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Lunes, 06 de marzo de 2006
cada uno de nosotros ha experimentado alguna vez alguna coincidencia. Los matem?ticos las justifican como acontecimientos debidos meramente a la casualidad, pero hay quienes les atribuyen unas razones m?s profundas.

El asesinato del rey Humberto I de Italia por el anarquista Bresci.
En la noche del 28 de Julio de 1900, el rey Humberto I de Italia cenaba con su ayudante en un restaurante de la localidad de Monza, donde deb?a presenciar un concurso de atletismo al d?a siguiente. Con gran sorpresa observ? que el propietario del establecimiento era id?ntico a ?l. Por curiosidad, entabl? conversaci?n con ?l, y fue descubriendo que exist?an entre ellos otras semejanzas.

El due?o tambi?n se llamaba Humberto; al igual que el rey, hab?a nacido en Tur?n, y en el mismo d?a; y se hab?a casado con una chica llamada Margherita el mismo d?a en que el rey se cas? con su esposa, la reina Margherita. Y hab?a inaugurado el restaurante el d?a en que Humberto I fue coronado rey de Italia.

El rey qued? fascinado e invit? a su doble a que asistiera al concurso de atletismo con ?l. Pero al d?a siguiente, ya en el estadio, el ayudante del rey le inform? que el due?o del restaurante hab?a muerto aquella ma?ana despu?s de que le hubieran disparado misteriosamente. Y mientras el rey expresaba su pesar, un anarquista que surgi? de entre la multitud dispar? contra ?l y le mat?.

Otra extra?a coincidencia conectada con una muerte ocurri? mucho m?s recientemente. El domingo 6 de agosto de 1978, el peque?o despertador que el papa Pablo VI hab?a comprado en 1923 -y que durante 55 a?os le hab?a despertado a las seis cada ma?ana- son? repentinamente, y de un modo estridente. Pero no eran las seis; eran las 9:40 de la noche y, de forma inexplicable, el reloj empez? a sonar cuando el papa yac?a moribundo. M?s tarde, el padre Romeo Panciroli, portavoz del Vaticano, comentar?a: ?Fue de lo m?s extra?o. Al papa le gustaba mucho el reloj. Lo compr? en Polonia y lo llevaba siempre consigo en sus viajes.?

Cada uno de nosotros ha experimentado una coincidencia -aunque sea trivial- alguna vez. Pero algunos de los casos m?s extremos parecen desafiar toda l?gica y resulta imposible atribuirlos a la mera suerte.

Los Poderes Del Universo

Pico della Mirandola

No es, pues, sorprendente que la ?teor?a de la coincidencia? haya entusiasmado a cient?ficos, fil?sofos y matem?ticos durante m?s de 2.000 a?os. Hay un tema que aparece en todas sus teor?as y especulaciones: ?qu? son las coincidencias? ?Contiene un mensaje escondido dirigido a nosotros? ?Qu? fuerza desconocida representan? S?lo en nuestro siglo se han sugerido algunas respuestas veros?miles, pero son respuestas que chocan con las propias ra?ces de la ciencia. Ello hace que nos preguntemos: ?existen poderes en el Universo de los que no tenemos todav?a un conocimiento preciso?

Los primeros cosm?logos cre?an que el mundo se manten?a unido por una especie de principio de totalidad. Hip?crates, conocido como el padre de la medicina, que vivi? aproximadamente entre 460 y 375 a.C., cre?a que el Universo estaba unido por unas ?afinidades ocultas?, y escribi?: ?Hay un movimiento com?n, una respiraci?n com?n, todas las cosas est?n en solidaridad las unas con las otras.? Seg?n esta teor?a, la coincidencia se dar?a cuando dos elementos ?solidarios? o ?afines? se buscan el uno al otro.

El fil?sofo renacentista Pico della Mirandola escribi? en 1557: ?En primer lugar, hay una unidad en las cosas por la cual cada cosa forma un conjunto consigo misma. En segundo lugar, existe la unidad por la cual una criatura est? unida a las otras y todas las partes del Universo constituyen un mundo.?

Esta creencia ha perdurado, de una forma apenas alterada, en tiempos mucho m?s modernos. El fil?sofo Arthur Schopenhauer (1788-1860) defini? la coincidencia como ?la aparici?n simult?nea de acontecimientos causalmente desconectados. ? Sugiri? que los acontecimientos simult?neos iban en l?neas paralelas, y que el mismo acontecimiento, aunque representa un eslab?n de cadenas totalmente diferentes, se da sin embargo en ambas, de forma que el destino de un individuo se ajusta invariablemente al destino de otro, y cada uno es el protagonista de su propio drama mientras que simult?neamente est? figurando en un drama ajeno a ?l. Esto es algo que sobrepasa nuestros poderes de comprensi?n y s?lo puede concebirse como posible en virtud de la maravillosa armon?a preestablecida. Todos debemos participar en ella. Por tanto, todo est? interrelacionado y mutuamente armonizado.

