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Viernes, 13 de octubre de 2006
En el Tiempo de los Sue?os, en la ?poca Tjukurpa, s?lo hab?a una vida sobre la tierra. Una vida inm?vil, representada por una masa embrionaria gigantesca, transparente, hecha de una amalgama de seres inacabados, replegados sobre s? mismos. Y estos proyectos de seres pertenec?an cada uno a una especia animal o vegetal.

Impreso en una materia primigenia se encontraba todo el devenir de la Humanidad. ?Todo el pasado, el presente y el futuro del mundo se hallaban all? latente! Aquel que sali? de la nada y existe por s? mismo, el llamado Ser Supremo, modific? esa masa. Esculpi? con ella un cuerpo, brazos, manos, piernas y una cabeza. En una de las caras de la cabeza, practic? dos orificios para los ojos; form? la nariz. Hizo una hendidura para la boca y un agujero para el ano. As? fue como los entes inacabados fueron transformados en seres capaces de sostenerse en pie.

El Tjukurpa habla en t?rminos de pasado y presente. Toda la tierra, incluyendo todo lo que hay y todo lo que vive sobre ella, fue creada durante el Tjukurpa y por el Tjukurpa. Ninguna monta?a, valle, llanura, corriente de agua, exist?a anterior al Tjukurpa; nada hab?a. Durante aquel tiempo, seres ancestrales en forma de humanos, animales y plantas viajaron a lo largo y ancho de la tierra y perpetraron hechos remarcables de creaci?n y destrucci?n. Los viajes de aquellos seres son recordados y celebrados hoy, donde quiera que fueran. La memoria de sus actividades existe hoy en d?a en la forma de accidentes geogr?ficos como en la monta?a sagrada de Uluru.

Cada hombre y cada mujer quedaron ligados a la especia animal o vegetal de la que hab?an salido; y ese animal o vegetal se convirti? en su Tjukurpa. As? pues, en cada uno de los seres humanos, en cada uno de los animales, de las plantas y los minerales, en las estrellas y en el aire y en el agua, el Ser Supremo, la Energ?a vital sagrada, difundi? su esencia divina, haciendo entrar en una sola, pero inmensa familia, a todas las formas de la Vida. Pero, por desgracia, retenido por el cosmos, no dispuso de tiempo suficiente para concluir su obra y los hombres nacieron imperfectos. Enriquecidos por el Conocimiento primordial del que hab?an surgido, inspirados por la esencia divina de la que estaban impregnados, los Grandes Antepasados, criaturas gigantescas, ni hombres ni animales, se pusieron a crear el mundo tal y como es ahora. En la inmensa llanura inacabable que era la tierra, crearon los r?os, las colinas y todos los accidentes del terreno. Promulgaron las leyes destinadas a vincular a todos los hombres entre s? por medio de parentescos sumamente complicados, parentescos que se imbrican los unos en los otros, naciendo aqu? para reanudarse all?, arrastrando a todos los miembros de un pueblo en un verdadero torbellino de obligaciones de ayuda mutua, encadenando los unos a los otros desde el nacimiento hasta la muerte. Asimismo, proveyeron de v?nculos parecidos a los diferentes pueblos. As?, de norte a sur, de este a oeste, los parentescos creados tejieron una gigantesca telara?a cuyos hilos nos gu?an y protegen desde entonces. Luego, antes de desaparecer, antes de que concluyera el Tiempo de los Sue?os, cuando aparecieron los hombres en su forma actual, les dijeron: "Este es vuestro pa?s. Lo hemos creado para vosotros. Aqu? vivir?is y lo conservar?is tal como os lo entregamos. No lo dejar?is nunca, pues sois sus Guardianes. Sois los Guardianes de nuestra Creaci?n."
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