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Domingo, 12 de marzo de 2006
Suevos, alanos y v?ndalos.

He hablado de estos tres pueblos de pasada al referirme a su cruce del Rhin en el 406. Conviene hacer una digresi?n para hablar con m?s detalles de estos tres pueblos porque su historia va pareja con la de la propia Hispania.

Los suevos eran un pueblo indoeuropeo, de la familia germ?nica. El origen geogr?fico de los suevos no est? demasiado claro. Parece que estaban asentados en la costa del B?ltico cuando la migraci?n de godos y otros pueblos los empuj? al Sur, estableci?ndose a finales del siglo I d.C. en el alto Danubio. All? son citados por primera vez por los historiadores romanos como uno de los pueblos germ?nicos contra los que luch? Marco Aurelio. Los suevos no eran un pueblo semin?mada, como los godos, sino que eran agricultores y, cuando entran en la historia romana, estaban completamente sedentarizados. Sin embargo, la irrupci?n de los hunos a finales del siglo IV los empuja hacia el curso alto del Rhin, donde, coaligados con alanos y v?ndalos, intentar?n varias veces el cruce del r?o, siendo rechazados por las tropas de frontera y por los francos al servicio del Imperio, hasta la Nochevieja de 406 en que lograr?n el cruce sobre el curso del r?o congelado.

Los v?ndalos eran otro pueblo indoeuropeo de familia germ?nica. Se cree que habitaban las regiones ribere?as del B?ltico (en las actuales Alemania y Polonia) hasta que la llegada de los godos los oblig? a desplazarse hacia el Sur, un poco actuando como vanguardia de los godos, hasta asentarse en las riberas del Mar Negro, siendo por tanto vecinos y en ocasiones aliados de los godos. Los ataques hunos que destruyeron el reino ostrogodo movieron a los v?ndalos hacia el Oeste, saltando del valle del Dniester al valle medio del Danubio, donde se encontraron con los suevos ya en movimiento, y con ellos siguieron avanzando hasta el curso alto del Rhin.

Los alanos eran un pueblo tambi?n indoeuropeo pero de familia irania. Por tanto, de lengua distinta a la de suevos y v?ndalos. Se cree que los alanos eran primos de los hunos. Su origen no est? claro. Unos apuntan a las estepas de Centroasia, mientras otros los hacen proceder del Norte del Ir?n. Se trataba de un pueblo n?mada en el m?s amplio sentido de la palabra, y adem?s sometidos s la presi?n de los hunos, lo que motiv? que se desplazaran hacia el Oeste, hasta llegar a las costas y estepas de lo que hoy es Ucrania, donde formaron alrededor del siglo III un reino que abarcaba buena parte de lo que hoy es esta naci?n. En consecuencia, los godos se los encontraron all? cuando se asentaron en su vecindad. Las relaciones entre ambos pueblos, aunque no se les puede calificar de amistosas, tampoco parecen que estuvieran marcadas por el odio que m?s tarde sentir?an los godos por los hunos. De los alanos los godos aprendieron el uso de la caballer?a, los estribos, los arqueros a caballo y parte de las artes metal?rgicas que practicaban. Por tanto el contacto entre ambos pueblos debi? ser fruct?fero, especialmente por parte goda. Con los ostrogodos, los alanos trataron de resistir el empuje de los hunos, pero al ser derrotados marcharon hacia el Oeste siguiendo m?s o menos la ruta que antes siguieron los v?ndalos hasta llegar al limes romano situado en el Rhin.

Explicados los or?genes de estos pueblos se puede comprender que su alianza era algo provisional. Los suevos, pueblo sedentario, buscaban tierras y estabilidad. Alanos y v?ndalos, semin?madas, buscaban bot?n.

Como ya se ha dicho, estos tres pueblos cruzaron el Rhin la Nochevieja del 406, derrotaron a los francos defensores del limes occidental, y entraron en las Galias. ?Cu?ntos eran? No es f?cil saberlo. Las estimaciones oscilan entre 100.000 y 500.000 personas. La ?ltima cifra es exagerada, mientras que la primera es escasa si se tiene en cuenta que, despu?s de perder rezagados en la Galia [1], su n?mero segu?a siendo lo bastante numerosos como para poblar parcialmente tres provincias. Quiz? la cifra de 300.000 personas, de los cuales unos 80-100.000 ser?an guerreros, es una estimaci?n aceptable. De esta cifra el mayor contingente correspond?a a los suevos.

