997 concedi? una entrevista a la cadena CNN y en ella expuso una serie de fundamentos religiosos, culturales y hasta econ?micos para su declaraci?n de jihad contra los estadounidenses, que de momento sigui? circunscrita a las tropas desplegadas en su pa?s de origen.

Sin asumir los atentados que se le imputaban, pero congratul?ndose por ellos y vincul?ndolos a sus "advertencias" a Estados Unidos, amenaz? a lo que ?l denomin? la "alianza cruzado-sionista" concebida para ocupar militarmente los Santos Lugares del Islam en La Meca (la Gran Mezquita, que custodia la Ka'aba) y Jerusal?n (las mezquitas de Omar y Al Aqsa).

Las invectivas fueron no menos feroces contra la dinast?a saud?, para ?l responsable de un acaparamiento patrimonialista y desleal de los principales negocios e inversiones del reino, en detrimento de los grandes comerciantes, pero la "traici?n" de los Sa`ud al estandarte verde del credo mahometano (shahada) y la espada la remont? hasta el fundador del reino, Abdulaziz.

Existe evidencia de que el 23 de febrero de 1998 bin Laden organiz? una cumbre de grupos integristas, calificada por comentaristas occidentales de verdadera "internacional terrorista", en la base de Jost a la que asistieron, entre otros, la Asamblea Isl?mica y la Jihad Isl?mica egipcias y el muy extremista Movimiento de los Mujahid?n (Harakat ul-Mujahidin, HuM) de Pakist?n, organizaci?n paramilitar que en 1997 cambi? su nombre de Movimiento de los Partidarios (Harakat ul-Ansar, HuA) para desviar la calificaci?n de terrorista por Estados Unidos.

Bajo la etiqueta, perge?ada para la ocasi?n, de "Frente Isl?mico Internacional para la Jihad contra los Jud?os y los Cruzados", los concurrentes emitieron un llamamiento para "matar a norteamericanos y sus aliados, civiles y militares", como "deber individual de todo musulm?n" (fardayn), hasta conseguir la "liberaci?n" de los Santos Lugares. Atr?s quedaron las conjeturas, alimentadas por sus declaraciones, sobre si lo que libraba bin Laden era, fundamentalmente, una guerra cultural, contra la "influencia corruptora" de Occidente, y no contra las personas.

Para el r?probo saud?, los nuevos cruzados y sus aliados jud?os hab?an "declarado la guerra a Dios y a su Profeta", y, por ende, "a los musulmanes de todas partes". A ello s?lo pod?a oponerse la comunidad de creyentes en pleno, la umma, cuya fuerza calific? de "bomba nuclear del Islam". En febrero de 1998 se emple? el t?rmino fatwa, o sentencia basada en los Textos Sagrados, para referirse a este llamado, aunque bin Laden, puesto que no es un alim (singular de ulema), en puridad no puede recurrir a esta legitimaci?n jur?dica, a menos, claro est?, que un verdadero alim lo haga por ?l.

En el c?nclave de Jost tuvo un papel relevante el l?der de la Jihad Isl?mica egipcia, Aym?n al-Zawahiri, que sell? as? su alianza con bin Laden (la cual no fue aceptada por algunos miembros de su organizaci?n, que la vieron como una distracci?n del objetivo de derrocar al gobierno egipcio e instaurar un Estado teocr?tico, produci?ndose la escisi?n). Otro viejo conocido de la lucha contra los sovi?ticos despu?s de pasar por las c?rceles de su pa?s en conexi?n con el magnicidio de Sadat, Zawahiri reforz? el componente egipcio de Al Qaeda -en cuya creaci?n en 1988 jug?, al parecer, un papel fundamental-, y ya ven?a siendo desde hac?a a?os la mano derecha de bin Laden, actuando como referente intelectual y principal ide?logo de la organizaci?n.

