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S?bado, 18 de marzo de 2006
Entre los indios mocoretaes hab?a uno, joven, aguerrido y valiente llamado Igt? (h?bil nadador) que amaba a la m?s buena y hermosa de las mujeres de su tribu, Picaz? (paloma torcaz), y quer?a casarse con ella.
Los padres de Picaz? consintieron en que se realizase tal boda; pero siendo necesario para ello la aprobaci?n de la Luna, llamaron al Tuy? (adivino) de la tribu para que la consultara.
Era una noche pl?cida y serena. La luz blanca, clara, brillante y hermosa de la Luna iluminaba los campos y las tolder?as de los indios. Y el Tuy? interpret?:
-Esa luz que nos env?a la Luna significa que ella aprueba satisfecha la boda de Igt? y Picaz?.
Entonces, el Jefe de la tribu orden? a Igt? demostrase a todos que en verdad era digno y merecedor de tomar compa?era. Para ello deb?a arrojarse a las aguas de la laguna y nadar durante largo rato. Despu?s, ir en busca de un gran n?mero de presas de caza.
Igt?, que era excelente nadador y hab?a cazado mucho desde su ni?ez, realiz? las pruebas con el mayor ?xito, pues nad? cuanto se lo pidi? y trajo entre sus brazos abundante caza.
Las ceremonias de la boda realiz?ronse una noche, despu?s de tres lunas. Se encendi? una gran hoguera, a cuyo alrededor todos los indios com?an, beb?an, bailaban y gritaban, festejando tan grande acontecimiento.
Pero algo faltaba para que Igt? y Picaz? fueran felices: tener la seguridad de que Tup?, su dios bueno, hab?a aprobado tambi?n la boda. Y esperaron.
?Cu?l no ser?a su pena y desconsuelo, cuando llegada la noche siguiente comenz? a caer una copiosa lluvia! Eran las l?grimas de Tup? las que ca?an sobre la tribu para significar el descontento y desaprobaci?n del dios por haberse realizado la uni?n de los j?venes indios.
Igt? y Picaz? no pod?an, pues, continuar unidos perteneciendo a la tribu. Deb?an huir y arrojarse a las aguas de la laguna. All? hab?a una isla donde moraban todos los que se hab?an casado contrariando la voluntad de Tup?. Los dos deb?an ir a esa isla para no volver jam?s.
Al d?a siguiente ces? la lluvia. Y por la tarde, a la hora en que el sol iba a ocultarse en el ocaso, Igt? y Picaz? se arrojaron al agua y comenzaron a nadar.
Los indios de su tribu, reunidos a orillas de la laguna, vi?ndolos alejarse lentamente, los injuriaban y maldec?an para aplacar el enojo de Tup? y evitar sus castigos, pues ?sta era su creencia.
Igt?, h?bil nadador, consigui? nadar buen trecho, ayudando tambi?n a su infortunada compa?era. Poco faltaba a Igt? y Picaz? para llegar a la isla sanos y salvos, cuando una nueva desgracia cay? sobre ellos: ?uat? (Espina), un guerrero malvado de la tribu, les arroj? una flecha. Todos los indios lo imitaron, y entonces fue una lluvia de flechas la que lleg? hasta Picaz? e Igt?, quienes, heridos quiz?s por ellas, desaparecieron de la superficie de las aguas.
En ese preciso instante el sol, que se hund?a en el horizonte, tom? un intenso color rojo; y su luz ti?? la laguna e ilumin? de rojo los campos y el cielo.
Esto llen? de asombro a los indios, los que, atemorizados, huyeron velozmente, alej?ndose de la laguna.
Mientras tanto Igt? y Picaz?, ayudados sin duda por Tup? porque eran buenos, lograban salvarse y llegar a la isla, donde podr?an al fin vivir felices, pues se amaban mucho.

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