La coalici?n b?rbara cruz? las Galias con rapidez, dejando una estela de p?nico y saqueos detr?s. Amagaron con asentarse en Breta?a, pero la resistencia de la poblaci?n local les hizo desistir. A finales del Verano o principios del Oto?o de 409 se plantaron frente a la vertiente atl?ntica de los Pirineos, pr?cticamente desguarnecidos, y los cruzaron en un amplio frente que iba de Roncesvalles a Somport. Hab?an entrado en Hispania.

La entrada de estos b?rbaros en la Pen?nsula caus? un efecto secundario de un alcance inimaginable para ellos. Las comarcas altas del Ebro, y las situadas m?s al norte, para entendernos, lo que hoy es La Rioja, la Baja Navarra, ?lava, con parte de las actuales provincias de Burgos y Cantabria, eran de las m?s pobres de la Hispania romana, aunque bastante menos que las zonas a?n m?s norte?as (lo que hoy son las provincias de Cantabria, Vizcaya y Guip?zcoa). La entrada de los germanos empuj? a masas de poblaci?n hacia el Norte y el Oeste desde las comarcas mencionadas en primer lugar. Entre ellos a los vascones que hasta entonces hab?an vivido al Sur del Ebro. Esta masa de gente se volc? sobre unas tierras ya de por s? pobres y azotadas adem?s por revueltas (m?s antise?oriales que antirromanas) desde finales del siglo III. Con lo cual se cre? una situaci?n explosiva. Los habitantes de estas tierras no ten?an muchas m?s alternativas que dedicarse al pillaje y al saqueo. Se formaron bandas de bagaudas, gente pobre que no ten?a nada que perder y que s?lo subsist?a de lo que saqueaba. Por contagio se alzaron bandas de c?ntabros y astures (pueblos ambos poco romanizados [2]) que se unieron a la revuelta ?bagauda?. Los ?bagaudas? pronto fueron un problema serio para el orden p?blico en las mitades Norte de las provincias Tarraconense y Cartaginense. Sin fuerzas militares para contrarrestar la amenaza, el Imperio vio como en las comarcas indicadas la autoridad imperial o simplemente provincial se esfumaba.

Ajenos de momento a lo que hab?an provocado, los b?rbaros deambularon sin rumbo fijo por Hispania, saqueando a su paso, y sobre todo, creando en la hasta entonces tranquila Hispania un p?nico tremendo. Aprovechando la confusi?n, un tal M?ximo se proclam? emperador en Tarragona, aumentando el alboroto en Hispania. ?sta era, a grandes rasgos la situaci?n en Hispania cuando Honorio decidi?, con la ayuda de los soldados visigodos, poner un poco de orden.

El Imperio ofreci? a los b?rbaros en 411 un pacto: aceptar?an la condici?n de federados y a cambio recibir?an tierras en Hispania. El trato fue aceptado. Los suevos se establecieron en la provincia Gallaecia, entre el Mi?o y el Duero. Los v?ndalos asdingos en las tierras situadas entre Lugo y Astorga. Los v?ndalos silingos en el Occidente de la provincia B?tica, entre el Guadiana y el Guadalquivir. Los alanos en las tierras comprendidas entre ?vila, Salamanca, Plasencia y Toledo. Es de destacar que en ning?n caso los b?rbaros ocuparon o habitaron las ciudades romanas de estas comarcas.

Sin embargo, mientras los suevos buscaban tierra y al obtenerla se quedaron tranquilos, para v?ndalos y alanos el feudo no significaba la paz. Los asdingos comenzaron una guerra con los suevos que acab? con su propia derrota, por lo que migraron al Sur junto a sus primos silingos. Llegados all?, los v?ndalos ahora reunidos nombraron un antiemperador, obligando a intervenir al Imperio. Las tropas imperiales fueron derrotadas (422), lo que, aparte de otras consecuencias, abri? a los v?ndalos la posibilidad de ocupar los puertos de la B?tica, desde los cuales se dedicaron a ejercer pirater?a contra el Levante hispano, las islas Baleares, y el ?frica romana. Esto ?ltimo era grav?simo para el Imperio, pues pon?a en peligro el suministro de grano a Roma e Italia. Ya de paso, los v?ndalos saquearon a conciencia Sevilla, Cartagena y otras localidades.

