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sábado, 21 de octubre de 2006
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A finales de 2002, me formulé una serie de preguntas como: ¿Quién no ha sentido alguna vez curiosidad por los dinosaurios? ¿Qué pasaría si una bestia como ésta apareciera de repente en nuestros mares? ¿Cómo debía ser? ¿Qué debía comer?... En este artículo daremos algunas respuestas y daremos algunas pistas a los lectores interesados en investigar este tema.

Cuando hablamos del Liopleurodon ferox, hablamos de un dinosaurio marino del grupo de los plesiosauros. Los plesiosauros constituyeron un grupo de dinosaurios, con antepasados terrestres, que evolucionaron para volver al mar, origen de toda la vida de nuestro planeta. Aparecieron en el Jurásico temprano, y se dividen en dos grandes grupos, unos con el cuello largo y la cabeza proporcionalmente pequeña, y otros con el cuello corto y la cabeza grande, hasta un cuarto de la longitud del animal, como el Liopleurodon.

Por sus características físicas se sabe que los pliosaurios, de cabeza grande y cuello corto, tenían menor movilidad pero capturaban presas de mayor tamaño que sus primos de cuello largo. Con todo era un nadador muy ágil, pese a su gigantesco tamaño. Se parecía un poco a las ballenas actuales, tenía un cuerpo musculoso e hidrodinámico, con aletas muy potentes. Era capaz de perseguir a sus presas por los mares del Jurásico a gran velocidad, e incluso es posible que pudiera sumergirse a gran profundidad sin dificultades para perseguir a una presa.

Este gigantesco animal probablemente volaba por el mar, tal y como hacen las tortugas marinas de hoy en día. Para avanzar, empujaba hacia abajo las aletas delanteras, y para aumentar la velocidad accionaba hacia atrás las traseras. Este monstruo marino podía mantener una persecución durante largo tiempo, y conseguir su presa cuando esta disminuía el ritmo debido al cansancio.

La criatura descubierta en México era un pliosaurio joven, de unos 18 metros de largo y un peso estimado de 25-30 toneladas, y fue hallado en una expedición conjunta de paleontólogos alemanes y mexicanos dirigidos por Eberhard Frey y Wolfgang Stinnesbeck. La prensa le dio al descubrimiento el sobrenombre de Monstruo de Aramberri, en honor a la ciudad Mexicana situada cerca de donde fue encontrado.

Aunque a lo largo de la historia se han hallado muchos restos de Liopleurodon, ninguno fue encontrado tan completo como el descubrimiento de México. Estos restos han sido enviados al Museo de Historia Natural de Karlsruhe (Alemania), donde los paleontólogos quieren extraerlos cuidadosamente de la piedra que los rodea y estudiarlos para averiguar cómo vivía este monstruo de las profundidades e incluso estudiar qué comió en su última cena; los restos del Liopleurodon fueron hallados junto a restos de reptiles acuáticos de menor tamaño (ictiosauros), de los que probablemente se alimentaba.

Una vez terminado el estudio, el Museo de Historia Natural de Karlsruhe hará una copia de los restos y devolverá los fósiles originales a México, pues este pliosaurio forma parte de su herencia cultural.

EL MONSTRUO MARINO

El Liopleurodon ferox se cree que era el rey de los mares en tiempos prehistóricos. Este depredador era el mayor de los plesiosauros conocidos. Estos reptiles marinos son primos de los dinosaurios que dominaban la Tierra en el periodo que fue desde 208 hasta hace 65 millones de años. Los restos de estos animales son relativamente comunes y suelen hallarse bien conservados en los diferentes depósitos marinos en los que se han encontrado.

Descrito por Sauvage en el año 1874, el Liopleurodon ferox típico tenía un cráneo de más de 1,5 metros de largo. Su impresionante dentadura estaba formada por dientes del tamaño de un machete, con unas mandíbulas lo suficientemente fuertes como para triturar los huesos de sus presas. Son precisamente estos dientes característicos los que dan nombre a este dinosaurio; Liopleurodon significa dientes de caras lisas.

Los ejemplares hallados hasta ahora tenían una longitud media de unos 12 metros, aunque algunos ejemplares grandes excedían los 15 metros. Estos datos son estimaciones basadas en los hallazgos parciales que se conocían hasta el momento: vértebras, trozos de mandíbulas y dientes aparecidos en Inglaterra, el norte de Francia y Rusia. Recordemos que, durante el Jurásico, Europa no era sino una colección de islas dispersas en un mar tropical poco profundo, por lo que los restos de animales marinos son bastante comunes.

El Liopleurodon aparecido en México -el mayor y más completo encontrado hasta ahora- ha hecho que se revisen estos datos; parece ser que un individuo adulto, comparado con el animal hallado, que era joven, podía llegar a medir cerca de 25 metros y tener un peso estimado de alrededor de 50 toneladas. Para hacernos una idea del tamaño que esto representa, recordemos que un cachalote adulto (mamífero, no reptil) de hoy en día que mida unos 22 metros de largo puede llegar a pesar unas 65 toneladas.

El tema de sobrestimar el tamaño de los dinosaurios es recurrente, especialmente en los pliosauros. Existe un famoso Kronosauro en la Universidad de Harvard cuyo tamaño fue sobrestimado durante años, pues se añadieron vértebras extra al esqueleto de forma inadvertida. Tan solo recientemente se ha revisado el tema y la longitud estimada del animal se ha reducido en 6 metros, de 18 a 12 metros...

El Liopleurodon tenía cuatro aletas de gran tamaño que le conferían gran potencia. Los adultos tenían una enorme boca de más de 2 metros de largo, llena de dientes el doble de grandes que los del Tiranosaurio, y en la que los dientes del extremo del morro estaban dispuestos en forma de roseta característica.

Precisamente por esta dentadura se sabe que su alimentación era carnívora y que cazaba a otros reptiles nadadores. El registro fósil conserva también restos de las víctimas del Liopleurodon: Ictiosauros (dinosaurios con aspecto de delfín) medio devorados y aletas de otros plesiosauros con marcas de dientes son una clara evidencia de su voraz apetito. Probablemente también se alimentaba de tiburones y de calamares.

Estudios recientes del cráneo del Liopleurodon demuestran que tenía un olfato capaz de oler en estéreo, lo que le permitiría identificar perfectamente el origen de los olores y por tanto a sus presas, incluso en situaciones de baja o nula visibilidad.

Mientras que los plesiosaurios gigantes se veían frenados en el agua por su largo cuello (el Elasmosaurus, p.e. tenía más de 70 vértebras en el cuello contra las 20 de un pliosaurio común), el cuello más corto de los pliosaurios les permitía moverse por el agua más deprisa.

Se supone que las hembras salían a tierra para poner sus huevos, excavando un hoyo en la arena en el que ponían los huevos y después volvían al mar arrastrándose. Cuando las crías salían del huevo, tenían que llegar al agua cuanto antes para evitar convertirse en la cena de muchos depredadores.

Se desconocen muchos aspectos de la vida de estos enigmáticos animales, cuya vida tan solo podemos imaginar basándonos en los restos que se han encontrado. Forman parte de nuestro pasado y tal vez por ello nos interesan tanto. Ya se sabe que las ciencias avanzan una barbaridad, por lo que sabemos más que nunca de estos animales, pero si las piedras hablasen, su historia escaparía a buen seguro a nuestra imaginación.


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Publicado por TODOVENTAX @ 0:33  | PREHISTORIA
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