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Viernes, 17 de febrero de 2006
1. De conspirador violento a dirigente expeditivo
Naci? en el seno de una familia de campesinos sin tierras de la aldea de Al Ajwa, m?sero asentamiento de caba?as de adobe a orillas del r?o Tigris y sito a ocho kil?metros de Tikrit, una peque?a ciudad de provincias con un presente de pobreza y subdesarrollo. La parentela familiar pertenec?a al clan Al-Bejat de la tribu de musulmanes sunn?es de Al-Bu Nasir, dominante en la regi?n, que luego se aliar?a en una federaci?n con las tribus Al-Bu Ajil y Al-Shayaisha.

El padre, Hussein al-Majid, falleci? s?lo meses antes de nacer el ni?o, si bien fuentes biogr?ficas sugieren que abandon? a su esposa, Subha Tulfah (fallecida en 1983), ya fuera poco antes o poco despu?s de venir al mundo Saddam, y, de paso, que pudo no haber sido su padre biol?gico siquiera. Sea como fuere, desde los diez a?os Saddam qued? al amparo de su t?o materno, Jairallah Tulfah, sunn? devoto y riguroso oficial del Ej?rcito que en 1941 fue expulsado del mismo y encarcelado por su militancia antibrit?nica y pronazi. Tras ser liberado en 1946, Tulfah, que era tambi?n un anticomunista visceral, se gan? la vida como maestro de escuela en Tikrit.

El muchacho empez? a recibir la educaci?n primaria a los nueve a?os, si bien mientras vivi? con el segundo marido (y primo carnal, a la saz?n) de su madre, Hass?n al-Ibrahim, recibi? un trato brutal, fue obligado a pastorear reba?os de cabras o a realizar trapicheos y hurtos para subvenir las necesidades de un n?cleo familiar que no generaba rentas de trabajo, y apenas asisti? a clase. Con todo, consigui? terminar la primaria y en 1955 se traslad? a Bagdad junto con su familia de adopci?n para proseguir su formaci?n en el instituto de secundaria Al Jark, foco de un radicalismo estudiantil que se nutr?a del odio a la monarqu?a hachem? reinante y a Estados Unidos y el Reino Unido, los cuales adoptaron aquel a?o el Pacto de Bagdad para preservar la regi?n de las influencias comunistas.

El contacto con el ambiente pol?tico de Bagdad le separ? a Saddam de su inicial educaci?n religiosa y tradicional. En 1957, luego de ser rechazado en la Academia Militar por su pobre curr?culum escolar e influenciado decisivamente por su t?o, que en estos a?os aparece como el mentor ideol?gico del futuro dirigente, se incorpor? al entonces min?sculo Partido del Renacimiento ?rabe Socialista (Baaz), seducido por sus ideales laicos, nacionalistas y revolucionarios. Notorios anticolonialistas irak?es hab?an nacido en el ?rea de Tikrit, a 160 km al noroeste de Bagdad, que fue tambi?n la patria de Saladino, el gran sult?n turco-kurdo conquistador de Jerusal?n a los cruzados en 1187.

Joven de f?sico intimidador, naturaleza violenta y pendenciera, y partidario de la acci?n directa, los bi?grafos no oficiales remontan el primer asesinato pol?tico de Saddam, el de un militante comunista de Tikrit y mediante un disparo en la cabeza, a octubre de 1958. Estas mismas fuentes aseguran que dicho crimen, al parecer, instigado o medio ordenado por Jairallah Tulfah, les vali? a sobrino y t?o compartir celda en la prisi?n de la ciudad durante medio a?o.

Una vez liberado por falta de pruebas, la direcci?n del Baaz incluy? a Saddam, entonces valorado ?nicamente por sus dotes de esbirro, en un comando de diez hombres con la misi?n de asesinar al primer ministro Abdel Karim Kassem. ?ste, general del Ej?rcito, hab?a derrocado la monarqu?a hachem? el 14 de julio de 1958, en un sangriento golpe de Estado que cost? la vida al joven rey Faysal II, al primer ministro Ahmad Mujtar Baban, al ex primer ministro Nuri as-Said y al antiguo regente Abdallah ibn Al?, y que hab?a dado paso a una dictadura militar de tipo nacionalista, antioccidental y prosovi?tica, pero al mismo tiempo enemiga declarada del nasserismo y el panarabismo socializante que esgrim?a el Baaz.

El 7 de octubre de 1959 el comando de Saddam ametrall? en una emboscada el veh?culo de Kassem en el centro de Bagdad. A diferencia de su ch?fer y su edec?n, el general pudo salvar la vida con heridas leves gracias a que, seg?n parece, Saddam pretendi? apuntarse el m?rito del magnicidio e incurri? en precipitaci?n abriendo fuego a destiempo. Herido en la pierna izquierda, protagoniz?, siempre seg?n la leyenda oficial, una rocambolesca fuga. Como ning?n m?dico quer?a curarle, ?l mismo se sac? la bala de la pantorrilla con una hoja de afeitar. Consigui? llegar a Tikrit y de ah? parti?, a trav?s de Siria, a Egipto, a donde lleg? el 21 de febrero de 1960. En Bagdad le aguardaba una sentencia a muerte in absentia.

Colocado bajo la protecci?n del rais Gamal Abdel Nasser, en El Cairo Saddam retom? la actividad pol?tica en el Mando Regional egipcio del Baaz, as? como los estudios en la escuela superior Al Qasr An Nil, donde termin? su educaci?n secundaria. Muy interesado en su instrucci?n, en 1962, becado por el Gobierno egipcio, se matricul? en la Facultad de Derecho de la universidad capitalina, donde no pudo terminar la carrera por las circunstancias pol?ticas y quiz? por sus limitaciones acad?micas. De todas formas, en 1971, ya aupado al poder en Irak, Saddam oblig? a la Universidad Al Mustansiriya de Bagdad a otorgarle el diploma de jurista, seg?n se asegura, compareciendo a los ex?menes vestido de uniforme y -no pudo ser m?s contundente la intimidaci?n- depositando su pistola sobre el pupitre a la vista de alumnos y profesores.

El 8 febrero de 1963 Kassem fue derrocado y ejecutado en un golpe conjunto de baazistas y nasseristas dirigido por el coronel Ahmad Hass?n al-Bakr, alto dirigente del Baaz y pariente de Saddam (era un primo de su madre y del t?o Jairallah Tulfah), que dej? un elevado n?mero de cad?veres en Bagdad al ofrecer resistencia los efectivos afectos y los militantes comunistas. Bakr se convirti? en primer ministro y el nasserista Abdel Salam Muhammad Aref en presidente de la Rep?blica y el Consejo del Mando Revolucionario (CMR), o junta pol?tico-militar. Sin dilaci?n, Saddam retorn? de Egipto junto con otros exiliados para ponerse al servicio de las nuevas autoridades e integrarse en las estructuras del Baaz, donde pas? a desempe?ar labores de inteligencia, de seguridad interna del partido y de persecuci?n de enemigos pol?ticos, con los comunistas como v?ctimas predilectas.

Antes de terminar el a?o, en noviembre, se produjo la depuraci?n de los ultraviolentos baazistas civiles, el ala izquierdista encabezada por Al? Salih as-Saadi, el secretario general del partido ya destituido en el verano como ministro del Interior, merced a la alianza entre la facci?n militar del Baaz, m?s moderada y leal a Bakr, quien perdi?, empero, el puesto de primer ministro, y los nasseristas de Aref, el cual por su parte aprovech? las divisiones internas en sus cada vez m?s inc?modos compa?eros de viaje para asegurarse todo el poder en el CMR y establecer la Uni?n Socialista ?rabe como virtual partido ?nico. Saddam permaneci? fielmente del lado de Bakr, testimoniando su apego, fundamentalmente, y por no decir exclusivamente, a los v?nculos de paisanaje y de sangre, lo que favoreci? su aceptaci?n como baazista de pleno derecho y miembro del Mando Regional del partido.

Sobre este fondo permanente de violencias y tensiones, en octubre de 1964 Saddam, fue arrestado, no sin recibir a tiros a los oficiales que ven?an a prenderle, bajo la acusaci?n de conspirar contra la vida del jefe del Estado. En 1965 segu?a en prisi?n cuando el VIII Congreso Regional del Baaz le eligi? vicesecretario general del Mando Regional irak?, teniendo como ?nico superior a Bakr, que hab?a recobrado la libertad despu?s de conocer su propia experiencia carcelaria.