Para la administraci?n Clinton el ya conocido como el banquero del terrorismo isl?mico se convirti? en una verdadera obsesi?n a partir de los brutales atentados simult?neos con bomba del 7 de agosto de 1998, en el aniversario de la llegada de las primeras tropas estadounidenses a Arabia Saud? en 1990, contra sus embajadas en Nairobi y Dar es Salam, capitales de Kenya y Tanzania respectivamente, que provocaron un total de 224 muertos, doce de ellos de nacionalidad estadounidense, y m?s de 4.000 heridos. Un desconocido Ej?rcito Isl?mico de Liberaci?n de los Santos Lugares reivindic? las acciones, condenadas por el Consejo de Seguridad de la ONU en una resoluci?n expresa, pero la creencia general es que tras la sigla se camuflaban los hombres de bin Laden y Zawahiri.

El departamento de Estado acus? ya sin ambages y p?blicamente al saud? de ser el responsable de la masacre, sin parang?n desde los ataques a la embajada y el cuerpo expedicionario de marines en L?bano en 1983, y advirti? que se le dar?a caza all? donde se hallara; ahora bien, hay constancia de planes e intentos de liquidaci?n f?sica, mediante operaciones encubiertas, ya desde 1996.

Precisamente, el descubrimiento por bin Laden a comienzos de 1997 de que la que CIA ten?a infiltrado un comando en Peshawar listo para matarle, habr?a motivado su traslado preventivo a los m?s seguros confines de Kandahar. Fuentes period?sticas pakistan?es citan un intento de asesinato fallido el 19 de marzo de 1997, cuando una explosi?n destruy? en Jalalabad un cuartel de polic?a y mat? a varias decenas de personas.

La amenaza de Estados Unidos se hizo extensible a cualquier pa?s que proporcionara refugio o tolerara en su territorio las actividades subversivas del hombre m?s buscado, y Afganist?n y Sud?n encabezaron esa lista negra. El 20 de agosto de 1998 buques de guerra en el oc?ano ?ndico lanzaron misiles de crucero contra presuntos objetivos terroristas cerca de Jartum y de Jost, donde se sospechaba que estaba entonces bin Laden, provocando una treintena de muertos.

Clinton precis? que los bombardeos de la Operaci?n Infinite Reach no constitu?an "un acto de represalia", sino "un contraataque en defensa propia", pero el castigo result? poco convincente: las airadas autoridades sudanesas informaron que la destruida planta qu?mica de ash-Shifa produc?a f?rmacos para uso civil y no componentes para armas qu?micas, extremo que fue confirmado por la ONU, que hab?a subcontratado la f?brica para producir medicinas destinadas a Irak.

Los da?os que hubieran podido sufrir sus campos de entrenamiento de Zhawar Kili al-Badr en el ?rea de Jost no da?? la estructura de Al Qaeda, y desde luego no arredr? a su fan?tico jefe, que sum? fama y apoyos entre los sectores fundamentalistas sunn?es con estas acciones. El 13 de septiembre los talib?n informaron que a bin Laden se le hab?a prohibido hacer m?s declaraciones p?blicas, pero el anuncio, que pareci? sobre todo un intento de excusar ulteriores represalias de Estados Unidos, no convenci?.

Igual credibilidad mereci? la informaci?n de la Agencia de Prensa Isl?mica en julio de 1999 de que el problem?tico asilado hab?a decidido buscar refugio en otro pa?s por temor a nuevos ataques. Estos equ?vocos posicionamientos suger?an, en opini?n de algunos especialistas, que tras la agresi?n de agosto y por breve tiempo la c?pula talib?n sopes? la posibilidad de, alguna manera, sacar a bin Laden del pa?s a cambio del reconocimiento diplom?tico de Estados Unidos, si bien los contactos a tal fin no prosperaron.

