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Jueves, 13 de abril de 2006
El 27 de diciembre de 2004, los cient?ficos detectaron el fogonazo de rayos gamma m?s grande jam?s registrado. Proven?a de un magnetar (una estrella de neutrones con un descomunal campo magn?tico) situado a 50.000 a?os luz de nosotros. Sus poderosos rayos penetraron profundamente dentro de la ionosfera, la capa el?ctricamente conductora que envuelve a la Tierra. Ahora se presentan los resultados de un detallado an?lisis sobre diversos aspectos de ese evento.

Las enormes y s?bitas irradiaciones de rayos gamma, como ?sta tan colosal del magnetar SGR 1806-20, afectan a nuestra ionosfera baja de una forma masiva. Para los astrof?sicos, la colosal llamarada es una ventana a los singulares procesos que operan en una estrella de neutrones. Observaron la irradiaci?n de rayos gamma usando dos observatorios orbitales y se valdr?n de los nuevos conocimientos aportados por este evento para afinar sus teor?as sobre esos distantes objetos.

En cambio, Umran Inan, profesor de ingenier?a el?ctrica en la Universidad de Stanford, emplea equipamiento emplazado en tierra para medir ondas de radio de muy baja frecuencia (VLF) que delatan los efectos ionosf?ricos producidos por las descargas de rayos y otros fen?menos. ?l y su grupo de investigadores de VLF en el laboratorio STRL (Space, Telecommunications and Radioscience Laboratory) de la citada universidad, monitorizan continuamente la ionosfera para detectar perturbaciones. No esperaban ver el efecto masivo que el estallido gamma tuvo en nuestro mundo, iluminando la mitad de la ionosfera global, pero gracias a su vigilancia constante, pudieron captar el imprevisto fen?meno.

Vista desde la Tierra, la estrella responsable de la r?faga de 2004 se encontraba a menos de 5 grados del Sol. Por lo tanto, sus rayos gamma incidieron sobre la cara diurna de nuestro planeta. Lo m?s notable de este fogonazo es que a?n inmerso en el per?odo diurno, con el Sol iluminando la ionosfera, su efecto result? enorme. Fue, y por mucho, m?s intenso que nuestra estrella en t?rminos de producci?n de ionizaci?n.

M?s poderosa y brillante que las irradiaciones nocturnas, la diurna inyect? 1.000 veces m?s energ?a dentro de la atm?sfera. Por suerte, no hay nada similar a este magnetar en nuestro vecindario c?smico. Si lo hubiera, habr?amos sido inundados por rayos gamma.

El estallido gamma de 2004 fue m?s brillante y energ?tico que el Sol, pero dur? s?lo un breve per?odo. Ioniz? la atm?sfera alta llegando hasta una profundidad de 20 kil?metros (justo por encima de donde vuelan los aviones). La fotoionizaci?n solar no es efectiva a tan baja altura porque la atm?sfera es demasiado densa. Sus efectos m?s intensos en la ionizaci?n de la atm?sfera (el "pico") duraron unos pocos segundos. El segundo efecto m?s intenso (la "estela oscilante"), dur? cinco minutos. Y el efecto de menor intensidad (el "brillo remanente") dur? una hora.

La inesperada irradiaci?n cambi? la densidad de iones, a una altitud de 60 kil?metros, de 0,1 a 10.000 electrones libres por cada pie c?bico, un incremento de seis ?rdenes de magnitud.

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