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Mi?rcoles, 28 de enero de 2009
 
Estudios científicos recientes han demostrado que las toxinas de tabaco permanecen en el aire desde días hasta meses, incluso después de que el humo y el olor aparentemente se hayan disipado. Además concluyen que no existe un nivel seguro con respecto a la exposición al humo, ya que estas toxinas se adhieren a las partículas de polvo que existen en cualquier casa o lugar público.


Once de los 250 componentes del humo del tabaco están considerados dentro de los cancerígenos del primer grupo, lo cual significa que son totalmente dañinos. Por mencionar algunos de estos gases, químicos y metales pesados, tenemos al cianuro, que es utilizado en armas químicas; al monóxido de carbono, el mismo que sale por los escapes de los coches; al arsénico, muy usado en pesticidas; al plomo, componente químico de las pinturas; al cromo, miembro de la fórmula del acero; al cadmio, utilizado en baterías, y al altamente radioactivo polonio-210.

En casi todo el mundo las etiquetas en las cajetillas de cigarrillos advierten sobre los riesgos de impotencia, daño fetal, nacimientos prematuros, cáncer, enfermedades cardiacas, enfisema, daños bucodentales. Sin embargo, estudios recientes documentan que 5.000 fumadores pasivos mueren al año en España, una cifra muy alta a pesar de estas campañas anti-tabaco.

Para completar el obscuro panorama, ahora existe una nueva clasificación de fumador pasivo, el llamado de “tercera generación”, que es quien se ve expuesto a estas partículas incluso en ambientes considerados libres de tabaco porque no se fuma dentro de ellos.

Si usted fuma fuera de casa o es un fumador pasivo en algún lugar público, las partículas tóxicas del humo del tabaco se impregnan en su ropa y cabello así que en cuanto entra en contacto con su bebé, niños o cualquier persona adulta que no fume serán ellos quienes sufrirán la acción directa de éstas.

Los más jóvenes son especialmente susceptibles a ser fumadores de tercera generación ya que su ritmo respiratorio es más rápido que el de los adultos, por lo tanto inhalarán mayor cantidad de partículas en menos tiempo.

Ser fumador de tercera generación es altamente arriesgado, el círculo se cierra y aunque las medidas sanitarias y preventivas progresen, la única solución viable y realmente  efectiva  para  terminar con la existencia de estas amenazas a la salud y riesgos mortales por consumo de tabaco es sólo cuestión de sentido común: “Hay que dejar de fumar definitivamente”.


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