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Lunes, 27 de noviembre de 2006
LA TIRANA

Cuentan que en el oto?o de 1535, sali? del Cusco, rumbo a Chile, el conquistador Diego de Almagro, con unos 500 espa?oles y diez mil ind?genas. Entre ellos llevaba, como rehenes, a Huillac Huma, ?ltimo sumo sacerdote del culto del sol, con su hermosa hija de 23 a?os, la ?usta (princesa).

La joven logr? huir y se refugi? con algunos seguidores en un oasis de la Pampa del Tamarugal, que domin? a sangre y fuego. Ejecutaba sin piedad a todo extranjero o ind?gena bautizado que cayera en sus manos. La llamaban la ?Tirana del Tamarugal.
Hasta que un d?a apareci? un joven y apuesto minero, Vasco de Almeida. La ?usta se enamor? perdidamente e invent? la forma de demorar su muerte. Peor a?n, en los meses que siguieron ella se convirti? al cristianismo y ?l la bautiz?. Cuando sus seguidores descubrieron su traici?n, los mataron a ambos bajo una lluvia de flechas.

A?os m?s tarde, un evangelizador espa?ol descubri? entre las ramas de tamarugos una tosca cruz de madera. Enterado de la tragedia, levant? en el lugar una capilla.


EL TRAUCO

El Trauco, es un hombre peque?o, no mide m?s de ochenta cent?metros de alto, de formas marcadamente varoniles, de rostro feo, aunque de mirada dulce, fascinante y sensual; sus piernas terminan en simples mu?ones sin pies, viste un ra?do traje de quilineja y un bonete del mismo material, en la mano derecha lleva un hacha de piedra, que reemplaza por un bast?n algo retorcido, el Pahueld?n, cuando est? frente a una muchacha.

Es el esp?ritu del amor fecundo, creador de la nueva vida, padre de los hijos naturales. Habita en los bosques cercanos a las casas chilotas.
Para las muchachas solteras, constituye una inc?gnita que les preocupa y las inquieta. Seg?n opini?n de unas, se trata de un horrible y peque?o monstruo, que espanta y de cuya presencia hay que privarse, a toda costa. Otras opinan distinto y manifiestan, que si bien es feo, no es tan desagradable, sino, muy por el contrario, atractivo... Otras en lucha tenaz y permanente, dicen haberlo eliminado de sus pensamientos, en los que alguna vez vibr? quemando sus entra?as...

Las madres toman todas las precauciones, para evitar que sus hijas, ya solteras, viajen solas al monte, en busca de le?a o de hojas de radal, para el caedizo de las ovejas, pues generalmente en el curso de estas faenas, cuando agarra, o con m?s propiedad sopla, con su pahueld?n, a las ni?as solitarias, pero nunca si van acompa?adas, a?n de sus hermanitos menores.
El Trauco no act?a frente a testigos...?ste, siempre alerta, pasa gran parte del d?a colgado en el gancho de un corpulento tique, en espera de su v?ctima.
En cuanto obscurece, regresa a compartir la compa??a de su mujer, gru?ona y est?ril, la temida Fiura.
Cuando desea conocer de cerca, las caracter?sticas de su futura conquista, penetra en la cocina o fog?n, donde donde se re?ne, al atardecer toda la familia, transformado en un manojo de quilineja, que en cuanto alguien intenta asirlo, desaparece en las sombras.
A las muchachas que le tiene simpat?a, les comunica su presencia depositando sus negras excretas, frente a la puerta de sus casas.
Todo su inter?s se concentra hacia las mujeres solteras, especialmente si son atractivas. No le interesan las casadas. Ellas podr?n ser infieles, pero jam?s con ?l. Cuando divisa desde lo alto de su observatorio a una ni?a, en el interior del bosque, desciende veloz a tierra firme y con su hacha, da tres golpes en el tronco de tique, donde estaba encaramado, y tan fuerte golpea, que su eco parece derribar estrepitosamente todos los ?rboles. Con ello produce gran confusi?n y susto en la mente de la muchacha, que no alcanza a reponerse de su impresi?n, cuando tiene junto a ella, al fascinante Trauco, que la sopla suavemente, con el Pahueld?n. No pudiendo resistir la fuerza magn?tica, que emana de este misterioso ser, clava su mirada en esos ojos centellantes, diab?licos y penetrantes y cae rendida junto a ?l, en un dulce y pl?cido sue?o de amor.... Transcurridos minutos o quiz?s horas, ella no lo sabe, despierta airada y llorosa; se incorpora r?pidamente, baja sus vestidos revueltos y ajados, sacude las hojas secas adheridas a su espalda y cabellera en desorden, abrocha ojales y huye, semiaturdida, hacia la pampa en direcci?n a su casa.
A medida que transcurren los meses, van apreci?ndose transformaciones, en el cuerpo de la muchacha, pose?da por el Trauco. Manifestaciones que en ning?n instante trata de ocultar, puesto que no se siente pecadora, sino v?ctima de un ser sobrenatural, frente al cual, sabido es, ninguna mujer soltera est? lo suficientemente protegida...
A los nueve meses nace el hijo del Trauco, acto que no afecta socialmente a la madre ni al ni?o, puesto que ambos, est?n relacionados con la magia de un ser extraterreno; quien no siempre responde al culme, lanzado con el objeto de alejarlo y escapar de los efectos de su presencia; o los azotes, dados a su Pahueld?n, que deber?a afectarlo intensamente; como en igual forma a la quema de sus excrementos. Su potencia es tal, que en ciertas ocasiones, nada ni nadie puede detenerlo... (Publicaci?n del Dr. Bernardo Quintana Mansilla, Chilo? Mitol?gico).