En otro episodio que ciment? su aureola de hombre ind?mito, en julio de 1966 Saddam consigui? evadirse de la c?rcel aprovechando su traslado a otro centro, aunque se sospecha que el Gobierno pudo facilitar esta huida, extremo que, de ser cierto, suscita especulaciones sobre un posible doble juego de Saddam. Tres meses atr?s, Aref hab?a perecido en un accidente de helic?ptero y le hab?a sucedido en la Presidencia su propio hermano, Abdel Rahm?n Muhammad Aref, un nasserista bastante tibio cuya falta de implacabilidad le convert?a en blanco f?cil de todo tipo de complots, en un pa?s donde las luchas pol?ticas se dirim?an y se dirimen a tiros.

Desde la clandestinidad, Saddam organiz? una milicia baazista, el Jihaz Haneen, que iba a jugar un papel decisivo en el golpe de Estado perpetrado por Bakr el 17 de julio de 1968. Aref fue derrocado con suma facilidad, no hubo derramamientos de sangre y el Baaz retorn? al poder, pero esta vez con la intenci?n de usufructuarlo en exclusiva. En marzo anterior, el Baaz irak? se hab?a separado definitivamente del Baaz de Siria, donde ostentaba el poder desde 1963, as? que el Mando Regional de Bagdad, con Bakr como secretario general y Saddam como vicesecretario, pas? a funcionar con independencia del Mando Nacional (es decir, supranacional), el cual formalmente sigui? existiendo bajo la jefatura de uno de los fundadores del partido hist?rico, el cristiano sirio Michel Aflak, que fij? su residencia en Bagdad, y cooptado de hecho por el poder irak?.

Luego de tomar parte activa en el asalto al poder, concretamente en la captura del palacio presidencial, Saddam recibi? de Bakr el encargo de organizar el aparato de seguridad e inteligencia del nuevo r?gimen. Su primer cometido fue deshacerse, el 30 de julio, de dos altos mandos militares no baazistas cuyo concurso en el reciente golpe hab?a sido necesario, los generales Abdel Razzaq Said an-Najif e Ibrahim al-Daud, los cuales hab?an accedido a sumarse a la conjura contra Aref a cambio de ser nombrados primer ministro y ministro de Defensa, respectivamente. Najif fue prendido por Saddam en persona a punta de pistola en el palacio presidencial de Bagdad. En cuanto a Daud, se enter? de su destituci?n cuando estaba en Jordania inspeccionando las tropas irak?es estacionadas en el pa?s vecino desde la Guerra de los Seis D?as. Ambos fueron enviados al exilio.

2. Fact?tum en la c?pula de partido Baaz
En tanto que hombre de la m?xima confianza de Bakr -presidente de la Rep?blica, presidente del CMR y primer ministro- y cancerbero servil del r?gimen, Saddam inici? un ascenso irresistible a la c?pula del poder pol?tico. Tras el llamado "golpe correccional" del 30 de julio de 1968 fue designado vicepresidente en funciones del CMR y en noviembre de 1969 se convirti? en vicepresidente de la Rep?blica y el CMR le confirm? como su vicepresidente.

Como proleg?meno de esta ?ltima promoci?n, Saddam se encarg? de ajustar cuentas con el ex primer ministro nasserista (1965-1966) Abdel Rahm?n al-Bazzaz: arrestado, torturado y condenado a 15 a?os de prisi?n en octubre de 1969, Bazzaz termin? siendo ejecutado en 1973. Incansable, Saddam puso su mirada ahora en dos poderosos jerifaltes militares baazistas que ?l ve?a amenazadores para su proyecto de poder.

Estos eran el general Hard?n Abdel Ghafar at-Tikriti, viceprimer ministro, ministro de Defensa y eminencia gris del golpe de 1968, que fue defenestrado el 5 de octubre de 1970 y mandado liquidar en Kuwait el 30 de marzo de 1971, y Salih Mahdi Ammash, el otro vicepresidente del CMR as? como ministro del Interior, que en septiembre de 1971 fue rebajado al puesto de embajador en Mosc? y que una d?cada m?s tarde iba a morir en activo, en principio por causas naturales. Ahmad Shihab y Saadun Ghayd?n se hicieron cargo de los ministerios de Defensa e Interior, respectivamente.

La desaparici?n de aquellas dos personalidades represent? el triunfo de Saddam y la rama civil del Baaz sobre el estamento militar, una cuesti?n que el futuro dictador hab?a perseguido con ah?nco. Libre ya de potenciales rivales por la sucesi?n de Bakr, Saddam se erigi? en el indiscutible lugarteniente del presidente y en el principal delegado de la pol?tica irak? tanto interior, al coordinar las centrales de inteligencia y la polic?a secreta, como exterior, al pasar a asumir lo esencial de las misiones de representaci?n diplom?tica ante los pa?ses con los que Irak ten?a relaciones.

Saddam jug? tambi?n un papel fundamental en la trascendental decisi?n del r?gimen, el 1 de junio de 1972, de nacionalizar la Compa??a de Petr?leos Irak? (IPC), operaci?n que gener? un fabuloso incremento de los ingresos petroleros y que a partir de 1976 permiti? impulsar los programas de armamento de destrucci?n masiva, tanto nuclear como qu?mico y bacteriol?gico, as? como el rearme a gran escala en las categor?as de armamento convencional.

Por lo que se refiere a la pol?tica exterior irak? de estos a?os, el radicalismo y la belicosidad de los baazistas, especialmente intransigentes con Israel, bien hizo fluctuantes los tratos con Siria, Ir?n y la URSS, bien los dificult? extraordinariamente con la mayor?a de los dem?s pa?ses ?rabes. La aparatosa intervenci?n militar siria en L?bano en 1976 para impedir la derrota de los cristianos derechistas frente a los palestinos y las milicias libanesas de izquierda marc? un fuerte deterioro en las relaciones con el pa?s vecino y rival, desde 1970 dirigido con mano de hierro por Hafez al-Assad, un militar baazista hostil -al igual que Saddam- a las veleidades marxistas en la rama siria del partido.

Precisamente, como se apunt? arriba, a ra?z del cisma ideol?gico con Damasco el Baaz irak? recibi? el parabi?n de Michel Aflak, acogido de buena gana en Bagdad, donde se recordaba la protecci?n brindada por el prestigioso ide?logo a Saddam cuando su exilio damasceno en 1959-1960. Un ?ltimo intento de aproximaci?n sirio-irak? entre 1978 y 1979, al calor de las catilinarias comunes contra el Egipto de Anwar as-Sadat por sus acuerdos de paz con Israel, que incluso decidi? restablecer el mando unificado del Baaz, se frustr? cuando Saddam se hizo con todo el poder. Poco antes de esta mudanza, el 29 de enero de 1979, Saddam lleg? a entrevistarse con Assad en Damasco.

Finalmente, el 10 de octubre de 1980, despu?s de que los sirios apoyaran a Ir?n frente a la agresi?n militar irak?, Saddam orden? la ruptura de relaciones diplom?ticas con Siria (y de paso con Libia, su aliado); en lo sucesivo, Saddam y Assad se iban a considerar enemigos mortales de sus respectivos proyectos de engrandecimiento nacional y de liderazgo en el mundo ?rabe.

El 6 de marzo de 1975 Saddam firm? en Argel con el sha Mohammad Reza Pahlevi un acuerdo para la delimitaci?n fronteriza del Chatt Al Arab, la confluencia de los r?os Tigris y ?ufrates antes de desaguar en el golfo P?rsico, por el que Irak ced?a la orilla izquierda del estuario a cambio del cese por Ir?n de su ayuda a la guerrilla kurda, que, como consecuencia fulminante, se derrumb? tras 14 a?os de lucha.

Por la parte sovi?tica, Saddam viaj? a Mosc? en 1971 y el 7 de abril de 1972 devolvi? la visita el primer ministro Al?ksei Kosygin, para la firma de un Tratado de Amistad y Cooperaci?n de 15 a?os de validez. La firme l?nea prosovi?tica de Irak en estos a?os se tradujo, en 1973, en la entrada en el Gobierno de ministros comunistas, todo un viraje al cabo de tantos a?os de sa?udas persecuciones, si bien la novedad result? ef?mera y en v?speras de su salto a la Presidencia Saddam retorn? al exterminio de comunistas con m?s br?os que nunca.

La URSS fue en estos a?os el principal proveedor de armamento convencional de Irak, mientras que Francia se avino a vender la infraestructura necesaria y uranio enriquecido para sacar adelante el ambicioso programa nuclear, enmascarado como para usos civiles, cuyo flor?n era el reactor at?mico experimental Tammuz, en Al Tuwaitha, en las inmediaciones de Bagdad.

