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Jueves, 18 de octubre de 2007
Los bot?nicos genetistas y los criadores de animales conocen bien el problema: A veces, individuos o hasta camadas enteras no logran desarrollarse debidamente; algunos mueren temprano; y aquellos que sobreviven presentan una complexi?n f?sica muy d?bil, no siendo ?tiles para programas de cr?a continua. Las descendencias inapropiadas son un ejemplo de que el material gen?tico no siempre puede ser combinado a voluntad. Un nuevo estudio desvela algunas cuestiones clave sobre el fen?meno.

Al parecer, existen barreras reproductivas que no s?lo impiden el intercambio de genes entre especies bien establecidas, sino tambi?n entre variedades de una misma especie. El c?mo surgen estas barreras es de importancia fundamental si se desea comprender el origen de la biodiversidad.

Un equipo de investigadores dirigido por Detlef Weigel, del Instituto Max Planck para la Biolog?a del Desarrollo, en Alemania, y por Jeff Dangl, de la Universidad de Carolina del Norte, ha demostrado ahora que un sistema inmunol?gico mal regulado puede establecer barreras reproductivas, pudiendo ser el primer paso hacia la especiaci?n, la separaci?n en dos grupos de los individuos de una especie hasta el punto de que se acaban convirtiendo en dos especies distintas. Ellos estudiaron una incompatibilidad gen?tica conocida como necrosis h?brida, empleando la Arabidopsis thaliana.

El nuevo trabajo se bas? sobre la observaci?n de que los h?bridos inadecuados de diferentes especies de plantas tienen problemas muy similares. Los investigadores sospecharon que la necrosis h?brida est? causada siempre por el mismo mecanismo bioqu?mico.

Para comprobar esta hip?tesis, los cient?ficos tomaron 280 cepas gen?ticamente diferentes de la Arabidopsis, recolectadas en puntos de muchas partes del planeta, a las que cruzaron en 861 combinaciones diferentes. La mayor?a de los h?bridos de estas plantas fueron fuertes y crecieron con normalidad, pero 20 de ellos (el dos por ciento aproximadamente) produjeron tan s?lo peque?as plantas enfermas y necr?ticas.

Los experimentos demostraron que todos estos h?bridos ten?an unos perfiles comparables de actividad gen?tica: un grupo com?n de unos 1.000 genes, que eran o m?s activos o menos activos en los h?bridos que en sus progenitores sanos. Otro detalle revelador es que este patr?n fue muy similar a lo que se ve con una respuesta inmunol?gica fuerte montada contra pat?genos durante una infecci?n normal. Esas plantas h?bridas problem?ticas parecen confundir sus propias c?lulas con g?rmenes pat?genos.

Aunque los genes que determinan la autoinmunidad anormal son diferentes en la mayor?a de los cruzamientos analizados, los investigadores descubrieron que generalmente se requieren s?lo dos genes para causar la respuesta h?brida necr?tica. Uno de los genes fatales se recibe del padre, y el otro de la madre.

Los cient?ficos recalcan, sin embargo, que los h?bridos no son las v?ctimas de genes que funcionen mal. La necrosis no se debe a que cada progenitor aporte una copia defectuosa del mismo gen. Lo que sucede es que hay una interacci?n destructiva entre dos genes diferentes, incompatibles entre s?. Los genes en s? mismos son inofensivos, o incluso abiertamente beneficiosos, ya que tanto el padre como la madre gozan de buena salud. S?lo la combinaci?n de las variantes alteradas de los genes crea problemas.

Los resultados de este nuevo estudio desaf?an a la definici?n cl?sica de especie, seg?n la cual los individuos de una especie pueden aparearse a su voluntad y producir una descendencia f?rtil. Aparentemente, existen barreras para el libre intercambio de genes incluso dentro de la especie.
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