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Lunes, 01 de enero de 2007
Los componentes de la tribu del cacique Tranahu?, montados en sus caballos, cruzaban la extensi?n arenosa.
Corr?an en tropel manejando a las bestias con habilidad consumada, montados en pelo y formando, jinete y cabalgadura un todo indivisible.
Volv?an luego de haber realizado un mal?n a las estancias pr?ximas y transportaban el bot?n, conquistado entre gritos destemplados y carreras locas.

Como de costumbre, los hombres, montados en sus caballos, hab?an atacado a los pobladores con sus lanzas y boleadoras, mientras las mujeres y los muchachos indios, que siempre marchaban detr?s, en el momento del asalto, hab?an entrado a las habitaciones, apoder?ndose de todo cuanto encontraron a mano. Confiados y contentos cruzaban el arenal cuando tuvieron una sorpresa por dem?s desagradable.
Conocedores del lugar y de las costumbres, y poseedores de una gran agudeza visual, no pas? inadvertida para ellos una nube de polvo que se levantaba en la lejan?a y que se dirig?a a su encuentro.
Era un tropel de jinetes que se acercaban. Deb?an ser, sin duda, de la tribu de Cho-Ch?, el temido cacique que ven?a a atacarlos.
Tranahu? dio las ?rdenes necesarias para ponerse en guardia. Sus acompa?antes se dispusieron a la defensa.
Los ind?genas de pronto estuvieron sobre ellos con la fuerza de sus lanzas de ca?a tacuara y la ferocidad de sus instintos.
Su prop?sito era apoderarse del bot?n logrado en el mal?n por sus tradicionales enemigos.
Se trabaron en lucha feroz. Los atacantes, m?s fuertes y numerosos, consiguieron vencer, huyendo con los animales robados a la tribu enemiga.
En el campo hab?a quedado el cacique Tranahu? malherido y desangr?ndose. Con ?l, devorados por la fiebre, muchos heridos a los que era necesario socorrer.
El sitio en que se hallaban, inh?spito y solitario, los obligaba a salir cuanto antes de ?l.
Anduvieron en busca de un lugar propicio, reparado; pero ni un ?rbol, ni un asilo donde cobijarse.
Tranahu? se quejaba y sus labios resecos se abr?an para pedir:
- ?A...gua...! ?A...gua...!
Pero el agua no exist?a en los alrededores. Ni un riacho, ni una vertiente, nada que les proporcionara el l?quido anhelado.
Siguieron andando. El paisaje era desolador como antes. Continuaban sin encontrar agua, ni reparo, ni sombra.
Peu??n, la esposa del cacique, que marchaba a su lado enjugando su frente y resta?ando sus heridas, viendo desfallecer a su esposo, propuso a los guerreros detenerse e invocar al Gran Esp?ritu para que los guiar? a un lugar propicio.

Los heridos, mientras tanto, vencidos por la fiebre y la sed, ped?an sin cesar:
- ?A...gua..:! ?A...gu?...!
Conforme a los deseos de Peu??n que todos juzgaron acertados, se llam? a la machi para que preparara las rogativas.
El sacerdote ind?gena, el Ngen-pin, presidi? la ceremonia. Todos quedaron bajo sus ?rdenes.
Los que estaban en condiciones de hacerla, danzaron alrededor del fuego sagrado, mientras los heridos, en pedido angustioso, no cesaban de clamar:
- ?A...gua...! ?A...gua...! La luna y las estrellas, desde lo alto, eran mudos testigos de tanta desesperanza y de tanta angustia.
La ceremonia tuvo fin cuando el sol, apareciendo por oriente, envi? sus rayos a las arenas calcinadas.
Extendieron su vista en derredor y all?, en la lejan?a, como en una bruma gris, creyeron vislumbrar una esperanza.
Volvieron a mirar usando sus manos a modo de pantallas para defenderse del fuerte resplandor del sol que les imped?a ver con claridad, y ya no hubo duda para ellos.
Un grito de j?bilo acompa?? el descubrimiento: a lo lejos, como una se?al de que sus s?plicas hab?an sido o?das. distinguieron una cadena de m?danos.