8. Fugitivo internacional y hu?sped de lujo
El 4 de noviembre de 1998 la justicia federal estadounidense, a trav?s de la oficina del fiscal general de Manhattan, asumi? las conclusiones del gran jurado e inculp? formalmente a bin Laden, a su lugarteniente Mohammad Atef -un ex polic?a egipcio descrito por los expertos como el estratega militar de Al Qaeda- y a otros miembros de la organizaci?n del asesinato de al menos 224 civiles en las embajadas de Nairobi y Dar es Salam. Zawahiri, sobre el que desde abril de 1999 pas? a pender una condena a muerte in absentia en su pa?s por el intento de asesinato de Mubarak en 1995 y por la masacre de turistas en Luxor (noviembre de 1997), fue a su vez encausado por el fiscal neoyorkino en junio siguiente.

El pliego de cargos por conspiraci?n criminal contra ciudadanos de Estados Unidos inclu?a adem?s los atentados de Arabia Saud?, los ataques de Somalia y una serie de acciones de encubrimiento de actividades delictivas de Al Qaeda, como el movimiento de dinero a trav?s de empresas fantasmas, el uso de documentos de identidad y pasaportes falsos, y el env?o de correspondencia cifrada.

Las actividades subversivas denunciadas consist?an en la administraci?n de campos de entrenamiento en el extranjero, el reclutamiento de activistas en Estados Unidos (muchos con cualificaci?n t?cnica y cient?fica) y la compraventa de armas y explosivos. La acusaci?n subrayaba la correspondencia entre las acciones terroristas desde 1993, las fatwas de bin Laden y su red de instrucci?n paramilitar. El FBI le elev? al primer lugar en su lista de delincuentes m?s buscados y ofreci? una recompensa de cinco millones de d?lares, la mayor en la historia de la agencia, a quien aportara informaci?n tendente a su arresto, y el Departamento de Estado puso en marcha la solicitud de extradici?n a Afganist?n.

Pero d?as despu?s el Tribunal Supremo talib?n replic? que no ten?a constancia de esas imputaciones de terrorismo, que no exist?a un tratado bilateral de extradici?n y que bin Laden seguir?a recibiendo la consideraci?n de hu?sped, si bien acept? hacer su propia investigaci?n. El 20 de noviembre esta instancia judicial concluy? que el saud? era un "hombre sin mentira" y declar? zanjada la pol?mica: bin Laden era libre para marchar o para quedarse en el pa?s todo el tiempo que quisiera y su ?nica restricci?n afectaba al desarrollo de actividades pol?ticas o militares.

Ahora bien, en diciembre de 1998 el personaje reconoci? impl?citamente ser el instigador de los ataques en ?frica (si bien zanjando que sobre su autor?a "s?lo Dios conoce la verdad") en sendas entrevistas concedidas a la cadena ABC News y a las revistas Time y Newsweek. El nuevo espaldarazo de sus anfitriones intensific?, en opini?n de algunos expertos en la cuesti?n, los v?nculos de confianza entre bin Laden y los talib?n, hasta tomar forma un r?gimen simbi?tico en el que tanto da decir que el primero se integr? en la c?pula de los segundos, como que los actos pol?ticos de ?stos empezaron a pivotar en torno a aquel.

As?, se asegura que bin Laden indujo al mullah Omar a elaborar una pol?tica exterior, que al principio no era especialmente antag?nica a Estados Unidos, m?s acorde con la jihad que ?l sustentaba y a hacer lecturas panislamistas agresivas, rayanas en el orgullo chovinista, de la revoluci?n talib?n como modelo trasladable a la umma, no faltando en esta persuasi?n la adulaci?n y la presentaci?n de s? mismo como un devoto m?s del Emir de los Creyentes. Resulta veros?mil que Pakist?n jug? un papel clave en el acercamiento de los ?rabes-afganos y los talib?n, ya que deseaba preservar los campos de Al Qaeda en los que se entrenaban militantes islamistas para combatir en la Cachemira india.