LA PINCOYA

Adolescente muy hermosa, de larga cabellera dorada, de encanto y dulzura incomparables. Sale desde las profundidades del mar, semi vestida con un traje de algas, a danzar a las playas.

Cuando realiza su delicado baile mirando hacia el mar, significa que en esas playas y mares abundar?n los peces y mariscos; en cambio si lo hace con el rostro vuelto hacia la tierra, indica a los pobladores que para la temporada venidera, los mencionados productos escasear?n y por tal motivo, ser? menester salir en su b?squeda a playas y mares lejanos. No obstante, cuando la escasez, en ciertas regiones se prolonga por largo tiempo, por ausencia de la Pincoya, es posible hacerla volver, y con ella, la abundancia, por intermedio de una ceremonia especial.

La leyenda dice que... Al regresar la Huenchula, a casa de sus padres, en donde dejara bajo sus cuidados a su tierna hija, durmiendo en una lapa, comprob? que debido a la curiosidad de sus mayores, la ni?a se hab?a transformado en agua cristalina.
Invadida por el llanto y la desesperaci?n, cogi? la vasija y corri? desesperada hacia la playa, a vaciar suavemente su contenido en las aguas del mar. Y avanzando hacia el interior, se perdi? en las profundidades del oc?ano, en busca de su esposo el Millalobo. Entre sollozos y llantos, le relat? lo acontecido.

Apenas hubo terminado de pronunciar la ?ltima frase de su historia, vio acercarse hacia ella, una delicada barca semejante a una lapa, llevando en su interior a su desaparecida hija, convertida ahora, en una hermosa joven, a quien dio el nombre de Pincoya.
Las m?ltiples variedades de peces y mariscos, que el Millalobo, ofrece generoso al pueblo chilote, las siembras, en mares y playas, por intermedio de las maravillosas y fecundas manos de su hija predilecta, la Pincoya.

Cuando los chilotes, eternos vagabundos del mar, naufragan, siempre encuentran junto a ellos a la candorosa Pincoya, que acude pronto a su auxilio. Si por razones superiores, no logra su prop?sito de salvarlos, ayudada por sus hermanos la Sirena y el Pincoy, transporta con ternura los cuerpos de los chilotes muertos hasta el Caleuche, en donde ellos revivir?n como tripulantes del barco fantasma y a una nueva existencia de eterna felicidad. Seguramente, por esta raz?n, los chilotes jam?s temen al mar embravecido, a pesar que la mayor?a de ellos no sabe nadar.
El esp?ritu de la Pincoya, creado por su imaginaci?n, al velar siempre por ellos, les infunde plena confianza, durante sus arriesgadas faenas por los oc?anos del mundo. (Publicaci?n del Dr. Bernardo Quintana Mansilla, Chilo? Mitol?gico).
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