Esta instalaci?n fue destruida en un raid a?reo israel? el 7 de junio de 1981, propinando un golpe pr?cticamente de gracia a los perturbadores sue?os de grandeza de Saddam, resuelto a convertir Irak en la primera potencia nuclear del mundo ?rabe. Semejante perspectiva, con toda l?gica, resultaba intolerable a Israel, que fundaba su concepto de supervivencia como Estado en un mar de hostilidad ?rabe en la supremac?a tecnol?gica en todos los niveles de la defensa y en la capacidad de disuasi?n por la tenencia, encubierta oficialmente pero por todos conocida, de su propia capacidad nuclear.

3. Asunci?n de todo el poder y campa?a b?lica contra Ir?n
El 16 de julio de 1979, culminando una paulatina socavaci?n de autoridad y de poder, Saddam apart? del mando nominal a Bakr, el hombre a cuya sombra hab?a hecho lo fundamental de su carrera y que a estas alturas era b?sicamente una figura decorativa. El veterano baazista fue oportunamente jubilado en una alternancia palaciega absolutamente limpia que cont? con la resignada aquiescencia del afectado, responsable de comunicar a la naci?n su propia purga disfrazada con razones de salud y probablemente bajo amenazas del beneficiario.

Se trat? de la quinta mudanza en la primera poltrona del pa?s en 21 a?os, pero la primera en la que no mediaron circunstancias dram?ticas. Despu?s de anunciarse la defunci?n de Bakr el 4 de octubre de 1982 como v?ctima de una larga enfermedad, result? inevitable que se propalara la especie de que Saddam hab?a tenido que ver con el deceso.

Saddam adquiri? todas las atribuciones de su antiguo protector: presidente de la Rep?blica, presidente del CMR, primer ministro, secretario general del Baaz y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. A pesar de carecer de cualquier formaci?n castrense, Saddam ostentaba el gal?n de teniente general desde 1973 y el de general desde enero de 1976. Pero ahora no tuvo reparos en autonombrarse mariscal de campo del Ej?rcito irak?.

Apoyado en sus familiares y paisanos de Tikrit y en el factor sunn?, e insistiendo en el m?todo de la eliminaci?n f?sica de los que consideraba sus enemigos, Saddam implant? una f?rrea dictadura personal y se dispuso a hacer realidad su ambici?n de liderar la naci?n ?rabe, hu?rfana de un conductor carism?tico desde la muerte de Nasser en 1970. Entonces, Egipto, el m?s importante pa?s ?rabe, se encontraba marginado debido a la estrategia pacifista con Israel del presidente Sadat. Fue precisamente en Bagdad el 31 de marzo de 1979, cinco d?as despu?s del tratado de paz egipcio-israel?, donde la Liga ?rabe, reunida con urgencia, resolvi? castigar a Egipto con la suspensi?n de pertenencia y la ruptura de relaciones diplom?ticas por los estados miembros.

S?lo unos d?as despu?s de la asunci?n presidencial de Saddam se practicaron una serie de arrestos que afectaron a cinco miembros del CMR, inclusive su secretario general, Abdel Hussein Mashhadi, y a cientos de cuadros baazistas, oficiales del Ej?rcito y responsables gubernamentales. Tras acusarles por sorpresa en un mitin del partido que se revel? como un juicio con sentencia dictada de antemano tan grotesco como sumar?simo, el 8 de agosto fueron pasadas por las armas una veintena de personalidades supuestamente involucradas en tratos conspirativos con Damasco, aunque su pecado no era otro que haberse opuesto a la defenestraci?n de Bakr y al ascenso de Saddam. Y a?n ese, ya que s?lo Saddam, director de este brutal drama con que quiso inaugurar su despotado, conoc?a los motivos que sellaron la suerte de unos y dejaron con vida a otros.

Entre los ejecutados estuvieron Muhy Abdel Saddam, secretario del CMR, y el hist?rico ide?logo baazista Abdel Jaliq as-Samarraj, en prisi?n desde julio de 1973 con una cadena perpetua por estar involucrado en un intento de asesinar a Saddam y Bakr orquestado por el entonces jefe del Servicio de Seguridad General o Al Amn Al Amm, Nadhim Kazzar (aquel complot de julio de 1973 fue abortado y termin? con la muerte del ministro de Defensa Shihab, tomado como reh?n por Kazzar, y las ejecuciones sumarias del propio Kazzar y de otros 30 oficiales de la Seguridad General y el partido). Antes de la asunci?n presidencial, el largo brazo de los servicios secretos a las ?rdenes de Saddam se divis? en el asesinato del ex primer ministro Najif en su exilio londinense el 9 de julio de 1978.

Con posterioridad a la asunci?n y a las purgas que la prologaron, otras personalidades cayeron v?ctimas de la inquina de Saddam. Abdel Karim ash-Shaijli, antiguo compa?ero de correr?as baazistas, desde 1968 brillante ministro de Exteriores y miembro del CMR hasta septiembre de 1971, cuando fue degradado al puesto de embajador de Irak ante la ONU, fue impunemente asesinado en 1980 en plena calle de Bagdad, cuando ya estaba retirado del servicio diplom?tico; los ex miembros del CMR Riyadh Ibrahim y Shafiq Abdel Jabbar al-Kamali fueron fusilados en junio de 1982; y el militar Tahir Yahya, que sirviera como primer ministro dos veces en el r?gimen de los hermanos Aref, muri? en 1986 en la c?rcel.

Saddam orient? las relaciones exteriores hacia Occidente. En este sentido, la persecuci?n masiva del Partido Comunista en 1979 da?? irremisiblemente las hasta entonces privilegiadas relaciones con Mosc?. Ansioso de convertirse en el nuevo gendarme del golfo P?rsico tras el derrocamiento del sha en febrero de 1979 en la revoluci?n liderada por el ayatollah Ruhollah Jomeini (exiliado en Najaf, ciudad santa del shi?smo, hasta que fue expulsado por orden de Saddam en 1978 a demanda del sha), el presidente irak? empez? por minar los acuerdos de Argel de 1975, que hasta entonces ambas partes hab?an respetado escrupulosamente; primero, reclamando las islas Tumb, que Ir?n se hab?a atribuido en 1971 luego de desbaratar Saddam un intento de golpe de oficiales armados por Teher?n, y a continuaci?n, reanudando la ayuda a la comunidad ?rabe del Juzest?n, en el oeste de Ir?n.

La amenaza de las autoridades de Teher?n con exportar la revoluci?n isl?mica a Irak y sus llamamientos a los millones de shi?es locales para que se rebelaran contra los gobernantes "imp?os" de Bagdad (lo que de alguna manera ya estaba sucediendo desde 1977), brindaron a Saddam el pretexto para lanzar una guerra rel?mpago cuyo objeto ser?a, m?s que destruirla, derrotar a la Rep?blica Isl?mica en el campo de batalla para luego arrancarle un tratado de paz favorable, con la ampliaci?n de la exigua franja costera irak? en el Golfo como principal cesi?n.

En el verano de 1980, con los ecos de una limpieza religiosa que alcanz? a decenas de miles de ciudadanos shi?es, despojados de sus propiedades y deportados a Ir?n, y en el caso de sus dirigentes, ejecutados, Saddam consider? madura la situaci?n por las grandes dificultades que hallaba para consolidarse el r?gimen revolucionario, el cual, desgarrado por disidencias de toda ?ndole y con el Ej?rcito diezmado por las purgas de los jomeinistas, parec?a precisar s?lo una presi?n adicional para desmoronarse. El 17 de septiembre el Gobierno de Bagdad declar? derogados los acuerdos de Argel al tiempo que acusaba a Teher?n de "violaciones repetidas y flagrantes de la soberan?a irak?". El 22 de septiembre el Ej?rcito irak? invadi? Ir?n por diversos puntos, desbordando una defensa desorganizada y avanzado con rapidez.

Los ?xitos iniciales de las huestes de Saddam, empero, no pudieron culminarse por la dispersi?n de los objetivos a tomar y para enero de 1981 Ir?n pas? a la contraofensiva. La reacci?n persa, cuya inicial debilidad militar qued? compensada por la exaltaci?n del martirio de sangre y el ardor fan?tico de los Guardianes de la Revoluci?n, los Pasdar?n, lanzados en masa contra las defensas irak?es en sucesivas ofensivas de infanter?a al estilo de la Primera Guerra Mundial, coloc? al dictador irak? ante la perspectiva imprevista de una larga guerra de desgaste a lo largo de un estrecho frente de trincheras en las marismas del Chatt Al Arab, para la que sus tropas no estaban preparadas a menos que se las dotara del m?s moderno armamento y en enormes cantidades.