Igualmente, se supone que bin Laden ha desempe?ado un rol muy importante en la decisi?n del r?gimen, que caus? un esc?ndalo internacional, de volar con explosivos en marzo de 2001 las antiguas estatuas de Buda en Bamiy?n, colosales monumentos que databan de los siglos III y IV d. C., haciendo una lectura literal de la prohibici?n cor?nica de cualquier representaci?n iconogr?fica susceptible de fomentar la idolatr?a. Asimismo, se sospecha su intervenci?n en las trabas definitivas puestas a las actividades de las agencias humanitarias y a los periodistas occidentales, as? como en el prevalecimiento de una l?nea de guerra sin cuartel contra el Frente Unido.

Conocedores de la realidad afgana han asegurado que al menos desde 1998 bin Laden ha estado implicado en la estrategia militar de los talib?n, ha financiado las necesidades log?sticas de sus fuerzas y ha enviado a numerosos voluntarios extranjeros, tenidos por una tropa especialmente ideologizada y tenaz, a combatir a la Alanza del Norte. Adem?s, habr?a establecido con los talib?n empresas de participaci?n conjunta, dedicadas a actividades como el contrabando de bienes de consumo entre el emirato de Dubai y Pakist?n, y el tr?fico de drogas.

Luego de la cat?strofe terrorista de 2001 se revel? que el v?nculo entre bin Laden y Omar iba m?s all? de la mera amistad o la pol?tica, ya que desde fecha reciente eran nada menos que consuegros: seg?n estas informaciones, la quinta esposa de Osama ser?a una hija de Omar, y ?ste habr?a tomado en matrimonio a la hija mayor de aquel. En suma, todo apunta a que desde antes del 11 de septiembre bin Laden no s?lo ha sido un invitado privilegiado, sino que ha ejercido un poderoso influjo en el r?gimen afgano, a pesar de las complicaciones internacionales que tal connivencia pudiera acarrear a este ?ltimo.

En febrero de 1999 expir? el ultim?tum dado a Afganist?n por Estados Unidos y el 6 de julio Clinton firm? la orden ejecutiva que impon?a un r?gimen unilateral de sanciones comerciales y financieras para obligarle a acatar sus requerimientos de extradici?n. Se lleg? as? a un punto sin vuelta atr?s en las tormentosas relaciones bilaterales, que hasta hac?a poco no hab?an estado exentas de cierta ambig?edad.

As?, en 1996 Washington pareci? no acoger con mayor prevenci?n el triunfo de los talib?n porque cre?a que pod?an servir para contener eficazmente a Ir?n; m?s a?n, se ha apuntado que aquellos fueron receptivos al proyecto, abandonado definitivamente tras los bombardeos de 1998 por la presi?n del Departamento de Estado, de un consorcio occidental de empresas encabezado por la estadounidense Unocal para construir a trav?s del inh?spito pa?s un gasoducto que diera salida a los hidrocarburos de Turkmenist?n al oc?ano ?ndico con terminal de embarque en Pakist?n. Con la debida perspectiva, puede interpretarse que la cuesti?n de bin Laden contribuy? a dar al traste con unos contactos que habr?an aparejado grandes beneficios econ?micos a los talib?n, y quiz? hasta el deseado reconocimiento diplom?tico.

El Gobierno Clinton se propuso legitimar la caza y captura de bin Laden con un instrumento de Naciones Unidas, y el 15 de octubre de 1999 el Consejo de Seguridad de la organizaci?n, que ya hab?a condenado los atentados de las embajadas y las matanzas perpetradas por los talib?n contra poblaci?n civil hazara (de religi?n shi?) y de diplom?ticos iran?es tras la toma de Mazar-e-Sharif, justo el d?a siguiente de los sucesos de Nairobi y Dar es Salam, decret? por la resoluci?n 1.267 un embargo a?reo internacional y la confiscaci?n de los haberes financieros del r?gimen, sanciones que entraron en vigor el 14 de noviembre.

