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Viernes, 13 de octubre de 2006
En los tiempos en que nada exist?a, se abr?a en el espacio un vasto y vac?o golfo llamado Ginnunga. Ten?a una longitud y anchura inconmensurable y su profundidad estaba m?s all? de toda comprensi?n. No hab?a costa, ni tampoco olas; porque a?n no hab?a mar y la tierra no estaba formada ni tampoco los cielos. All? en el golfo estuvo el principio de las cosas. All? por primera vez amaneci?. Y en el perpetuo crep?sculo estaba el Padre, que gobierna todos los reinos y se mueve entre todas las cosas grandes y peque?as.

Primero se form?, hacia el norte del golfo, Nifelheim, la inmensa casa de oscuridad nebulosa y fr?o helador, y en el Sur, Muspelheim, la casa luminosa del calor y de la luz. En medio de Nifelheim estall? la gran fuente de donde todas las aguas fluyen y luego retornan. Se llama Hvergelmer, la "caldera rugiente", y de all? surgieron, al comienzo, doce tremendos r?os llamados Elivagar, que fluyen hacia el Sur, hacia el Golfo. Una vasta distancia atravesaron desde su nacimiento y, entonces, el veneno que arrastraban con ellos empez? a endurecerse como lo hace la escoria que corre por una superficie, hasta que se congelaron y se convirtieron en hielo. All? los r?os crecieron en silencio y dejaron de moverse, y los gigantescos bloques de hielo permanecieron juntos.

El vapor se elev? del hielo envenenado y se congel? en forma de escarcha; capa tras capa se fueron amontonando en formas fant?sticas una sobre otras. Esa parte del golfo que se extiende hacia el Norte era la regi?n del horror y de la lucha. Fuertes masas de vapor negro rodearon el hielo, y dentro estaban chirriantes torbellinos que nunca cesaban, y bancos de huidiza niebla. Pero hacia el Sur Muspelheim brillaba con radiaci?n intensa, y mandaba bellas llamas y chispas de fuego brillante. El espacio que hab?a en medio de la regi?n de las tempestades y de la oscuridad y de la regi?n del calor y de la luz era un crep?sculo pac?fico, sereno y tranquilo como el aire sin viento. Ahora, cuando las chispas de Muspelheim cayeron a trav?s del vapor congelado, y el calor lleg? hasta all? por el poder del Padre, las gotas de las mezclas empezaron a caer del cielo.

Y fue all? y entonces cuando la vida comenz? a existir. Las gotas se hicieron m?s r?pidas y una masa informe tom? forma humana. As? vino a existir el grande y pesado gigante de arcilla que se llam? Ymer. Tosco y desgarbado era Ymer y cuando se estir? y comenz? a moverse fue torturado por los dolores producidos por un hambre feroz. As? que sali? ansioso en busca de comida, pero no hab?a sustancia de la que ?l pudiera comer. Los torbellinos le pasaban por encima y las oscuras nieblas le rodeaban como un sudario. M?s gotas cayeron de los l?bregos vapores, y luego se form? una vaca gigante que se llam? Audhumala, "la vac?a oscuridad". Ymer la contempl? permaneciendo all? en la oscuridad junto a los bloques de hielo y avanz? d?bilmente hacia ella. Maravill?ndose, descubri? que de sus ubres sal?an cuatro regueros blancos de leche, y con ansia bebi? y bebi? hasta que se llen? con las semillas de la vida y se vio satisfecho.

Entonces una gran pesadez se vino sobre Ymer y se tumb?, cayendo en un profundo sue?o libre de pesadillas. El calor y la fuerza le poseyeron, y el sudor se concentr? en el sobaco de su brazo izquierdo del cual, por el poder del Padre, se form? un hijo llamado Mimer y una hija llamada Bestla. De Mimer descendieron los dioses Vana. Bajo los pies de Ymer sali? un hijo monstruoso de seis cabezas, que fue el antecesor de los gigantes malignos del hielo, el temido Hrimthusar. Entonces Ymer despert?. En cuanto a Audhumala, la gran vaca, no ten?a verdor del que alimentarse y permaneciendo en el borde de la oscuridad encontr? sustento chupando constantemente los enormes cantos rodados que ten?an incrustados sal y escarcha. Durante el espacio de un d?a se aliment? de esa manera, hasta que apareci? el pelo de una gran cabeza. Al segundo d?a la vaca volvi? a los cantos rodados y, antes de que hubiera dejado de chupar, una cabeza humana qued? al descubierto. Al tercer d?a una noble forma salt?. Estada dotada de gran belleza y era ligera y poderosa. Recibi? el nombre de Bure, y fue el primero de los dioses Asa.