Investigando El Futuro
La idea de un ?inconsciente colectivo? -almac?n secreto de recuerdos a trav?s de los cuales las mentes puedan comunicarse- ha sido debatida por varios pensadores. Una de las teor?as m?s extremistas para explicar la coincidencia fue presentada por el matem?tico brit?nico Adrian Dobbs en los a?os sesenta. Invent? la palabra ?psitr?n? para describir una fuerza desconocida que registraba, como el radar, una segunda dimensi?n temporal que era m?s bien probabil?stica que determinista. El psitr?n absorb?a probabilidades futuras y las transmit?a al presente desvi?ndose de los sentidos humanos corrientes y transmitiendo de alguna forma la informaci?n directamente al cerebro.

Paul Kammerer

La primera persona que estudi? las leyes de la coincidencia cient?ficamente fue el doctor Paul Kammerer, director del Instituto de Biolog?a Experimental de Viena. Desde que ten?a veinte a?os, empez? a escribir un ?diario? de coincidencias. Muchas eran triviales: nombres de personas que surg?an inesperadamente en conversaciones separadas, tickets para el concierto y el guardarrop?a con el mismo n?mero, una frase de un libro que se repet?a en la vida real. Durante horas, Kammerer permanec?a sentado en los bancos de los parques tomando nota de la gente que pasaba, anotando su sexo, edad, vestido, y si llevaban bastones o paraguas. Despu?s de haber considerado detalles tales como la hora punta, el tiempo y la ?poca del a?o, descubri? que los resultados se clasificaban en ?grupos de n?meros? muy similares a los que usan los estad?sticos, los jugadores, las compa??as de seguros y los organizadores de encuestas.

Kammerer llam? a este fen?meno ?serialidad?, y en 1919 public? sus conclusiones en un libro titulado Das Gesetz der Serie (La ley de la serialidad). Afirmaba que las coincidencias iban en serie -es decir, ?se produc?a una repetici?n o agrupaci?n en el tiempo o en el espacio por la cual los n?meros individuales en la secuencia no estaban conectados por la misma causa activa.?

Kammerer sugiri? que la coincidencia era meramente la punta de un iceberg dentro de un principio c?smico m?s grande, que la humanidad todav?a apenas reconoce.

Al igual que la gravedad, es un misterio; pero a diferencia de ella, act?a selectivamente para hacer coincidir en el espacio y en el tiempo cosas que poseen alguna afinidad. ?As? pues -concluy?-, al final tenemos la imagen de un mundo-mosaico o de un caleidoscopio c?smico que, a pesar de los constantes movimientos y nuevas disposiciones, tambi?n se preocupa por hacer coincidir cosas iguales.?

Wolfgang Pauli

El gran salto hacia adelante tuvo lugar 50 a?os m?s tarde, cuando dos de las mentes m?s brillantes de Europa colaboraron para producir el libro m?s completo acerca de los poderes de la coincidencia, un libro que iba a dar lugar a controversia y a ataques por parte de te?ricos rivales.

Los dos hombres eran Wolfgang Pauli -cuyo principio de exclusi?n, ideado de una forma muy atrevida, le mereci? el premio Nobel de f?sica- y el psic?logo-fil?sofo suizo profesor Carl Gustav Jung. Su tratado llevaba el poco original t?tulo de Sincronicidad, un principio de conexi?n no causal. Descrito por un cr?tico americano como ?el equivalente paranormal de una explosi?n nuclear? , utilizaba el t?rmino ?sincronicidad? para ampliar la teor?a de la serie de Kammerer.

Orden A Partir Del Caos

Arthur Koestler

Seg?n Pauli, las coincidencias eran ?las huellas visibles de principios desconocidos?. Las coincidencias, explic? Jung, tanto si se dan aisladas como si aparecen en serie, son manifestaciones de un principio universal apenas conocido que opera con bastante independencia respecto de las leyes f?sicas. Los que han interpretado la teor?a de Pauli y Jung han concluido que la telepat?a, la precognici?n y las mismas coincidencias son todas manifestaciones de una ?nica fuerza misteriosa que opera en el Universo y que est? tratando de imponer su propia disciplina sobre la total confusi?n que rige la vida humana.