El mandato de la ONU no ten?a precedentes, pues por primera vez se castigaba a un Estado miembro (aunque representado por el r?gimen depuesto en 1996) por no entregar a un sospechoso de terrorismo ante la justicia de otro Estado miembro que le reclamaba, y lo que fue m?s llamativo, nombraba expresamente al personaje, un aspecto, dicho sea de paso, que apenas fue recordado por los medios tras las cat?strofes de Nueva York y Washington.

La resoluci?n condenaba en?rgicamente a los talib?n por las violaciones de los Derechos Humanos, particularmente las groseras discriminaciones de las mujeres, y el derecho humanitario internacional, as? como por brindar "refugio seguro" a bin Laden y permitir a su organizaci?n levantar una red de campos de entrenamiento de terroristas. Ante el incumplimiento de sus exigencias por Afganist?n, el Consejo de Seguridad impuso el embargo de armas en una segunda resoluci?n el 19 de diciembre de 2000.

9. Dos a?os de sigilo como proleg?meno de la tormenta
Tras el bombardeo de Jost por Estados Unidos, bin Laden extrem? las medidas de seguridad, limit? sus comunicaciones telef?nicas v?a sat?lite, pas? a hacer un uso astuto de internet con el correo electr?nico y los canales de chat (por lo dem?s, productos genuinos de la tecnolog?a occidental que instrumenta sin prejuicios culturales y que aparentemente no le entra?a contradicci?n con el rechazo a los valores laicos y democr?ticos de esas mismas sociedades occidentales) y, luego de las entrevistas a ABC News y Newsweek, interrumpi? tambi?n las divulgaciones propagand?sticas. A mediados de febrero de 1999 los talib?n informaron que su protegido se encontraba en "paradero desconocido".

Ahora bien, Al Qaeda no suspendi? sus actividades. En febrero de 1999 la CIA asegur? haber desbaratado ataques terroristas contra instalaciones norteamericanas en lugares tan distantes entre s? como Arabia Saud?, Albania, Azerbaidzh?n, Tadzhikist?n, Uganda, Uruguay y C?te d'Ivoire, tras interceptar comunicaciones entre el centro y las c?lulas de activistas.

Obviamente, algo fall? en este inmenso andamiaje de rastreo electr?nico, pues el 12 de octubre de 2000 el destructor USS Cole, atracado en el puerto yemen? de Ad?n, fue torpedeado con una carga explosiva teledirigida, muriendo 17 marineros. Resultaba indudable la participaci?n de elementos islamistas locales, y de alta cualificaci?n, en el audaz atentado, aunque los servicios de inteligencia estadounidenses e investigadores de la red de bin Laden como Roland Jacquard apuntaron con muy poco margen de duda a Al Qaeda.

A esas alturas, los aliados, socios y conexiones de bin Laden sumaban un n?mero impresionante de grupos radicales, entre los que se citan: por Egipto, la Asamblea y la Jihad isl?micas; por Argelia, el Grupo Isl?mico Armado (GIA) y el Grupo Salafista de la Predicaci?n y el Combate (GSPC, del que se ha asegurado que fue una creaci?n espec?fica de bin Laden, que habr?a considerado al m?s potente GIA "poco agresivo" en su embestida exterminadora contra el Estado y el pueblo argelinos, y de paso para introducir en el pa?s magreb? la ideolog?a salafista); por Palestina, el Movimiento Ham?s de Resistencia Isl?mica y la Jihad Isl?mica; por L?bano, el Hezbollah (Partido de Dios), de base shi? y como los dos anteriores dedicado a combatir a Israel; por Turqu?a, el Hezbollah kurdo y el Partido de los Trabajadores del Kurdist?n (PKK).

