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S?bado, 26 de febrero de 2011

La isla de Oak (Roble), en Canad?, tiene montones de leyendas sobre posibles tesoros enterrados por los piratas que, en un tiempo, pulularon por la zona.

En un d?a de verano de 1795, tres chicos pensaron en ellas cuando se encontraron ante un hoyo de tierra circular, de tierra excavada ya sedimentada y bajo las ramas de un roble, de las que colgaban restos podridos de aparejos de un barco.

Eran tres amigos: John Smith, Daniel McGinnis y Anthony Vaughan. Al cavar sacaron en un principio tierra blanda que cubr?a un pozo, de duras paredes de arcilla. A los 60 cent?metros encontraron una capa de piedras lisas, cortadas a prop?sito y de un tipo de piedra que no se encontraba en la isla. Evidentemente se encontraban ante un pozo construido a conciencia.

A los 3 metros hallaron una plataforma de troncos de roble, incrustada horizontalmente, pero no encontraron bajo ella el tesoro anhelado sino de nuevo tierra sedimentada. Era evidente que se trataba de una construcci?n trabajosa y nada apresurada. Pero no sab?an hasta qu? punto?

A los 6 metros hab?a otra plataforma de roble y debajo, de nuevo, tierra sedimentada. La decepci?n y el agotamiento les hizo desistir. Sin embargo no pudieron olvidar el enigm?tico pozo y a?os despu?s, en 1803, participaron como miembros destacados en la expedici?n Onslow, que trat? seriamente de aclarar el asunto.

Cada 3 metros aparec?a una plataforma de roble, pero no id?nticas. Algunas eran especialmente gruesas y reforzadas con fibras de coco, masilla y carb?n vegetal.

A los 27 metros encontraron una losa de p?rfido, material pr?cticamente inencontrable no s?lo en la isla del roble sino en toda Norteam?rica. Y en la losa una inscripci?n en un alfabeto desconocido para todos los miembros de la expedici?n. En este punto hay varias hip?tesis. Algunos expertos quisieron traducirlo en una frase un tanto pueril y absurda, bas?ndose en un c?digo de cifras sencillo, que dir?a: ?trece metros m?s abajo est?n enterrados dos millones de libras?. Pero otros, como el profesor Barry Fell, un experto en lenguas antiguas, lleg? a la conclusi?n de que se trataba de un dialecto copto mediterr?neo, cuyo significado ser?a religioso.

A partir de entonces se especul? con el posible contenido del pozo, aventurando la posibilidad de que no fuera un tesoro lo enterrado all?, o al menos no un tesoro monetario, sino de otro tipo, o quiz?s una tumba de alguien especial. Incluso algunos especularon con la posibilidad de alguna relaci?n con Egipto, no s?lo por el posible dialecto copto, sino por el propio material de la losa, el p?rfido. Pero en ese caso? ?cu?ndo y por qu? trasladar materiales desde tan lejos?.

Al seguir excavando, a la altura de los treinta y pocos metros, el agua empez? a filtrarse en el pozo, pero ya atardec?a y a pesar de que tocaban una nueva capa de algo duro, quiz? otra capa de troncos de roble, decidieron que retomar?an el trabajo al d?a siguiente.

Pero al d?a siguiente el agua hab?a subido hasta 10 metros y segu?a subiendo. Y dado que los miembros de la expedici?n eran gente de la zona, que no pod?a abandonar su trabajo m?s tiempo, se dieron por vencidos.

Durante los a?os siguientes hubo otras varias expediciones, con parecidos resultados. Y sus tres j?venes descubridores siguieron participando en ellas hasta que murieron de viejos.

A lo largo del tiempo se descubrieron datos importantes y curiosos: una extensa zona de playa en Smith?s Cove era artificial. No s?lo eso, ten?a un sistema de desag?es que abastec?an t?neles, conectados directamente con los niveles m?s bajos del dichoso pozo. Y a pesar de la tecnolog?a moderna, se lleg? a la conclusi?n de que parece imposible cortar el flujo del agua, porque adem?s del agua de mar existen otras corrientes subterr?neas muy potentes (se ha especulado con un pantano del centro de la isla, entre otras cosas).

En la ya citada zona de playa artificial de Smith?s Cove se han encontrado restos de inmensos troncos con lo que parecen inscripciones en n?meros romanos, y se ha especulado con la posibilidad de que formaran parte de un dique para la construcci?n y excavaci?n de todo ese sistema de canales, t?neles y desag?es.

