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Viernes, 13 de octubre de 2006
Antes del mar, de la tierra y del cielo que lo cubre todo, la naturaleza ofrec?a un solo aspecto en el orbe entero, al que llamaron Caos: una masa tosca y desordenada, que no era m?s que un peso inerte y g?rmenes discordantes, amontonados juntos, de cosas no bien unidas. Ning?n Tit?n ofrec?a todav?a luz al mundo, ni Febe renovaba creciendo sus nuevos cuernos, ni la tierra se encontraba suspendida en el aire que la rodeaba, equilibrada por su propio peso, ni Anfitrite hab?a extendido sus brazos por los largos l?mites de las tierras. Y auqnue hab?a all? tierra, mar y aire, inestable era la tierra, innavegable era el mar y sin luz estaba el aire: nada conservaba su forma, cada uno se opon?a a los otros, porque en un solo cuerpo lo fr?o luchaba con lo caliente, lo h?medo con lo seco, lo blandocon lo duro y lo pesado con lo ligero. Esta disputa un dios, o m?s bien la naturaleza, la dirimi?, pues escindi? las tierras del cielo, las aguas de las tierras y separ? el l?mpido cielo del aire espeso. Y despu?s que los despleg? y los sac? de la masa oscura, los uni? en sitios separados con paz armoniosa. La fuerza ?gnea y sin peso del cielo convexo brill? y se busc? un lugar en lo m?s alto de la b?veda; cercano a ?l por su ligereza y situaci?n est? el aire; m?s densa que ellos, la tierra arrastr? consigo los elementos pesado y qued? apretada por su propia gravedad; y el agua que la rodea ocup? la parte final y abarc? el disco s?lido.

Cuando el dios, quienquiera que fuera, hubo de ordenado as? la masa, la dividi? y, una vez dividida, la distribuy? en partes; primero a la tierra, para que no quedara desigual por todas partes, la enroll? bajo la figura de un enorme globo; despu?s, orden? que se dispersaran los mares, que se inflaran de r?pidos vientos y rodearan las costas de la tierra circular. A?adi? fuetes, inmensos estanques y lagos, y encauz? el raudal de los r?os entre riberas tortuosas: ?stos son absorbidos en parte por la misma tierra en diferentes lugares, en parte llegan al mar y, recibidos en llanura de aguas m?s extensas, golpean los litorales en lugar de las riberas. Orden? tambi?n que se dilataran los campos, se hundieran los valles, los bosques se cubrieran de hojas y se elevaran los montes pedregosos. Y como hay dos zonas que cortan el cielo por la derecha, otras dos por la izquierda y una quinta es m?s t?rrida que ?stas, as? el celo de Dios dividi? la masa inclusa en igual n?mero y otras tantas zonas quedan marcadas sobre la tierra.

De ellas, la central no es habitable a causa del calor; espesa nieve cubre a otras dos; entre ambas situ? otras tantas, y les dio un clima templado, de claro mezclado con fr?o. Por encima est? el aire, tanto m?s pesado que el fuego cuanto m?s ligero que la tierra y que el agua. Orden? que all? estuvieran las nieblas, all? las nubes y los truenos que perturaban la mente de los hombres y los vientos que producen rel?mpagos y rayos. El Hacedor del mundo no permiti? a los vientos ocupar el aire a su gusto; todav?a ahora cuesta impedirles que destrocen el mudno, aunque cada uno dirige sus soplos en regiones distintas: tan grande es la discordia entre los hermanos. El Euro se retir? a la Aurora, a los reinos nabateos, a Persia y a las cumbres que se extienden bajo los rayos matutinos; el v?spero y las costas que se calientan con el sol de poniente est?n cercanos al C?firo. El fr?o B?reas ocup? Escitia y los Siete Triones; la parte opuesta de la tierra se humedece con las asiduas nubes y la lluvia del Austro. Por encima de estos coloc? al l?mpido ?ter, que carece de peso y no contiene nada de las heces de la tierra.

Apenas hab?a marcado as? todo dentro de l?mites fijos, cuando los astros, que hab?an estado mucho tiempo oprimidos por ciega oscuridad, empezaron a hervir por todo el firmamento; y para que ninguna regi?n estuviera sin sus seres vivos, los astros y las figuras de los dioses ocuparon el suelo celeste, las aguas tocaron a los brillantes peces para vivir all?, la tierra recibi? a las fieras y a las aves el airemovible.

Un ser m?s sagrado que ?stos y m?s capaz de una mente profunda faltaba todav?a y que pudiera dominar sobre lo dem?s: naci? el hombre, al que o lo cre? de semen divino el Hacedor del mundo, origen de un mundo mejor, o la tierra reciente y separada hac?a poco del elevado ?ter reten?a el semen de su pariente el cielo, a la que el v?stago de Y?peto mezcl?ndola con agua de lluvia model? en forma de figura de dioses que lo gobiernan todo. Y mientras los dem?s animales miran inclinados a la tierra, dio al hombre un rostro levantado y le orden? que mirara al cielo y levantara el rostro alto hasta las estrellas. As? la tierra, que hac?a poco hab?a sido tosca y sin forma, cambi? y se revisti? de figuras humanas desconocidas.
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