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Jueves, 20 de mayo de 2010

Fue la nota que rebalsó en mis archivos. ¿Era posible que, según los estudios de dos académicos que publicaron en Nature, cada 62 a 65 millones de años se producirían megacatástrofes en el planeta?.

Pero será mejor que analicemos el caso de los dinosaurios, señores de la tierra que gobernaron hace millones de años y cuyos restos nos hablan con elocuencia.

Fue el profesor Luis Álvarez (premio Nobel) de la Universidad de Berkeley quien lanzó la teoría haciéndolo mundialmente famoso por ello. Para Álvarez la evidencia clave estaba en lo que veis en la foto: una sustancia conocida como iridio, un polvo que está presente en asteroides y cometas.

El iridio existe en la tierra pero en cantidades microscópicas, salvo por una abundante capa que se remonta a 65 millones de años en los registros fósiles. Las mayores concentraciones están en el cráter de Chicxulub, en Yucatán. Justamente donde miles de rocas fueron aplastadas en el cráter más o menos al mismo tiempo que se encontró iridio.

Cuándo Álvarez presentó su teoría del impacto de un asteroide como responsable del fin de los tiempos de los dinosaurios, ya sospechaba que ese tipo de extinción masiva se producían con regularidad. No obstante no sabía la frecuencia exacta.

Sin embargo, uno de sus alumnos, junto con otro colega, darían respuesta a esa interrogante.



El registro del Cretácico Terciario en la rocas de Gubbio, al norte de Italia.
Esta foto enseña la prueba del acontecimiento que causó la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. Las capas de caliza pálida en la parte superior izquierda son del período Terciario, cuando se extinguieron. En medio, la capa diagonal de arcilla negra contiene la lluvia abundante de iridio. Esa capa se encuentra en todas las partes de la Tierra, donde hay rocas expuestas en esta época, lo que daría a entender que en realidad no fue sólo un cometa, sino un bombardeo interesteral de varios. Esta foto fue obtenida del libro La diversidad de la ciencia de Carl Sagan.


En el articulo referido de Nature, el físico Richard Muller y Robert Rohde encontraron pruebas sólidas de que cada 62 a 65 millones de años se producen extinciones masivas en el planeta. Según los cálculos la última fue hace 65 millones de años, por tal motivo, estamos en fecha para que se produzca una nueva extinción.

Pero ¿en qué se basaron estos científicos para promover tal hipótesis?. Muller y Rohde analizaron durante 3 años los registros fósiles de 542 millones de años (que el paleontólogo Jack Sepkoski compiló durante décadas).

Es válido decir que Sepkoski descubrió que en el periodo de 542 millones de años se dividía en capas que estaban separadas por 3 millones de años. Identificó las capas más antiguas y más modernas, y de alguna forma, esto ya fue un anticipo de lo que Muller y Rohde encontrarían. Esa diferencia de 3 millones de años es el diferencial de tiempo entre un género y otro.

Ahora bien, Álvarez aceptó dicha teoría, no obstante, desafió a Muller a que explicara qué clase de mecanismo podría aniquilar toda la vida terrestre en esos intervalos tan regulares.

Luego de mucho debatir y razonar, Muller terminó exponiendo que cada 62 a 65 millones de años la órbita del sistema solar pasaría a través de una región de la Vía Láctea con una densidad gravitacional impresionante. Y al hacerlo, un enorme y poderoso tirón gravitacional desencadenaría lluvias de cometas y/o asteroides que arremeterían con todos los planetas, entre ellos, desde luego, la Tierra.

Huelga decir que este planteamiento, como mencioné en el articulo anterior, concuerda con la hipótesis del científico ruso Dmitriev, en lo referido a que estamos entrando en una nube interestelar de consecuencias nefastas para la vida en la tierra. También, con la visión maya de que en 2012 el sistema solar tapara el centro de la galaxia, ese ombligo que hoy día piensan que se forman estrellas.