La machi confirm? la suposici?n: -?M?danos... a lo lejos! Eso indica que en el lugar hay agua dulce donde saciar la sed. ?Marchemos hacia all?!
Obedecieron impulsados por la desesperaci?n y alentados por la esperanza y hacia all? dirigieron la marcha con la rapidez que el estado de los heridos requer?a. Tranahu? hab?a ca?do en un sopor del que s?lo sal?a para pedir suplicante:
- ?A...gua...! ?A...gua...!
Llegaron hasta los m?danos pero, contra toda suposici?n, all? no hab?a agua. S?lo crec?a un enorme cald?n, un ketr? witr? que les dio esperanzas, pues todos conoc?an la virtud de este ?rbol cuyo tronco hueco retiene el agua de las lluvias, y desde el primer momento los cobij? bajo sus ramas defendi?ndolos del fuerte sol de la pampa.
All? y con cuidado acostaron al cacique y a los heridos que, bajo el follaje acogedor, descansaron tranquilos, atendidos por las mujeres que no dejaron de prodigarles los cuidados que les fue posible.
Esta vez las esperanzas no fueron vanas. Uno de los guerreros de Tranahu?, con su lanza de tacuara abri? un tajo en el tronc? del cald?n, del que comenz? a brotar agua pura y fresca.
Gritos de alegr?a saludaron al l?quido tan deseado y despu?s de dar de beber al cacique y a los heridos , todos se abalanzaron a beber... a beber con avidez. El agua segu?a manando de la herida abierta en el tronco del ?rbol solitario y quedaba depositada al pie, acumul?ndose en una depresi?n del terreno.
Volvieron a reunirse en ceremonia los vasallos de Tranahu?; pero esta vez fue el agradecimiento al Gran Esp?ritu, que hab?a escuchado sus ruegos, el motivo de la celebraci?n.
Por fin el cansancio los venci?, se echaron bajo las ramas del gran ?rbol solitario, y mecidos por el ruido del agua que continuaba cayendo, quedaron profundamente dormidos. A la ma?ana siguiente, ?l sol lleg? a despertarlos. Uzi fue el primero en ponerse de pie y el primero en lanzar una exclamaci?n de sorpresa.
Un espejo de plata, entre los m?danos, donde se reflejaba todo el oro del sol, hiri? su vista
El agua que guardara el cald?n durante tanto tiempo hab?a continuado cayendo toda la noche cubriendo una gran extensi?n de terreno y formando una laguna de agua clara y potable, que aparec?a ante todos como una bendici?n. Uzi, impresionado aun ante la maravillosa visi?n , exclam?: -?Ketr? Witr? Lafqu?n! (?La Laguna del Cald?n Solitario!) As? la llamaron desde entonces. El cald?n segu?a erguido, ofreciendo el asilo de sus ramas generosas. La herida del tronco se hab?a cerrado ya, una vez cumplida con creces la misi?n que le encomendara el Gran Esp?ritu. Merced al l?quido providencial y a los cuidados prodigados, Tranahu? cur? de sus heridas y recobr? la salud perdida. Rein? sobre sus s?bditos como lo hiciera hasta entonces. Vueltos a la normalidad, el cacique decidi? retornar con la tribu a sus dominios abandonados durante tanto tiempo, pero los principales jefes, interpretando el sentir de los vasallos de Tranahu?, agradecidos al k?tr? witr?, pidieron al cacique que se levantaran all? los toldos, en el lugar donde hab?an salvado sus vidas juntos a la Ketr? Witr? lafqu?n que les promet?a campos f?rtiles y abundante alimento.

Convencido Tranahu? de la raz?n invocada por su pueblo y agradecido ?l mismo al solitario cald?n, accedi? al pedido que se le hac?a y all?, al amparo de los m?danos, junto a la Ketr? Witr? Lafqu?n, levantaron su tolder?a que ocuparon desde entonces.
Esa fue, seg?n los araucanos de La Pampa, el origen de la Laguna del Cald?n Solitario.

REFERENCIAS
Dice el se?or Lindolfo Dozo Lebeaud con respecto a la Laguna del Cald?n Solitario:
Ketr? Witr? era el nombre de un paraje donde el coronel Manuel J. Campos, al mando de las fuerzas expedicionarias procedentes del fort?n Kar-We, fund? el pueblo de General Acha - 12 de agosto de 1862-, primitiva capital de la entonces Gobernaci?n de La Pampa.
La cadena de m?danos a que se hace referencia en la leyenda y junto a la cual crec?a el solitario cald?n, fue arborizada tiempo despu?s por iniciativa del mismo militar, formando el Valle Argentino.
La Laguna del Cald?n Solitario es conocida hoy en d?a con los nombres de Laguna de General Acha o Laguna del Valle Argentino.
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