Entonces sali? a relucir la impericia militar de Saddam como comandante en jefe, que hab?a comenzado el conflicto sin tener una idea clara de c?mo terminarlo, tend?a a sobrevalorar sus fuerzas, era r?gido en su t?ctica y un estratega a?n peor, am?n de entrometerse hasta en los m?s nimios detalles de las operaciones, desorientando a los militares de carrera. Confrontado con los reveses en el frente, Saddam pod?a mandar fusilar a oficiales que se hab?an replegado, una pr?ctica que en nada ayud? a la moral de los hombres bajo su mando. Si en el bando iran? el acicate de la combatividad era la religi?n y el orgullo nacional de la patria agredida, en el irak? pesaba sobre todo el miedo a la represalia de Saddam.

El 27 de septiembre de 1981 los iran?es levantaron el cerco a su ciudad de Abad?n y el 24 de mayo de 1982 recuperaron la cercana Jorramshahr, capturada por los irak?es al mes de comenzar la guerra. El general irak? responsable de las operaciones en el sector respondi? del desastre ante el pelot?n de ejecuci?n, aunque no faltan fuentes que apuntan, como en otros sucesos similares anteriores y posteriores, a su eliminaci?n personalmente por Saddam pistola en mano. Para junio de 1982 Irak hab?a perdido la totalidad del suelo iran? invadido dos a?os atr?s y el 14 de julio hubo de defender su propio territorio cuando el enemigo se lanz? en tromba tras la frontera para la conquista de Basora.

Para contener las oleadas de atacantes iran?es, Saddam aument? los pedidos de armas a Occidente, emple? gases t?xicos en el frente (desde Teher?n, Jomeini orden? no responder con el mismo arma), y para desasirse de una guerra ruinosa, multiplic? las ofertas de alto el fuego sobre la base del Acuerdo de Argel, sin otro deseo que hacer borr?n y cuenta nueva de lo sucedido y regresar a las posiciones anteriores a la invasi?n de septiembre de 1980.

Tambi?n estrech? los lazos con los reg?menes ?rabes moderados, como Egipto, Jordania y las monarqu?as del Golfo, todos los cuales estaban interesados en la neutralizaci?n de la amenaza iran?. El 18 de marzo de 1985 viajaron a Bagdad para expresarle su apoyo el rey Hussein de Jordania y el presidente egipcio Hosni Mubarak, a pesar de que oficialmente, por mandato de la Liga ?rabe, Bagdad y El Cairo no ten?an relaciones diplom?ticas; ?stas se restablecieron en noviembre de 1987 luego de as? autorizarlo la Liga ?rabe en su cumbre de Amm?n.

Con el objeto de contrarrestar el discurso de Teher?n, que le trataba de ap?stata, Saddam ensay? la ret?rica religiosa, de la que en la d?cada siguiente iba a dar rienda suelta en su enfrentamiento con Estados Unidos, y del choque de civilizaciones, presentando la guerra como el ?ltimo episodio del enfrentamiento multisecular entre los ?rabes sunn?es y los persas shi?es. La reclamaci?n de legitimidad religiosa por un dirigente absolutamente laico que hasta entonces no hab?a dado muestras de piedad u observancia isl?micas incluy? el proclamarse descendiente directo del Profeta Mahoma. En este regateo de la clientela espiritual con Teher?n, Saddam no tuvo empacho en presentar un ?rbol geneal?gico "revisado", irrisoriamente burdo y ofensivo para los creyentes, en el que hac?a remontar su estirpe hasta el califa Al?, yerno del Profeta y primer im?n del shi?smo.

Para Europa Occidental y Estados Unidos, potencia que el 26 de febrero de 1982 le borr? de su lista de pa?ses patrocinadores del terrorismo internacional, s?lo tres a?os despu?s de haberle incluido, y que el 26 de noviembre de 1984 restableci? las relaciones diplom?ticas interrumpidas en 1967, Irak era un valladar frente al expansionismo shi? en particular e isl?mico en general, luego les interesaba invertir en la victoria de Saddam.

En esta l?nea de apoyo y refuerzo de las opciones militares de Saddam se inscribi? la visita el 19 de diciembre de 1983 de Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa de Estados Unidos y ahora enviado especial del presidente Ronald Reagan para Oriente Pr?ximo, supuestamente para ofrecerle im?genes por sat?lite de las posiciones iran?es, helic?pteros de combate, agentes para sintetizar gas sar?n y hasta cultivos bacterianos para desarrollar bombas de ?ntrax y botulismo.

El caso fue que, hasta el final de la guerra, Saddam recibi? de Estados Unidos todo este material, con especial ?nfasis en la informaci?n de inteligencia sobre las posiciones y capacidades militares iran?es. La contribuci?n al arsenal bacteriol?gico irak? por la superpotencia americana habr?a incluido tambi?n una cepa del virus de la fiebre del Nilo occidental. Igualmente, pa?ses como el Reino Unido, Alemania, China y, sobre todo, Francia, se cuidaron de que los arsenales irak?es estuvieran bien pertrechados, tanto los convencionales como los de destrucci?n masiva.

Como la URSS tampoco ve?a con buenos ojos al jomeinismo por un eventual contagio desestabilizador de sus rep?blicas musulmanas, pese al desagrado que le hab?an causado los encarcelamientos y ejecuciones de comunistas en Irak, sigui? suministrando armamento en secreto. Ello convirti? a Irak en un raro caso de m?ltiple clientelismo en la Guerra Fr?a.

Desde comienzos de 1983 la guerra entr? en un punto muerto, de equilibrio entre el potencial humano iran? y la superioridad cualitativa irak?. Saddam intent? arrancar el armisticio mediante el bombardeo con aviaci?n y misiles de la retaguardia iran?, tanto objetivos urbanos como los nudos de producci?n y de distribuci?n de petr?leo. Tambi?n termin? por ordenar la movilizaci?n de todos los hombres en edad de luchar que no fueran imprescindibles para mantener en marcha la maquinaria de la sociedad y la econom?a irak?es.

La escalada de la batalla econ?mica, con sus fases de guerra de las ciudades y guerra de los petroleros, puso en serio peligro la navegaci?n en el golfo P?rsico y alarm? a los gobiernos de las grandes potencias. ?stos enviaron una flota de buques de guerra para escoltar el comercio del crudo, y, de paso, ofrecer una cortina protectora para las represalias a?reas de Irak contra los petroleros, puertos y terminales iran?es, aunque tambi?n empezaron a apostar, a trav?s de la ONU, por un alto el fuego satisfactorio para ambas partes.

En febrero de 1986 el Ej?rcito iran?, en una gran ofensiva rel?mpago, Aurora VIII, atraves? el Chatt Al Arab, tom? el puerto de Al Fao, del que arrancaba el oleoducto submarino que conectaba con las terminales petroleras offshore de Jor Al Amaya y Mina Al Bakr, aniquil? a los 10.000 soldados irak?es que lo defend?an y avanz? en direcci?n a la frontera con Kuwait, mientras otra pinza amagaba contra Basora por el norte.

Pero el Ej?rcito de Saddam aguant? su m?s serio aprieto desde el comienzo de la guerra y en los meses siguientes evit? las ca?das de la citada segunda ciudad del pa?s y del puerto de Umm Qasr, a tiro de piedra de territorio kuwait?, que era la ?ltima salida al mar que le quedaba a Irak. Las desesperadas ofensivas Karbala de 1986 y 1987 se estrellaron una y otra vez contra las bien pertrechadas defensas irak?es, mientras que en el Golfo, Estados Unidos adopt? una posici?n de beligerancia activa contra Ir?n.

La balanza militar empez? a inclinarse del lado de Irak, que retom? la iniciativa en el Kurdist?n y los frentes meridionales. El 18 de abril de 1988 los irak?es recuperaron en pocas horas Al Fao y en las semanas siguientes reconquistaron todos los territorios propios perdidos desde 1982. Poco antes, el 16 y el 17 de marzo, su aviaci?n hab?a atacado con gases mostaza, sar?n, tab?n y VX la poblaci?n kurda de Halabja, en la provincia de Sulaymaniyah, que hab?a sido conquistada en la v?spera por los iran?es con el apoyo de guerrilleros kurdos, matando entre 3.000 y 5.000 civiles.

La masacre de Halabja, que no fue sino el episodio m?s publicitado de una vasta operaci?n militar antikurda cuyo nombre clave era Anfal (en ?rabe, bot?n), desarrollada en ocho ofensivas aeroterrestres hasta septiembre de 1988, suscit? en c?rculos oficiales el primer debate serio sobre el uso que el dictador irak? estaba haciendo de las armas que se le suministraban, adem?s de recordar la existencia de una guerra de exterminio, con visos de genocidio, en el Kurdist?n. Pero no hubo exactamente un revuelto internacional. Los medios de comunicaci?n insertaron el espantoso episodio en el reguero diario de informaciones que generaba la interminable guerra del Golfo, desdibujando su dimensi?n y significado.