Algunas expediciones trataron a su vez de construir alg?n dique para bloquear el t?nel de agua principal, pero todos fueron destruidos por la fuerte corriente atl?ntica. Es decir se a?ad?a un nuevo misterio: c?mo lo consiguieron los constructores del dique primitivo. ?Sencillamente porque el nivel del mar ser?a muy inferior?. En ese caso se tendr?a que hablar de mucho tiempo antes?

Las expediciones se han seguido sucediendo hasta ahora, sin lograr nada, excepto el encuentro con m?s detalles que aumentaban el misterio del dichoso pozo, como por ejemplo, lo obtenido en 1849 por una excavadora que subi? a la superficie eslabones de una cadena de oro y un fragmento de pergamino, que dio lugar a nuevas y especulativas teor?as queriendo vincular al lugar a uno de los personajes que siempre se quieren relacionar con todo tipo de misterios: Francis Bacon.

En 1897 volvieron a encontrarse restos de pergamino con borrosas iniciales o letras.

En 1967-69 se encontr? madera del siglo XVI y un pedazo de lat?n muy antiguo.

En 1972 una c?mara submarina capt? lo que podr?an ser un par de cofres en medio de todo un laberinto de t?neles, lo que parec?a un cad?ver y hasta una mano cortada. Pero la visi?n no fue nada clara por lo turbio del agua debido a la gran cantidad de sedimentos y todo qued? en meras posibilidades.

Pero volviendo al siglo XIX nos encontramos con un personaje m?s o menos enigm?tico. Se trataba del capataz James Pitblado, que en 1849 rob? algo que sali? enganchado en la perforadora ante un testigo, que le pidi? in?tilmente que lo devolviera, o al menos lo ense?ara. El capataz se neg?, abandon? la isla, poco despu?s trat? de comprarla sin ?xito y muri? en un accidente laboral, al margen del pozo, y sin hablar de su descubrimiento.

Hablando de muertos surgi? una leyenda que afirmaba que el misterio se resolver?a cuando murieran 7 personas. En 1861 la explosi?n de una caldera mat? a un hombre. En 1897 murieron otras dos personas. Y en 1965 las cuatro ?ltimas en un mismo d?a. Y no es la ?nica leyenda. Se empez? a hablar de apariciones extra?as de seres y animales, o fantasmas de soldados ingleses del siglo XVIII.

Para complicar m?s las cosas el ge?logo Bob Dunfield utiliz? una excavadora gigantesca para extraer toneladas de arcilla y lo que logr? fue destruir detalles curiosos y significativos, como por ejemplo, un tri?ngulo y un dibujo de piedras que parec?an indicar la direcci?n del pozo desde las cercan?as, que se hab?a descubierto en 1897.

Un grupo de exploraci?n (traducido: La Compa??a de exploraci?n de la Isla del Roble) ha comenzado a tratar los problemas de ingenier?a globales de la excavaci?n, llegando por ahora a la conclusi?n de que es imposible controlar las inundaciones subterr?neas del pozo, que comunican directamente con el oc?ano Atl?ntico, adem?s de no entender las estructuras subterr?neas de la isla.

En fin, las teor?as siguen pululando locamente en torno al misterioso pozo. Por supuesto no faltan las de siempre ?estar?a all? enterrado el tesoro templario desaparecido tras la eliminaci?n de la orden?...

Sea como sea las intenciones de los constructores son contradictorias. Por un lado convertir lo enterrado all? en inalcanzable y por otro se?alar su ubicaci?n? Como si lo importante fuera el efecto creado en la gente. No s?lo despertar su codicia sino espolear la necesidad de misterios, que es igual o mayor en todos los seres humanos. Incluso tiene algo que me recuerda al pretexto t?pico utilizado por Hitchcock en sus pel?culas. Es decir presentar al principio un detalle que, aparentemente, fuera el desencadenante de la historia, para enseguida abandonarlo para ser sustituido por otro motivo y otra trama. O, como en el poema de Itaca del poeta Kavafis, lanzar un se?uelo que sirva de motor para ponerse en marcha, pero desvelar con el paso del tiempo que lo importante no es alcanzar ese objetivo sino el viaje en s? mismo. Es m?s, llegar a descubrir que lo deseable es que ese objetivo no se alcance nunca, para as? prolongar el viaje hasta la muerte.


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