Con el tiempo surgieron m?s seres gigantes, nobles y malvados dioses. Mimer, que es Mente y Memoria, tuvo hijas, cuyo jefe fue Urd, la diosa de la fortuna y la reina de la vida y de la muerte. Bure tuvo un hijo llamado Bor, que tom? por esposa a Bestla, la hermana del prudente Mimer. Tres hijos nacieron de ellos: el primero se llam? Odin (esp?ritu), el segundo Ve, cuyo otro nombre es Honer, y el tercero Vile, tambi?n conocido como Lodur y Loke. Odin se convirti? en el principal jefe de los dioses Asa, y Honer fue jefe de los Vans. Ymer y su maligno hijo desataron su ira y enemistad contra la familia de los dioses y pronto estall? la guerra entre ellos. En ninguno de los lados hubo una pronta victoria, y fieros conflictos se libraron durante largos a?os antes de que la Tierra se formara. Pero, al fin, los hijos de Bor vencieron sobre los enemigos y les hicieron retroceder.

Con el tiempo se sucedieron grandes asesinatos, que disminuyeron el ej?rcito de los gigantes malignos hasta que solamente quedo uno. Fue entonces cuando los dioses consiguieron su triunfo. Ymer cay? al suelo y los victoriosos saltaron sobre ?l y le reventaron las latientes venas de su cuello. Un gran diluvio de sangre sali? de all? y toda la raza de los gigantes se ahog? excepto Bergelmer, el anciano de la monta?a, que con su mujer se refugi? en los bosques del gran molino del mundo. De ?stos descienden los Jotuns, que por siempre guardaron enemistad contra los dioses. El gran molino del mundo de los dioses estaba al cuidado de Mundilfore. Nueve doncellas gigantes lo mov?an con gran violencia, y el rechinar de las piedras hac?a un clamor tan temible que no se pod?an o?r ni las m?s altas tempestades. El gran remolino es m?s grande que el mundo entero, porque de ?l se hizo el gran molde de la Tierra.

Cuando Ymer muri? los dioses se reunieron en consejo y se dispusieron a dar forma al mundo. Colocaron el cuerpo del gigante de arcilla sobre el molino y las doncellas lo ataron a ?l. Las piedras estaban manchadas de sangre, y la carne oscura sali? como molde. As? se form? la Tierra y los dioses le dieron forma a su antojo. De los huesos de Ymer se formaron las rocas y las monta?as; sus dientes y mand?bula se dividieron en dos, y cuando iban girando alrededor las doncellas del gigante tiraron los fragmentos aqu? y all?, y ?stas formaron las piedras y los cantos rodados. La sangre helada del gigante se convirti? en las aguas del vasto mar. Pero las doncellas del gigante no cesaron su labor cuando el cuerpo de Ymer estaba completamente machacado y la Tierra estaba formada y puesta en orden por los dioses. Cuerpos de gigante tras gigante se fueron colocando en el molino, que est? situado tras el suelo del oc?ano, y los restos de la carne son la arena que siempre est? lavada alrededor de las orillas del mundo.

Cuando las aguas son lamidas por el rotante ojo de la piedra del molino se forma un temeroso remolino y se producen los flujos y reflujos del mar cuando se dirige a Hvergelmer, "la rugiente caldera", en Nifelheim y es arrojado de nuevo hacia delante. Los mismos cielos est?n formados para tambalearse por el gran molino del mundo alrededor de Veraldar Nagli, "la punta del mundo", que es la estrella Polar. Despu?s, cuando los dioses hab?an dado forma a la Tierra, colocaron la calavera de Ymer para que fuera al cielo. En cada uno de los cuatro puntos colocaron como centinelas a fuertes enanos del Este, Oeste, Norte y Sur. La calavera de Ymer descansa sobre su anchos hombros. Pero todav?a el Sol no conoc?a su casa ni la Luna su poder, y las estrellas no ten?an lugar donde morar. Las estrellas son brillantes chispas de fuego colocadas desde el Muspelheim por el gran golfo y est?n fijadas en el cielo por los dioses para dar luz al mundo y brillo sobre el mar. A cada uno de estos copos de fuego errante se asignaron un orden y movimiento, de forma que cada uno tiene su lugar, tiempo y estaci?n.

El Sol y la Luna tambi?n vieron sus cursos regulados, porque son los mayores discos de fuego que salieron de Muspelheim, y para que los caminos de los cielos pudieran soportarlos los dioses hicieron que los herreros elfos, los hijos de Ivalde y los parientes de Sindre, construyeran carros de oro fino. Tambi?n existe un libro que compendia toda la mitolog?a finlandesa, El Kalevala, fruto de la recopilaci?n que hizo Elias L?nnrot (1802-1884), folclorista y poeta finland?s, que recorri? repetidas veces su pa?s, recogiendo los cantos populares que los bardos veni?n transmitiendo a trav?s de muchas generaciones. A partir de un material ingente compuso, en la versi?n definitiva de 1849, la epopeya versificada El Kalevala, m?xima expresi?n literaria de un pueblo eminentemente imaginativo.

La influencia de esta obra ha sido enorme en Finlandia. Un claro ejemplo es la obra del compositor Jean Sibelius, que compuso una enorme serie de poemas sinf?nicos como Las Oce?nides, Tapiola, Finlandia, basados en El Kalevala.
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