De todos los pensadores contempor?neos, nadie ha tratado m?s extensamente la teor?a de la coincidencia que Arthur Koestler, quien resume este fen?meno con la expresiva frase ?chistes del destino? .

Un ?chiste? particularmente sorprendente le fue relatado a Koestler por un estudiante ingl?s de doce a?os llamado Nigel Parker: Hace muchos a?os, el autor de historias de terror norteamericano, Edgar Allan Poe, escribi? un libro titulado El relato de Arthur Gordon Pym. En ?l, el se?or Pym viajaba en un barco que naufrag?. Los cuatro supervivientes pasaban muchos d?as en un bote antes de decidirse a matar y comerse al grumete, cuyo nombre era Richard Parker.

Unos a?os despu?s, en el verano de 1884, el primo de mi bisabuelo era grumete de la yola Mignonette cuando ?sta se hundi?, y los cuatro supervivientes navegaron a la deriva en un bote durante muchos d?as. Finalmente, los tres miembros mayores de la tripulaci?n mataron y se comieron al grumete. Su nombre era Richard Parker.

Tales incidentes, extra?os y aparentemente significativos, abundan. ?Qu? explicaci?n puede haber para ellos, a no ser la mera coincidencia?.

?No te lo vas a creer ...?

Irv Kupcinet

Las coincidencias m?s sorprendentes a menudo afectan a objetos o acciones bastante corrientes, como la extra?a experiencia relatada por un periodista de Chicago, Irv Kupcinet:

?Acababa de llegar al hotel Savoy de Londres. Al abrir un caj?n de mi habitaci?n descubr?, para mi mayor sorpresa, que conten?a algunas cosas personales pertenecientes a un amigo m?o, Harry Hannin, que viajaba con el equipo de baloncesto de los Harlem Globetrotters.

Dos d?as despu?s recib? una carta de Harry, enviada desde el hotel Meurice, en Par?s, que empezaba as?: ?No te lo vas a creer...? Seg?n parece, Harry hab?a abierto un caj?n de su habitaci?n y hab?a encontrado una corbata con mi nombre. Era un habitaci?n en la cual yo hab?a estado unos meses atr?s.

Las Triqui?uelas Del Destino
Algunas personas parecen presentir los hechos fortuitos que llamamos coincidencias, y logran sacarles partido. He aqu? algunos casos que han llamado especialmente la atenci?n.

S?lo cuando su tren entr? en la estaci?n de Louisville, George D. Bryson decidi? interrumpir su viaje a Nueva York para visitar aquella hist?rica ciudad de Kentucky. Nunca hab?a estado all? y tuvo que preguntar d?nde se encontraba el mejor hotel. Nadie sab?a que estaba en Louisville y, en broma, pregunt? al recepcionista del Hotel Brown: ??Hay cartas para m???. Qued? at?nito cuando el recepcionista le entreg? una carta dirigida a ?l que llevaba el n?mero de su habitaci?n. El anterior ocupante de la habitaci?n 307 hab?a sido otro George D. Bryson, que no ten?a nada que ver con ?l.

Doctor Warren Weaver

Una coincidencia notable, por cierto, que cobra mayor inter?s porque quien la cuenta con m?s frecuencia es el doctor Warren Weaver, el matem?tico y experto en probabilidades norteamericano que cree que las coincidencias est?n regidas por las leyes del azar y rechaza cualquier sugerencia de elementos misteriosos o paranormales.

En el punto de vista opuesto se sit?an quienes creen en las teor?as de la ?serialidad? o ?sincronicidad? del doctor Paul Kammerer, Wolfgang Pauli y Carl Gustav Jung.

Aunque los tres se acercaron a la teor?a de las coincidencias desde perspectivas diferentes, sus conclusiones suger?an la existencia de una fuerza misteriosa y apenas comprensible en el Universo, una fuerza que intenta imponer su propio orden en el caos de nuestro mundo. La moderna investigaci?n cient?fica, sobre todo en los campos de la biolog?a y la f?sica, tambi?n parece acusar una tendencia de la naturaleza a ordenar el caos. Pero los esc?pticos no se dejan convencer. Cuando las cosas suceden al azar, argumentan, tienen que producirse las agrupaciones que llamamos coincidencias. Hasta es posible predecir esas agrupaciones o ?api?amientos? o, por lo menos, predecir la frecuencia con que suceder?n.

Si usted tira muchas veces una moneda, las leyes de la probabilidad dictaminan que, al final, habr? obtenido un n?mero casi igual de caras y cruces. Pero cara y cruz no se alterar?n. Habr? series de cara y series de cruz. El doctor Weaver calcula que si alguien tira una moneda 1.024 veces, por ejemplo, es probable que haya una serie de ocho caras seguidas, dos de siete, cuatro de seis y ocho de cinco.

