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Domingo, 04 de noviembre de 2007
El vuelo espacial tiene un impacto profundo en la fisiolog?a humana a medida que el cuerpo se ajusta a la ingravidez. Ahora, un nuevo estudio ha demostrado con nuevos datos que los pasajeros m?s diminutos que vuelan al espacio, los microbios, pueden igualmente verse afectados. En el caso de los analizados en este estudio, se volvieron pat?genos y casi tres veces m?s infecciosos.

El vuelo espacial altera la marcha normal de procesos celulares y fisiol?gicos de los astronautas, incluyendo su respuesta inmunol?gica. Sin embargo, se sab?a relativamente poco sobre los cambios microbianos en lo referente a su capacidad de causar enfermedades infecciosas, como consecuencia del vuelo al espacio.

James Wilson y Cheryl Nickerson, profesores de la Escuela de Ciencias Biol?gicas de la Universidad Estatal de Arizona, junto con colegas de otras instituciones, han llevado a cabo el primer estudio de su tipo para investigar el efecto del vuelo espacial sobre las respuestas gen?ticas y la virulencia de la Salmonella typhimurium, uno de los principales culpables bacterianos de las intoxicaciones alimentarias. Los resultados revelan un papel clave de un regulador maestro, una prote?na llamada Hfq, en la activaci?n de los cambios gen?ticos que provocan un incremento en la virulencia de la Salmonella como resultado del vuelo espacial.

Los resultados de esta clase de estudios tienen un importante potencial para investigaciones avanzadas sobre las enfermedades infecciosas en el espacio y en la Tierra, y podr?an llevar al desarrollo de nuevos m?todos terap?uticos para prevenirlas o tratarlas.

Para estudiar los efectos del vuelo espacial, Nickerson y sus colegas enviaron al espacio, a bordo del transbordador Atlantis, tubos de Salmonella, con las debidas medidas de seguridad. Los tubos fueron triplemente protegidos para mayor garant?a, de manera que no planteaban ninguna amenaza para la salud y la seguridad de la tripulaci?n.

Durante el vuelo, la astronauta Heidemarie M. Stefanyshyn-Piper activ? el crecimiento de las bacterias en dispositivos sellados y fij? cultivos despu?s de un d?a de crecimiento para determinar cambios en los niveles de expresi?n de genes y prote?nas.

En un experimento sincr?nico en tierra, para tener una confirmaci?n paralela de resultados, el equipo de Nickerson cultiv? un juego id?ntico de bacterias en el mismo tipo de tubos usado para el vuelo, incub?ndolas en unas instalaciones especiales del Centro Espacial Kennedy, de la NASA, conocidas como el "simulador del ambiente orbital".

Este simulador se enlaza al transbordador en tiempo real, y reproduce con exactitud su temperatura, humedad, y otras condiciones ambientales relevantes para el crecimiento bacteriano. S?lo difiere en que no vuela realmente por el espacio. Adem?s, el equipo de tierra tambi?n estuvo enlazado a trav?s de telecomunicaciones en tiempo real con la tripulaci?n cuando ?sta realizaba los experimentos en ?rbita, y hac?a exactamente a las r?plicas en tierra las mismas cosas que efectuaban los astronautas sobre las muestras en el espacio.

Despu?s de volar millones de kil?metros, las muestras bacterianas fueron analizadas de regreso a la Tierra.

En comparaci?n con un grupo de control de bacterias que permanecieron en la Tierra bajo las condiciones normales de nuestro mundo, las viajeras c?smicas hab?an cambiado la expresi?n de 167 genes. Despu?s del vuelo, estudios de virulencia mostraron que estas ?ltimas eran casi tres veces m?s propensas a provocar enfermedades que las que fueron mantenidas en la Tierra bajo condiciones normales.
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