Como hab?a sucedido con las denuncias por la ONU del uso de armas qu?micas en los frentes iran?es en los a?os anteriores, los gobiernos occidentales, con el de Washington a la cabeza, prefirieron desdramatizar lo sucedido en Halabja y manejaron el asunto de una manera tal que parec?a que lamentaran que no hubiesen sido los iran?es los autores de aquel horror. Estados Unidos dio otras muchas muestras de condescendencia con Saddam. As?, marcando un asombroso contraste con la actitud desplegada s?lo tres a?os m?s tarde ante la invasi?n de Kuwait, Washington acept? de buenas a primeras las disculpas irak?es por el bombardeo por error con un misil Exocet de la fragata USS Stark, el 17 de mayo de 1987, que mat? a 28 marineros.

Confrontada con la evidencia de que Occidente no iba a permitir la derrota militar de Irak y agotada por el terrible coste humano de la contienda, el 18 de julio Ir?n transigi? y acept? la resoluci?n 598 del Consejo de Seguridad de la ONU del 20 julio de 1987 que llamaba al alto el fuego pero no determinaba al agresor, el cual, objetivamente, no era otro sino Irak. El 26 de julio Bagdad anunci? la retirada de los territorios ocupados en el Juzest?n, el 8 de agosto las delegaciones negociadoras acordaron el cese de hostilidades y el 20 de agosto la guerra concluy? oficialmente, si bien las armas callaron al menos diez d?as antes.

4. Invasi?n de Kuwait y segunda guerra del Golfo
Irak sali? de la guerra con un p?rrico estatus de vencedor, si se considera la evoluci?n de la contienda desde 1987, no as? en su conjunto, pero el pa?s estaba exang?e tras ocho a?os de lucha extremadamente letal que le hab?a causado de 200.000 a 300.000 muertos entre militares y civiles (las bajas iran?es fueron, como m?nimo, tres veces superiores) y enormes destrucciones en infraestructuras econ?micas clave. Por el contrario, las Fuerzas Armadas fueron r?pidamente repuestas con nuevas remesas de armamento importado de los pa?ses proveedores.

Los costes de la reconstrucci?n, unos 230.000 millones de d?lares, y el pago de la deuda adquirida con las monarqu?as del Golfo, otros 85.000 millones (de los que tres cuartas partes correspond?an a la adquisici?n de armas), produjeron fuertes desequilibrios en las balanzas de pagos y comercial, para cuya correcci?n los ingresos del petr?leo se mostraron insuficientes. El volumen de las exportaciones en 1989, 14.200 millones de d?lares, no cubri? siquiera los costes combinados del servicio de la deuda y la importaci?n de alimentos aquel a?o. A las dificultades econ?micas se a?adi? la perturbaci?n social causada por la desmovilizaci?n de cientos de miles de combatientes.

Confiado de la tolerancia de Estados Unidos, un pa?s siempre ligado a su trayectoria y no pocas veces en un sentido positivo para ?l (mucho se ha hablado sobre hipot?ticos contactos con la CIA, ya en las primeras etapas de su carrera, en los primeros a?os sesenta) y el poder?o militar de Irak, descrito entonces como entre los m?s temibles del mundo, al menos cuantitativamente, Saddam plane? un envite formidable y arriesgado: la invasi?n del Emirato de Kuwait.

El peque?o y opulento Estado regido por la dinast?a absolutista de los Al Sabah hab?a sido junto con Arabia Saud? el principal sustentador financiero de Irak durante la guerra con Ir?n, desarrollada ante sus mismas puertas. Pero Kuwait ahora estaba frustrando en el seno de la Organizaci?n de Pa?ses Exportadores de Petr?leo (OPEP) las urgencias irak?es a las monarqu?as del Golfo para que pusieran fin a su pol?tica de producir por encima de los topes estipulados, raz?n del abaratamiento del barril en el mercado internacional, con el consiguiente quebranto para los ingresos de Irak. Desde la l?gica de Saddam, la posesi?n de Kuwait no s?lo terminar?a con los apuros econ?micos de de Irak, sino que a ?l le convertir?a en el nuevo caudillo del mundo ?rabe, el nuevo Nasser, y en el ?rbitro del golfo P?rsico como poseedor de un colosal imperio petrolero.

En julio de 1990 el Gobierno irak? sum? a sus cr?ticas por la producci?n excesiva de petr?leo por Kuwait y su negativa a concederle una moratoria del servicio de la deuda de guerra la denuncia de sustracciones ilegales desde 1980 de los pozos compartidos en el campo de Rumaila, al oeste de Basora, por lo que exig?a compensaciones millonarias. De ah? pas? a reivindicar la soberan?a de las islas costeras de Warbah y Bubiy?n para reforzar la salida irak? al mar, limitada a la pen?nsula de Al Fao y el pedazo de costa anexo, y finalmente cuestion? la misma soberan?a de Kuwait, que fuera un mero distrito administrativo de Basora bajo la dominaci?n otomana y luego una provincia que los brit?nicos separaron del reino de Irak en 1932 y a la que otorgaron la independencia por separado en 1961.

Saddam pens? probablemente que el mundo no iba a rasgarse las vestiduras ante una recomposici?n de fronteras por la fuerza, por una ocupaci?n militar, como hab?a sucedido con las aventuras imperialistas de Estados Unidos y la URSS en el Tercer Mundo, o con las presencias de Israel, Siria, Marruecos, China e Indonesia en Cisjordania, L?bano, S?hara Occidental, T?bet y Timor Oriental, respectivamente, todas ellas impuestas a la comunidad internacional como hechos consumados.

Convencido de que Estados Unidos no intervendr?a en un asunto interno de los ?rabes y de que estos gobiernos, dependiendo de su orientaci?n pol?tica, se limitar?an a rezongar un poco, a resignarse temerosos e incluso a apoyarle, Saddam se lanz? a la acci?n. De hecho, la prensa norteamericana inform? que en una entrevista fechada el 25 de julio, la embajadora en Bagdad, April Glaspie, le habr?a dado a entender a Saddam la neutralidad estadounidense en un conflicto ocasionado por el asunto del supuesto robo de petr?leo por Kuwait.

Este extremo sugiere que el dictador irak? se sirvi? de la ambig?edad de la embajadora para emprender su agresi?n contra el emirato, o que acaso no interpret? bien sus palabras. Tampoco han faltado elucubraciones sobre que Saddam pudo haber ca?do en una especie de maquiav?lica trampa: ser medio invitado a invadir Kuwait para luego toparse con el muro b?lico de Estados Unidos, que supuestamente habr?a prefabricado la crisis con el objeto de rentabilizar una serie de ventajas estrat?gicas y satisfacer determinados intereses econ?micos propios, por de pronto, llenar las arcas de sus multinacionales petroleras a fuer de la escalada del precio del barril de crudo.

Fuera lo que discurriera entre bambalinas y en la mente de Saddam, siempre calenturienta a tenor de su trayectoria, el hecho es que en las primeras horas del 2 de agosto de 1990, despu?s de varios d?as de movimientos de tropas en la frontera, 120.000 soldados irak?es invadieron Kuwait sin encontrar mayor resistencia. La conmoci?n internacional originada revel? de inmediato que, como en 1980 con Ir?n, Saddam hab?a errado garrafalmente el c?lculo. Estados Unidos, alarmado por la dr?stica alteraci?n estrat?gica en el Golfo y la indefensi?n de Arabia Saud?, puso en marcha una imponente maquinaria b?lica, la Operaci?n Escudo del Desierto (Desert Shield), que moviliz? a m?s de medio mill?n de soldados de esa nacionalidad, y enrol? a una vasta coalici?n de pa?ses para obligar a Irak a dar marcha atr?s.

Invocando el derecho internacional violado, las potencias occidentales se movilizaron en el ?mbito de la ONU y auspiciaron un rosario de resoluciones de condena y sanci?n contra Irak, la primera de las cuales, la 660, se aprob? el mismo d?a de la invasi?n con 14 votos a favor y una abstenci?n (la de Yemen), mientras que la segunda, la 661, el d?a 6, le impuso un embargo econ?mico total.

Los gobiernos m?s involucrados espolearon tambi?n una campa?a de demonizaci?n de Saddam. De la noche a la ma?ana, el dirigente irak? fue presentado a las estupefactas sociedades occidentales por los medios de comunicaci?n p?blicos y tambi?n por la mayor?a de los privados como un dictador brutal (oprobioso t?rmino que hasta el 2 de agosto rara vez se le hab?a endilgado), el nuevo Hitler de Oriente Pr?ximo y una amenaza intolerable para la seguridad internacional, pues controlando las grandes reservas mundiales de petr?leo ten?a la llave para desatar una crisis energ?tica global.