Curiosamente, no por ello perdieron la condici?n de federados, y por ello organizaron una campa?a contra los suevos, que amenazaban M?rida, pero al morir el jefe de los suevos ces? la amenaza y no hubo campa?a.

En la Primavera de 429 los v?ndalos, mejor dicho, su rey Genserico, decidieron embarcar para ?frica con el fin de hacerse con las mejores zonas agr?colas del Imperio. Por incre?ble que pareciera, dado que nadie se les opon?a, lograron barcos con los cuales lograron cruzar el Estrecho, llegando a T?nger y Ceuta. Luego se desplazaron al Este, haci?ndose (despu?s varios a?os de lucha) con el control del ?frica romana y controlando por tanto las fuentes de producci?n de la mayor regi?n cerealera del Imperio, que en lo sucesivo tuvo que comprar el grano a los v?ndalos, adem?s de soportar sus razzias piratas en el Mediterr?neo Occidental.

En Hispania el terreno queda despejado para que los suevos sean el poder predominante. Los suevos estaban m?s asentados que v?ndalos y alanos, pero no por ello eran menos b?rbaros (culturalmente hablando) y en consecuencia, no desaprovecharon la oportunidad de expandir su reino, ocupando primero las comarcas abandonadas por los asdingos (422), luego la mitad norte de la Gallaecia (428-438), para luego saltar al valle del Tajo y posteriormente al del Guadiana, estableciendo guarniciones tan al Sur como Lisboa y M?rida (439). Contaban con dos puntos fuertes para esta expansi?n: su s?lido asentamiento gallego (que garantizaba una retaguardia estable) y el hecho de que sus reyes eran cat?licos [4], por lo que eran vistos por muchos hispanos como mal menor frente a alanos y v?ndalos, arrianos te?ricos, las m?s de las veces paganos puros y duros. Para el 446 los suevos ocupaban la Gallaecia, Lusitania, B?tica y la mayor parte de la Cartaginense.

El cenit del reino suevo lleg? en 449, cuando el rey R?khila, cat?lico, se cas? con una hija del rey Teodorico de los visigodos, con lo que se convirti? en aliado de los godos a la vez que federado del Imperio y poder dominante ?de facto? de la Pen?nsula. Tan segura era su posici?n que actuando en salvaguarda de los intereses del Imperio, organiz? dos expediciones contra los bagaudas.

Un grupo de alanos lo bastante numeroso como para tener rey propio se asent? en Valence (Francia), donde a?n se les encuentra treinta a?os m?s tarde seg?n las cr?nicas de la ?poca.

?Y c?mo pod?an estar poco romanizados si llevaban cerca de cuatro siglos bajo gobierno romano? Pues porque la romanizaci?n, entendida como proceso de aculturaci?n de todos los pueblos comprendidos dentro del Imperio, y cuyo veh?culo en Hispania es la urbanizaci?n, se hace menos intensa, hasta desaparecer, a partir de finales del siglo II, a consecuencia de la situaci?n pol?tica del Imperio.

El punto de origen del cruce fue Tarifa, seg?n Gregorio de Tours. Tarifa, o Julia (Iulia) Traducta, seg?n su nombre romano. Conviene no olvidar este nombre cuando lleguemos al final del reino visigodo.

A partir de 448, aproximadamente.

Esto no quiere decir que hubiera asentamientos suevos en todas estas regiones, ni tan siquiera que hubiera guarniciones o gobernantes suevos en ellas. Las m?s de las veces los suevos simplemente aprovechaban las discordias internas entre los hispanorromanos para colocar como obispos o condes a sus partidarios.

Que por otro lado ya se hab?an llevado varios escarmientos a manos de las autoridades romanas de la Tarraconense con ayuda de los federados visigodos.


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