Lo mismo sucede con la ruleta. Una vez salieron los pares 28 veces seguidas en el casino de Montecarlo. Las posibilidades de que esto ocurra es de una entre 268 millones. Pero los expertos afirman que como pod?a suceder, sucedi? y volver? a suceder en alg?n lugar del mundo si suficientes ruletas siguen girando durante el tiempo necesario.

Los matem?ticos usan esa ley para explicar, por ejemplo, la fant?stica serie de aciertos que valieron a Charles Wells el t?tulo, que tambi?n lo fue de una canci?n, de El hombre que hizo saltar la banca en Montecarlo.

Casino de Montecarlo

Wells -un ingl?s gordo y ligeramente siniestro- se transform? en tema de esa canci?n en 1891, cuando hizo saltar tres veces la banca del casino de Montecarlo. Aparentemente, no usaba ning?n sistema: apostaba cantidades iguales a rojo o negro, ganando casi todas las veces, hasta que, finalmente, sobrepas? la banca de 100.000 francos asignada a cada mesa. En cada ocasi?n los empleados cubrieron la mesa con un l?gubre pa?o negro de ?luto? y la cerraron por el resto del d?a. La tercera y ?ltima vez que Wells apareci? en el casino, coloc? su primera apuesta en el cinco: las posibilidades de que saliera eran de una entre 35. Gan?. Dej? la apuesta original y le a?adi? sus ganancias. El cinco sali? de nuevo y volvi? a salir cinco veces m?s. Apareci? el pa?o negro. Wells se march? con sus ganancias y nunca m?s fue visto en el casino.

Los te?ricos de la serialidad y la sincronicidad, y quienes han continuado los trabajos de Kammerer, Pauli y Jung, aceptan la idea de que hay ?racimos? de n?meros, pero consideran que la ?suerte? y la ?coincidencia? son dos caras de la misma moneda. Los conceptos cl?sicos paranormales de PES, telepat?a y precognici?n -elementos recurrentes en las coincidencias-, podr?an ofrecer una explicaci?n alternativa de las razones por las que unas personas tienen m?s ?suerte? que otras.

La investigaci?n moderna separa las coincidencias en dos grupos diferentes: triviales (como echar a cara o cruz, series de n?meros y ,manos sorprendentes de naipes) y significativas. Estas ?ltimas son las que mezclan personas, acontecimientos, espacio y tiempo -pasado, presente y futuro- de una manera que parece cruzar la delicada frontera que separa lo normal de lo paranormal.

Significativo y Macabro

A veces ocurren coincidencias que parecen vincular, casi caprichosamente, las teor?as rivales. Cuando un tren de cercan?as de Nueva York se precipit? en la bah?a de Newark y murieron muchos pasajeros, se iniciaron los trabajos de rescate de los vagones sumergidos. Una foto que apareci? en la primera p?gina de un peri?dico mostraba el ?ltimo vag?n en el momento de ser extra?do, con el n?mero 932 claramente visible a un lado. Ese d?a, el n?mero 932 sali? en el sorteo de la loter?a de Manhattan, proporcionando cientos de miles de d?lares de ganancia a las muchas personas que, presintiendo un significado oculto en el n?mero, hab?an apostado por ?l.

Los investigadores modernos dividen las coincidencias significativas en varias categor?as.

Una es la coincidencia de advertencia, que implica un presentimiento de peligro o desastre. Tales coincidencias suelen tener largo alcance; por eso a menudo son ignoradas o pasan inadvertidas.

?se fue, ciertamente, el caso de tres barcos, el Titan, el Titanic y el Titanian. En 1898, el escritor norteamericano Morgan Robertson public? una novela acerca de un gigantesco trasatl?ntico, el Titan, que se hund?a una fr?a noche de abril en el Atl?ntico, despu?s de chocar con un iceberg en su primer viaje.

Catorce a?os despu?s, en uno de los peores desastres mar?timos de la historia, el Titanic se hundi? en una fr?a noche de abril en el Atl?ntico, despu?s de chocar con un iceberg en su primer viaje.

Las coincidencias no terminaron all?. Los dos barcos, el real y el de ficci?n, ten?an aproximadamente el mismo tonelaje y ambos desastres ocurrieron en el mismo sector del oc?ano. Uno y otro eran considerados ?insumergibles? y ninguno llevaba suficiente cantidad de botes salvavidas.