Conforme pasaban las semanas se fue mostrando la magnitud del yerro de Saddam. La URSS de Mija?l Gorbachov atravesaba una situaci?n interna muy delicada y no estaba en condiciones de ejercer el tradicional contrapeso internacional de Estados Unidos. Mosc? se limit? a proponer salidas negociadas de la crisis, pero impl?citamente se situ? en la coalici?n antiirak?.

Peor a?n, importantes estados ?rabes se sumaron, y no s?lo diplom?ticamente, al bando occidental: Egipto, pa?s que hasta entonces hab?a mantenido unas excelentes relaciones con Irak, Siria y Marruecos enviaron tropas a Arabia Saud?, 52.000 entre los tres, y naciones musulmanes no ?rabes como Pakist?n y Bangladesh actuaron de igual manera. Todas las monarqu?as del Golfo, con la saud? a la cabeza, que aport? 67.000 soldados, corrieron en socorro de la casa real kuwait?. En total, Escudo del Desierto reclam? a 660.000 soldados de 34 pa?ses.

El resto de estados ?rabes ofrecieron distintos grados de circunspecci?n, tibieza o solidaridad formal que apenas ocultaron su malestar por el caos regional y las posibles repercusiones internas que la agresi?n irak? hab?a provocado. S?lo los gobiernos de Yemen, Sud?n y Mauritania apoyaron abiertamente a Irak como naci?n hermana acosada por Occidente, pero se trataba de pa?ses con poca ascendencia en el concierto de naciones ?rabes. La Libia de Muammar al-Gaddafi, con la que las relaciones nunca hab?an sido c?lidas (el 12 de septiembre de 1987 quedaron restablecidos los contactos diplom?ticos tras siete a?os de ruptura por causa del apoyo de Tr?poli a Teher?n), prefiri? escurrir el bulto con una ambigua postura antibelicista.

La Jordania del rey Hussein mantuvo una lealtad forzada por la dependencia econ?mica. El aliado de Saddam m?s cercano geogr?ficamente fue la Organizaci?n para la Liberaci?n de Palestina (OLP) de Yasser Arafat, con quienes hab?a tenido sus m?s y sus menos en el pasado (Bagdad hab?a sido la retaguardia de los disidentes terroristas palestinos Abu Nidal y Wadi Haddad, que en los a?os setenta intentaron liquidar a Arafat y sus lugartenientes), pero ?stos eran los que menos ten?an que ofrecerle (y, por el contrario, mucho que perder, como luego se vio).

La Liga ?rabe, por mayor?a, exigi? repetidamente la evacuaci?n de Kuwait y conden? la pol?tica agresiva de Bagdad. En la cumbre extraordinaria celebrada en El Cairo el 10 de agosto, 16 de los 20 miembros (aunque tres, Jordania, Mauritania y Sud?n, pidieron que se tomara constancia de sus reservas) votaron a favor del env?o de la fuerza militar pan?rabe a Arabia Saud?. En esa votaci?n, se opusieron Libia y la OLP, y se abstuvieron Argelia y Yemen.

Ante tan apurada situaci?n, Saddam no escatim? sus bazas. Haciendo gala de su inveterada falta de escr?pulos, apel? directamente a las masas ?rabes, que demostraron sus fuertes simpat?as proirak?es en las calles, para que derrocaran a sus gobernantes "traidores" a la naci?n ?rabe. El discurso nacionalista se revisti? del manto religioso -?l, como ya se apunt? arriba, un no practicante, si no un agn?stico, que hab?a hecho del laicismo un pilar de su r?gimen-, recuperado para la circunstancia del ba?l de los disfraces ideol?gicos. El aut?crata se autoconcedi? los t?tulos de "El Creyente", "Servidor de Dios" y "Gu?a de todos los Musulmanes", empez? a comparecer vestido con el atuendo tradicional de beduino y convoc? a la guerra santa contra el "infiel", entre otros recursos de populismo isl?mico.

Saddam manipul? a las opiniones p?blicas occidentales, donde hab?a importantes sentimientos de rechazo a una "guerra por el petr?leo", con el argumento de la injusticia hist?rica cometida con Irak en la descolonizaci?n, que negar?a el derecho de existir al Estado kuwait?, y con la amenaza de una hecatombe ecol?gica y de ingentes bajas entre los soldados de la coalici?n por causa de las armas qu?micas. Chantaje? a los gobiernos de los mismos pa?ses con la ocupaci?n de sus embajadas y la anulaci?n de los visados a sus residentes en Irak, retenidos como moneda de cambio y escudos humanos frente a eventuales ataques a?reos.

Cuando en los pa?ses afectados surgieron iniciativas privadas de intercesi?n y liberaci?n de los nacionales retenidos (en la mayor parte de los casos estas embajadas las encabezaron ex presidentes y primeros ministros), Saddam no desaprovech? la oportunidad de presentarse como un dirigente razonable y magn?nimo, tal que a partir del 6 de diciembre todos los rehenes fueron autorizados a marchar. Asimismo, el dictador intent? romper el bloqueo de la ONU ofreciendo petr?leo gratuito a pa?ses en v?as de desarrollo si acud?an a recogerlo personalmente en los puertos de Irak y Kuwait.

Finalmente, Saddam trat? de mezclar el problema palestino con la soluci?n de la crisis kuwait?, algo que a ?l no le report? ninguna ventaja pero s? grandes perjuicios a los palestinos. El 12 de agosto plante? una iniciativa de paz que fue rechazada seg?n la cual Irak se retirar?a de Kuwait si Israel hac?a lo propio de los territorios ?rabes ocupados de Gaza, Cisjordania, el Gol?n y sur de L?bano.

Todo ello, por lo que se refiere a la guerra psicol?gica. En cuanto a las operaciones sobre el terreno, Saddam procedi? a la asimilaci?n contrarreloj de Kuwait, declarando su anexi?n como la decimonovena provincia irak? (8 de agosto), designando unas autoridades de ocupaci?n y renombrando los topon?micos para suprimir toda referencia a la monarqu?a derribada. Al mismo tiempo, se apunt? un tanto con la aceptaci?n por Ir?n (14 de agosto) de un futuro acuerdo de paz que daba satisfacci?n a buena parte de las exigencias de Teher?n. Adem?s de reconocer el Acuerdo de Argel y de devolver 1.500 km? de territorio iran? a?n ocupado (cosa que cumpli? inmediatamente), Saddam propuso el intercambio de prisioneros, los 70.000 irak?es por los 30.000 iran?es.

Estas concesiones equival?an a correr un velo sobre reivindicaciones hist?ricas de Irak y a convertir en completamente est?riles los ocho a?os de guerra, pero de lo que se trataba para Saddam era resguardar su retaguardia de un beligerante potencial. El 9 de septiembre visit? Teher?n Tarik Aziz, viceprimer ministro, ministro de Asuntos Exteriores y destacado miembro del CMR (miembro de la min?scula Iglesia Cristiana Caldea y jerarca cultivado, Aziz estaba considerado el rostro afable del r?gimen y fung?a como interlocutor habitual de Occidente), el 14 de octubre se anunci? la normalizaci?n de relaciones diplom?ticas y el 14 de noviembre Bagdad acogi? al responsable de la diplomacia iran?, Ali Akbar Velayati.

Como se apunt? arriba, los medios de comunicaci?n se explayaron en ponderar lo imponente del arsenal convencional irak?. Los stocks acumulados tras la guerra con Ir?n conformaban una panoplia heter?clita y ya anticuada en el caso de varias categor?as de armas, pero, con todo, asombrosa en t?rminos num?ricos. Ahora bien, se desconoc?a cu?ntas de estas unidades eran operativas, por falta de mantenimiento o de tripulantes y servidores con la instrucci?n necesaria.

Seg?n estudios armament?sticos occidentales, en 1990 las Fuerzas Armadas irak?es pose?an 5.600 tanques (sovi?ticos, brit?nicos y chinos), 6.500 veh?culos blindados de toda clase (sovi?ticos, brasile?os, checoslovacos, franceses, espa?oles y chinos), 5.500 ca?ones remolcados o autopropulsados y bater?as de artiller?a antia?rea (sovi?ticos, estadounidenses, franceses, australianos, checoslovacos y yugoslavos), m?s de un millar de lanzadores de cohetes m?ltiples (sovi?ticos, brasile?os y egipcios), cerca de 20.000 misiles anticarro (franceses y sovi?ticos), 700 aviones (sovi?ticos y franceses) y 450 helic?pteros (sovi?ticos, estadounidenses y franceses).