Por Pakist?n, el ya citado HuM y el Ej?rcito de Mahoma (Jaish-e-Mohammad, JeM), que guerrean por la anexi?n a su pa?s de la Cachemira india y que a su vez mantienen v?nculos muy estrechos con los partidos pol?ticos protalib?n Asociaci?n de Ulema Isl?micos (Jamiat Ulema-e-Islam, JUI), liderado por el maulana Fazal ur-Rehman, y Guardianes de los Compa?eros del Profeta en Pakist?n (Sipah-e-Shahaba Pakistan, SSP), escindido del anterior en 1985. Y por Bangladesh, el Movimiento de Jihad Isl?mica (Harkat ul-Jihad-al-Islami, HuJ), que seg?n parece surgi? en 1992 con el patrocinio exclusivo de bin Laden.

En opini?n de los analistas, la mano negra de Al Qaeda ha operado en Filipinas, tras los grupos separatistas musulmanes Ab? Sayyaf, en las islas de Jol? y Basilan (se ha informado que el fundador de esta banda, Mohammad Jamal Khalifa, es de hecho cu?ado de bin Laden en tanto que hermano de su esposa filipina), y, en menor medida, Frente Isl?mico Moro de Liberaci?n, con base en Mindanao, as? como en la desintegrada Somalia, a trav?s del grupo islamista Al Ittihad Al Islami.

Sus andanzas se han querido ver tambi?n en Chechenia, sobre todo a ra?z de la reanudaci?n en septiembre de 1999 de la campa?a militar rusa, desencadenada por la penetraci?n en Daguest?n desde la rep?blica independentista de partidas terroristas mandadas los comandantes chechenos Shamil Bas?yev y Omar ibn al-Khattab (?ste, un jordano veterano de Afganistan y presunto palad?n de la introducci?n del salafismo-jihaidismo en la regi?n). Y en Uzbekist?n, a trav?s del Movimiento Isl?mico Uzbeko liderado por Djuma Namangani y levantado en armas contra el r?gimen autoritario y ferozmente laico de Islam Kar?mov,

Las desestabilizaciones islamistas en la Comunidad de Estados Independientes (CEI) alarmaron a los estados ex sovi?ticos, proclives a se?alar instigadores extranjeros de sus sediciones, as? que los rusos patrocinaron de buena gana el embargo de armas a los talib?n. El binomio bin Laden-Zawahiri pas? igualmente a encabezar las listas de acusados de promover actividades sediciosas en El Cairo, Argel, Sanaa, Tr?poli o Nouakchott.

En el cambio de siglo, Al Qaeda podr?a tener 5.000 guerrilleros y terroristas organizados como "c?lulas de durmientes" inteligentemente organizadas, de manera que la detenci?n de uno de sus miembros no precipite la detenci?n del resto, o -lo que es a?n m?s dif?cil- el desmantelamiento de otras c?lulas. Al influjo de bin Laden no escapaba virtualmente ning?n movimiento de oposici?n violenta y de signo m?s o menos islamista, aunque esta formidable naturaleza tentacular de Al Qaeda en Magreb, Oriente Pr?ximo, ?frica Oriental, Asia Central, Sudeste Asi?tico y la misma Europa Occidental le hipotec? al mismo tiempo el apoyo de cualquiera de los gobiernos afectados por dichas subversiones.

El 10 de enero de 2001 bin Laden reapareci? en p?blico en Kandahar con motivo de la boda de uno de sus hijos, Mohammad, con la hija de Mohammad Atef. Los esponsales, en opini?n de periodistas especializados, sellaron al modo tribal la alianza entre los saud?es y los egipcios de Al Qaeda. De prestar cr?dito a un presunto jefe de una red islamista en Francia que en octubre de 2001 relat? ante la justicia de ese pa?s su experiencia en Al Qaeda, en mayo de 2001 la organizaci?n de bin Laden formaliz? con los talib?n lo que ya ven?a sucediendo de hecho: la conversi?n en parte integrante de sus estructuras, tanto pol?ticas como militares.