Coincidencia y Premonici?n

Charles Coghland, cuyo cad?ver fue casualmente a parar a las costas de su pueblo natal.

Si se agrega la extraordinaria historia del Titanian, las coincidencias Titan-Titanic comienzan a desafiar la credulidad humana. El tripulante William Reeves, que estaba de guardia una noche de abril de 1935, durante un viaje del Titanian entre el Tyne y Canad?, tuvo un presentimiento. Cuando el Titanian lleg? al lugar donde se hab?an hundido los otros dos barcos, la sensaci?n era insoportable. Pero ?pod?a Reeves detener el barco s?lo por un presentimiento? Otro factor -una coincidencia m?s lo decidi?: hab?a nacido el d?a del desastre del Titanic. ??Peligro avante!?, grit? al puente. Las palabras apenas hab?an salido de su boca cuando un iceberg apareci? en la oscuridad. El barco lo evit? por muy poco.

Otra categor?a la constituyen las coincidencias que sugieren el comentario ?el mundo es un pa?uelo?, y que re?nen a personas y lugares de forma inesperada. Todos hemos sido testigos, o incluso protagonistas, de alguno de estos hechos incre?bles.

Si las coincidencias pueden jugar con el espacio y el tiempo en su b?squeda de ?orden en el caos? , no es sorprendente que vayan m?s all? de la tumba.

Mientras actuaba en una gira por Texas, en 1899, el actor canadiense Charles Prancis Coghlan enferm? en Galveston y muri?. Estaba demasiado lejos (5.600 km, por mar) para enviar sus restos a su pueblo de la isla Prince Edward, en el golfo de San Lorenzo. Fue enterrado en un ata?d de plomo, en una tumba excavada en granito. Sus huesos hab?an descansado menos de un a?o cuando el gran hurac?n de septiembre de 1900 azot? la isla de Galveston, inundando el cementerio. La tumba sufri? graves da?os y el ata?d de Coghlan flot? hasta el golfo de M?xico. Lentamente, deriv? por la costa de Florida hacia el Atl?ntico, donde la corriente del Golfo lo arrastr? hacia el Norte.

Pasaron ocho a?os. Un d?a de octubre de 1908, unos pescadores de la isla Prince Edward vieron un caj?n alargado y estropeado por la intemperie flotar cerca de la costa. El cuerpo de Coghlan hab?a vuelto a casa. Con respeto y temor, sus paisanos isle?os enterraron al actor en la iglesia m?s pr?xima, donde hab?a sido bautizado.

Paralelismo Lincoln-Kennedy
Cuando el hombre avanza un paso en su conocimiento de la realidad, ?sta plantea nuevas preguntas inalcanzables:

En 1860, Lincoln fue elegido presidente de los Estados Unidos; Kennedy, en 1960.

Ambos fueron asesinados en presencia de sus respectivas esposas y en el mismo d?a de la semana, en viernes.

Los dos fueron heridos mortalmente por una bala en la cabeza, disparada en ambos casos por la espalda.

Los presidentes que les sucedieron se llamaban Johnson en uno y otro caso. Los dos Johnson representaban a los dem?cratas del Sur y ambos fueron tambi?n miembros del Senado. El sucesor de Lincoln, Andrew Johnson, naci? en 1808; Lindon B. Johnson, en 1908.

El presunto asesino de Lincoln, John Wiikes Booth, naci? en 1839; el presunto asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald, en 1939. Ninguno de ambos presumibles ejecutores pudo ser juzgado, ya que ambos fueron asesinados antes de que eso pudiera ocurrir.

El secretario de Lincoln, apellidado Kennedy, le aconsej? insistentemente que dejara de acudir al teatro donde result? asesinado; el secretario de Kennedy, apellidado Lincoln, aconsej? al presidente que no fuera a Dallas.

Las esposas de ambos presidentes perdieron un hijo mientras ocupaban la Casa Blanca.

John Wilkes Booth dio muerte al presidents Lincoln en un teatro y huy? hasta un almac?n; Lee Harvey Oswald dispar? al parecer sobre el presidents Kennedy desde un almac?n y huy? hasta un teatro.

?Cu?ntas preguntas sin respuesta le ha suscitado la lectura de este caso? Interr?guese sobre las casualidades que le hayan ocurrido en su vida, y tal vez empiece a ver el mundo de otra manera; o -lo que es lo mismo- a entender su propia vida y sus circunstancias desde otra ?ptica. No le pedimos que renuncie a la l?gica, sino que complete su visi?n de la realidad con esos otros datos, dif?ciles de etiquetar, pero que de forma misteriosa humanizan el universo en que nos ha tocado vivir.

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