Intentar evaluar las unidades para la guerra qu?mica y bacteriol?gica era una tarea de lo m?s procelosa. Del arsenal de misiles con carga explosiva convencional se ten?a un conocimiento un poco menos incierto: varios miles de unidades para la guerra a?rea y aeronaval, de fabricaci?n francesa, sovi?tica y estadounidense, y algunos centenares de vectores tierra-tierra de corto y medio alcance, tanto de fabricaci?n propia como sovi?tica, la mayor?a de la serie Scud, ingenios bal?sticos que eran susceptibles de acomodar cargas qu?micas.

Cuando Irak se convirti? en el villano internacional por la invasi?n de Kuwait, m?s de 200 compa??as privadas de una veintena de pa?ses estaban involucradas en el abastecimiento de tecnolog?as de armas no convencionales al r?gimen de Saddam: a la cabeza, Alemania, con nada menos que 86 contratistas, seguida por el Reino Unido y Estados Unidos con 18 cada uno (las firmas norteamericanas hab?an proporcionado precursores qu?micos y computadores para misiles), Austria con 17, Francia con 16, Italia con 12 y la pac?fica Suiza con 11.

En cuanto a las fuerzas humanas irak?es, se calculaban en 950.000 los soldados encuadrados en siete cuerpos de Ej?rcito de Tierra, que inclu?an a siete divisiones blindadas o mecanizadas y 40 divisiones de infanter?a. La Guardia Republicana, tropa de ?lite separada del Ej?rcito regular, constaba de tres divisiones blindadas o mecanizadas, cuatro divisiones de infanter?a y una de fuerzas especiales. 45.000 uniformados serv?an en las Fuerzas A?reas y 5.000 pertenec?an a la irrelevante Armada.

Pese a las inquietantes bravatas de Saddam sobre una "madre de todas las batallas" (Umm Al-Ma'arik) y una jihad contra los "profanadores" de las ciudades santas del Islam en Arabia Saud?, la coalici?n de Estados Unidos puso a punto su aparato b?lico y adem?s encontr? el camino despejado con la resoluci?n 678 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 29 de noviembre, que conced?a una "?ltima oportunidad" a Irak y autorizaba a los estados miembros el recurso a "todos los medios necesarios" para restaurar el statu quo legal en Kuwait.

En la medianoche, en horario de Washington, del martes 15 al mi?rcoles 16 de enero de 1991 venci? el ultim?tum explicitado en la resoluci?n 678. La guerra no se hizo esperar: a las 18,38 horas del 16 en horario de Washington, las 2,38 horas del jueves 17 en horario de Bagdad, la aviaci?n aliada comenz? la Operaci?n Tormenta del Desierto (Desert Storm), el bombardeo sistem?tico y sostenido de objetivos del poder militar y pol?tico irak? en Kuwait y a lo largo y ancho del propio Irak.

Carente de estrategia militar, Saddam decidi? no combatir a sus enemigos con las mismas armas (as?, puso su aviaci?n, en la que no deb?a confiar gran cosa, a buen recaudo en aer?dromos iran?es o en hangares bajo tierra), insisti? en su t?ctica favorita de confundir y dividir al adversario, y provoc? a Israel y Arabia Saud? lanz?ndoles misiles Scud, no todos los cuales pudieron ser interceptados por los contramisiles Patriot estadounidenses, con la intenci?n de incendiar todo Oriente Pr?ximo. Ilustrado por los aliados con triunfales partes de material b?lico irak? destruido, el asalto a?reo contra la maquinaria de Saddam se mostr?, empero, ineficaz en los prop?sitos pol?ticos de lograr la evacuaci?n de Kuwait.

Cada vez m?s impaciente, el 22 de febrero Estados Unidos respondi? al segundo plan sovi?tico de paz ultimando a Bagdad a que comenzase la retirada del emirato a partir de las ocho de la tarde, en horario de Bagdad, del s?bado 23, y que la completase para el 1 de marzo. Saddam, atrapado en el dilema de retirarse de Kuwait incondicionalmente, sin poder salvar la cara ante su pueblo y el mundo ?rabe, o encajar una derrota total y quien sab?a si mortal, no movi? pieza, de manera que a las 4 de la madrugada del domingo 24 en Bagdad, las 8 de la tarde del 23 en Washington, la coalici?n emprendi? la por doquier temida ofensiva terrestre.

Las tropas aliadas, esencialmente estadounidenses (350.000), brit?nicas (36.000) y francesas (14.000), apenas encontraron resistencia, y s?lo se report? un enfrentamiento de entidad con los blindados de la Guardia Republicana. En s?lo tres d?as, con bajas por su parte pr?cticamente inexistentes, los atacantes completaron la liberaci?n de Kuwait, en cuya defensa Saddam hab?a desplegado 600.000 soldados, tomando miles de prisioneros en su avance. Al tercer d?a, el martes 26, el Ej?rcito irak?, siguiendo la orden impartida en la v?spera por Saddam de una evacuaci?n "organizada" del emirato, comenz? a retirarse, pero en desbandada.

El ca?tico repliegue deriv? en tragedia, pues, privadas de protecci?n a?rea, las columnas de miles de veh?culos militares y civiles, rebosantes de soldados malamente pertrechados y de bienes fruto del pillaje generalizado en el emirato, fueron bombardeadas por la aviaci?n aliada en la saturada autopista que sub?a a Basora pr?cticamente a capricho y sin necesidad, ya que se trataba de un ej?rcito derrotado. Al mismo tiempo, paracaidistas de la CI Divisi?n Aerotransportada de Estados Unidos alcanzaban el ?ufrates a la altura de Nasiriyah.

El mi?rcoles 27 fue el d?a del final: Bagdad anunci? su aceptaci?n incondicional de la docena de resoluciones de la ONU en su contra, las avanzadillas aliadas, con unidades del Ej?rcito del emir derrocado, Jabir Al Ahmad Al Sabah, a la cabeza, entraron en la capital, donde miles de civiles kuwait?es salieron a recibirles con j?bilo, y horas m?s tarde el presidente George Bush anunci? que Kuwait hab?a sido liberado y orden? el cese de las hostilidades con efecto en la madrugada del jueves 28, en horario de Washington, las ocho de la ma?ana en el teatro de operaciones. La guerra hab?a durado 43 d?as.

5. Rebeliones internas y el castigo de los vencedores
La derrota de Saddam en Kuwait hab?a sido catastr?fica en el plano militar: murieron entre 30.000 y 50.000 uniformados, por citar un baremo equilibrado entre los balances m?s mort?feros y los m?s mesurados. A ellos deb?an sumarse otro tanto o m?s de civiles, tambi?n en n?mero muy impreciso. Se han calculado en m?s de 10.000 las v?ctimas inmediatas de los bombardeos a?reos sobre las ciudades, pero a esta cifra hay que a?adirle todas las defunciones a posteriori, por heridas, infecciones y desatenci?n m?dica, que sin lugar a dudas fueron mucho m?s numerosas.

Sin llegar a conocerse nunca la mortandad exacta de esta guerra del lado irak?, es seguro que el total de muertos provocados por los ataques de la coalici?n, entre combatientes y no combatientes, excedi? los 100.000. En este punto, el contraste con las bajas infligidas al enemigo no pod?a ser m?s sangrante: Estados Unidos perdi? a 315 soldados, de los cuales s?lo 148 fueron ca?dos en combate, debi?ndose los dem?s fallecimientos a accidentes, al denominado fuego amigo o a causas naturales.

Pero, ahora, para Saddam lo que estaba en juego era su misma permanencia en el poder. En efecto, las tropas aliadas parec?an no conformarse con liberar el emirato y amagaban, aprovechando la desintegraci?n del Ej?rcito irak?, con tomar Basora y llegar hasta la misma Bagdad, seg?n suger?a la presencia estadounidense en el curso medio-bajo del ?ufrates. Estas avanzadillas llegaron a una distancia de 250 km de Bagdad, y en ese tramo no se les interpon?a ninguna defensa, seg?n declar? despu?s el comandante en jefe del cuerpo expedicionario, general Norman Schwarzkopf.

Sin embargo, Bush, por consideraciones de geopol?tica, no quiso darle el golpe de gracia a Saddam, adem?s de que las resoluciones de la ONU nada dec?an de derrocar gobiernos internacionalmente reconocidos. Hoy hay bastante unanimidad en la suposici?n de que Estados Unidos tem?a m?s un vac?o de poder en Irak que la continuidad de Saddam en el mismo, pues el derrumbe del Gobierno central podr?a haber alentado la autodeterminaci?n de los kurdos sunn?es del norte y de los ?rabes shi?es del centro y el sur, que suponen respectivamente (las cifras son aproximativas) el 18% y el 60% de la poblaci?n irak?, fraccionando el pa?s en perjuicio de los intereses estrat?gicos occidentales. Conven?a, pues, que Saddam, si bien convenientemente debilitado y controlado, siguiera al mando en Bagdad.

