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Domingo, 22 de junio de 2008
En estos últimos meses que estuve evaluando la posibilidad de escribir esta nota, me encontré en la disyuntiva lógica que conlleva la responsabilidad de manejar cierto conocimiento. Las alternativas son dos; transmitir todo aquello que sabemos, dando así la posibilidad de que el lector se haga responsable de lo que conoce, o manejar con cautela la información, de modo que inevitablemente se deba suavizar el tono para no crear un colectivo humano negativo o lo que se llama una masa critica tal que termine por plasmar los miedos en la materia.

Pero repasando un poco las historia de la humanidad, podemos ver claramente que aquellos quienes accedieron a la información y luego la clasificaron” yla cuotificaron, terminaron perjudicando y desvirtuando el verdadero conocimiento, creando así falsas ideas, caminos erróneos y grandes confusiones. Podemos citar ejemplos desde los antiguos sacerdotes egipcios hasta gran parte de las actuales religiones.

Por esto intentaremos no repetir los mismos errores y aportar así el pequeño conocimiento al cual pudimos acceder, de forma que permita a nuestros lectores tomar la responsabilidad que les cabe, como parte de una humanidad que ya esta pasando de la adolescencia a una madurez responsable.

Tiempos proféticos

No es nada nuevo decir que estamos viviendo tiempos proféticos. ¿Pero realmente que significa una profecía? Cuando escuchamos la palabra profecía, es común asociarla con catástrofes, guerras, holocaustos o tragedias. Y podríamos decir que, en general, las profecías están asociadas a hechos de alguna manera negativos, pero el mayor error está en creer que son hechos inamovibles e incambiables. Ya el hecho de que en general los acontecimientos más negativos sean casi siempre profetizados con anterioridad nos debería hacer reflexionar que se trata de simples advertencias.

De otra manera no se explicaría la suerte de morbosidad mostrada por aquellas fuerzas que nos comunican”tales acontecimientos. Me cuesta creer en un Dios, o una energía o lo que fuere, que nos permita conocer acontecimientos futuros con la sola idea de que nos resignemos a esperarlas. Creo que cabe pensar que está, en quienes conocen esas premoniciones, la capacidad y la responsabilidad de cambiarlas.

Pero veamos las profecías para este tiempo:

Cuando hablamos de profecías se nos vienen a la mente dos ejemplos, las profecías mayas y las de Nostradamus, unos por acertadas y otras por ser muy publicitadas. Pero comencemos por los Mayas.

Los mayas

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