El pacto se supone que incluy? la transferencia a Al Qaeda de todos los campos de entrenamiento de voluntarios extranjeros existentes en Afganist?n, siendo conminados los mantenidos por argelinos, yemen?s y libios, as? como los que anta?o administr? el Hezb-e-Islami de Hekmatyar, a seguir el ejemplo de los egipcios y someter sus facilidades a bin Laden.

En diciembre de 2000, en v?speras de las celebraciones del nuevo milenio en Nueva York y Washington, el FBI y la CIA advirtieron que bin Laden podr?a estar maquinando una sangrienta operaci?n en suelo norteamericano. Se incrementaron las medidas de seguridad y se detuvo a sospechosos de pertenecer a Al Qaeda. En agosto de 2001 el propio bin Laden avis? en unas declaraciones al diario editado en Londres Al Quds Al Arabi de la inminencia de un ataque "muy, muy grande, sin precedentes" contra Estados Unidos.

Las agencias de seguridad de la superpotencia estaban advertidas, seg?n se insisti? con posterioridad a los hechos, de que algo se preparaba, pero lo s?bito y la magnitud de la cat?strofe terrorista del martes, 11 de septiembre de 2001 sobrepasaron cualquier figuraci?n, sumiendo en la estupefacci?n y el horror al mundo entero.

10. 11-S: el ataque que inaugur? el terrorismo global de masas
Poco antes de las 9 de la ma?ana, hora local, un Boeing 767 de la compa??a American Airlines que hac?a la ruta Boston-Los ?ngeles se empotr? contra una de las Torres Gemelas, los cuartos rascacielos m?s altos del mundo, que dominan el World Trade Center de Nueva York, abriendo un enorme boquete y causando un incendio incontrolable. Minutos despu?s, un segundo aparato de iguales caracter?sticas y plan de vuelo perteneciente a la United Airlines impact? en la segunda torre, eliminando la posibilidad de que aquello pudiera tratarse de un siniestro involuntario.

Una hora despu?s del primer ataque y mientras toda la atenci?n se centraba en Nueva York, un B-757 de American Airlines reci?n despegado del cercano aeropuerto de Dulles con destino a Los ?ngeles se estrell? sobre el Pent?gono, sede del Departamento de Defensa y uno de los recintos m?s vigilados y te?ricamente m?s seguros del mundo, en las afueras de Washington, con el resultado de que una de las cinco fachadas qued? semiderruida.

Entre rumores de m?s ataques contra la Casa Blanca, desocupada por el presidente George W. Bush, que se encontraba en Florida, y el Capitolio, sede del Congreso, ambos evacuados al igual que la sede de la ONU en Nueva York y otros edificios significativos, y mientras el Pent?gono era pasto de las llamas, las Torres Gemelas se desplomaron ante la mirada at?nita de millones de telespectadores con unos minutos de diferencia entre s?, aparentemente al no resistir sus estructuras el calor generado por los incendios, haciendo de Manhattan un escenario apocal?ptico.

La ma?ana de caos y p?nico trajo un nuevo sobresalto con la noticia de la ca?da de un cuarto aparato, un B-757 de United Airlines con ruta Newark-San Francisco, en un campo del estado de Pennsylvania, no lejos de Pittsburgh. Con toda seguridad, este avi?n de pasajeros, como los anteriores, seg?n se supo despu?s, secuestrado con todo su pasaje y tripulaci?n por un comando de hombres armados con cuchillos y dispuestos a inmolarse en la convicci?n de lo sagrado de su misi?n, ten?a como objetivo otro s?mbolo del poder americano, apunt?ndose como m?s probables la residencia presidencial en Camp David, la Casa Blanca o el Capitolio. La retransmisi?n en directo por las televisiones de todo el mundo de la cadena de cat?strofes multiplic? la fuerza del impacto emocional sobre la opini?n p?blica.

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