En la primera de una serie de contradicciones y vacilaciones en la etapa posb?lica, Washington alent? la rebeli?n kurda y shi? para luego asistir imp?vido a su destrucci?n por Saddam. El 3 de marzo, el mismo d?a en que el Ej?rcito irak? firm? la rendici?n incondicional en un puesto de mando en Safw?n, estallaron revueltas en el sur, donde los shi?es militantes y el pueblo llano, ayudados por unidades rebeldes del Ej?rcito, se hicieron con el control de Basora, Nasiriyah, Amarah, Hillah y las ciudades santas de su fe, Karbala y Najaf.

Era la hora del desquite feroz por tantos a?os de represi?n pol?tica y religiosa, y de marginaci?n socioecon?mica. Las turbas shi?es, con ciega rabia, se dedicaron a linchar a cuantos baazistas y funcionarios del Gobierno ca?an en sus manos, y a arrasar oficinas del partido y edificios p?blicos. El d?a 6 la guerra civil se extendi? al Kurdist?n, donde las guerrillas de la Uni?n Patri?tica (PUK) de Jalal at-Talabani y el Partido Democr?tico (KDP) de Massud al-Barzani capturaron las ciudades de Arbil, Dahuk, Sulaymaniyah, Zajo y Kirkuk, y entablaron combate por la gran urbe de Mosul.

Ante la inacci?n de los aliados, Saddam se apresur? a poner coto a dos rebeliones que amenazaban con cogerle en una pinza en Bagdad. Para el 31 de marzo la revuelta de los shi?es quedaba aplastada, con un balance de decenas de miles de muertos, la mayor?a ejecutados sumariamente, y de devastaciones en las ciudades reconquistadas. Entonces, el s?trapa se volvi? contra el norte: tras recuperar casi todas las ciudades kurdas en los ?ltimos d?as de marzo, el 1 de abril el Ej?rcito lanz? una contraofensiva general que se sald? con la captura de Sulaymaniyah y el hundimiento de los peshmerga del KDP y la PUK. En penosas condiciones, m?s de dos millones de civiles se lanzaron a un ?xodo masivo para ponerse a salvo en Turqu?a, Ir?n y Siria.

El drama de los kurdos conmovi? a la opini?n p?blica occidental, que forz? a sus gobiernos a intervenir. Con manifiesta reluctancia, el 17 de abril Estados Unidos moviliz? a 10.000 soldados en la operaci?n humanitaria Proveer el Consuelo (Provide Comfort), autorizada impl?citamente por la resoluci?n 688 de la ONU del 5 de abril, la cual conden? la represi?n de los kurdos y apel? a la asistencia humanitaria internacional.

Aunque bram? contra la "injerencia" en sus asuntos internos, el Gobierno de Saddam orden? a sus tropas que abandonasen la zona de seguridad establecida por los aliados, que desde el 19 de mayo hasta el 15 de julio fueron retirando los 4.500 soldados de protecci?n a sus bases en Turqu?a para dar paso al personal de la ONU. Sinti?ndose seguros, Barzani y Talabani retornaron a sus feudos: el primero estableci? su gobierno en el noroeste de la regi?n, con capital en Arbil, y el segundo hizo lo propio en la provincia de Sulaymaniyah, m?s al sudeste. Saddam hab?a perdido el extremo norte del pa?s, en lo sucesivo aut?nomo de hecho bajo una suerte de protectorado internacional, pero no descuid? explotar la rivalidad entre el KDP y la PUK para impedir la consolidaci?n de un poder pol?tico y militar kurdo susceptible de revolverse otra vez contra ?l.

Desde su sorprendente acuerdo de cese de hostilidades con Talabani el 24 de abril de 1991 hasta su fugaz pero masiva intervenci?n militar del 31 de agosto de 1996 en ayuda de Barzani, que vio c?mo 30.000 soldados irak?es de ?lite le entregaban Arbil -perdida frente a la PUK en diciembre de 1994- en bandeja y, sin detenerse, persegu?an a Talabani y sus hombres hasta obligarles a cruzar la frontera iran?, Saddam aplic? ?xito con las turbulentas facciones kurdas la t?ctica del divide y vencer?s. Cambiando de pe?n cuando lo juzg? oportuno, despu?s de 1991 el aut?crata bagdad? obtuvo un inestimable provecho de las luchas fratricidas de los kurdos, incapaces de establecer un gobierno nacional de coalici?n, cuanto menos de plantear, como punta de lanza de una hipot?tica coalici?n general de fuerzas opositoras, una amenaza seria al r?gimen baazista.

Pero, adem?s, los sucesos de marzo y abril de 1991 demostraron que, pese a los ingentes da?os recibidos, el Ej?rcito irak? conservaba una m?s que notable capacidad operativa. En 1992 se estim? en 400.000 los efectivos de las Fuerzas Armadas, con varios cientos de tanques y aviones en servicio. No en vano, tras la guerra se supo que muchos de los supuestos carros de combate, piezas de artiller?a y rampas de misiles tierra-tierra destruidos por los misiles inteligentes de Estados Unidos no eran sino ingeniosas reproducciones de pl?stico, entre otras estratagemas de enga?o y disimulo.

Mientras Saddam destru?a a sus oposiciones internas, se somet?a a rega?adientes al alto el fuego bajo condiciones fijado en la resoluci?n 686 del 2 de marzo del Consejo de Seguridad de la ONU, y a las prolijas y duras condiciones de paz estipuladas por la resoluci?n 687 del 3 de abril.

Las exigencias al perdedor eran las siguientes: la eliminaci?n de todas las armas de destrucci?n masiva que pudiera tener, as? como el desmantelamiento de los programas, instalaciones y componentes relacionados; el sometimiento a los tratados internacionales sobre prohibiciones que afectaban a estas armas (parad?jicamente, Irak era signataria del Tratado de No Proliferaci?n de Armas Nucleares -TNP- de 1968 y de la Convenci?n de prohibici?n total de Armas Bacteriol?gicas -BWC- de 1972); la eliminaci?n, igualmente bajo supervisi?n de la ONU, de todos los misiles bal?sticos con un alcance superior a los 150 km; la prohibici?n de adquirir, por tiempo indefinido, armas convencionales; y, el pago de reparaciones a Kuwait por los da?os cometidos durante la ocupaci?n, as? como la asunci?n de responsabilidades por los perjuicios a la ecolog?a del golfo P?rsico. Hasta que estos puntos no fueran satisfechos, las sanciones econ?micas permanecer?an en vigor.

6. Porf?a con Estados Unidos en el escenario posb?lico
Para Saddam, una cosa era acatar sobre el papel, y otra sobre el terreno. En los a?os siguientes, convertido en el nuevo villano favorito de Occidente luego de la inhibici?n internacional de Gaddafi y la muerte de Jomeini, jug? al gato y el rat?n con Estados Unidos y la ONU, sondeando su compromiso con la l?nea de dureza marcada por el presidente Bush mediante provocaciones militares, amenazas verbales y regateos diplom?ticos en torno al r?gimen de sanciones y las nuevas medidas que intensificaron el cerco a Irak.

El 27 de agosto de 1992 Estados Unidos, Reino Unido y Francia establecieron, sin el respaldo en una resoluci?n expresa de la ONU, una zona de exclusi?n a?rea al sur del paralelo 32 con el fin declarado de proteger a los shi?es, la cual vino a sumarse a la zona de seguridad establecida en el Kurdist?n al norte del paralelo 36 (en septiembre de 1996 Estados Unidos extendi? unilateralmente la primera zona hasta el paralelo 33). Los dispositivos Vigilancia del Norte (Northern Watch) y Vigilancia del Sur (Southern Watch) correspondieron al patrullaje a?reo de ambas zonas de exclusi?n.

El 13 de enero de 1993, en v?speras de su despedida presidencial, Bush, secundado por sus colegas brit?nico y franc?s, orden? una serie de bombardeos contra objetivos en el sur en respuesta a penetraciones de soldados irak?es en territorio kuwait?, parece ser que para recuperar material b?lico abandonado, y al movimiento de defensas antia?reas dentro de la zona de exclusi?n. Estas incursiones coincidieron con el anuncio por Bagdad de su disposici?n a "liberar" los territorios al sur del paralelo 32 y de "una de las provincias del extremo sur".

La llegada del dem?crata Bill Clinton a la Casa Blanca en enero de 1993 relaj? un tanto la tensi?n, pero el nuevo presidente no tard? en esgrimir un tono intransigente. Despu?s del ataque con misiles de crucero el 27 de junio de 1993 contra la sede de los servicios secretos en Bagdad, como represalia por un supuesto plan irak? para asesin