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Jueves, 06 de octubre de 2011

Llegaron a los estados sureños de EE.UU. hace muy poco tiempo y, sin embargo, su presencia se está dejando notar cada vez más. Se las detectó por primera vez en Texas en el año 2002 y lo más razonable es que hayan llegado en algún contenedor con productos vegetales originarios del Caribe o Sudamérica.

Ahora, bien implantadas en algunos estados como Texas o Florida, se mueven en los fardos de forraje vacuno, en las plantas con macetas e incluso en el interior de motocicletas y autocaravanas. Además, se las comienza a encontrar en Mississippi y Louisiana. La gente las conoce simplemente como "hormigas locas".

A primera vista parece una hormiga realmente pequeña (del tamaño de una pulga) y a pesar de esto se mueve a una velocidad endiablada. Si se la observa con una lente se aprecian ciertos "pelos" en su cuerpo (razón por la que también se les conoce como hormigas locas peludas), lo que hace que su abdomen resulte menos brillante que el de sus lentas y mayores primas norteamericanas.

Viajan en grupos numerosos y se reproducen rápidamente. No necesitan excavar hormigueros; en lugar de eso buscan sitios húmedos y sombríos. Podrás encontrarte una colonia debajo de un grupo de árboles derribados, o incluso bajo los cimientos de una casa.

Un ejemplar de la especie ampliada (AP Photo/Mississippi State Entomological Museum, Joe MacGown)

 
Una de sus particularidades es que atacan de forma irreflexiva cuando uno de sus congéneres muere. De hecho, la muerte de una hormiga de este especie (Nylanderia pubens) lanza un compuesto químico que alerta a sus compañeras. Si, por ejemplo, una hormiga muere electrificada por morder un cable, muy pronto tendrás una bola de hormigas calcinadas atacando ese mismo cable.

El resultado son daños cuantiosos en las instalaciones industriales; también son la pesadilla de los criadores de abejas. En Texas, por ejemplo, un criador perdió 100 panales en el año 2009 por su culpa.

A pesar de su diminuto tamaño, acabar con estar hormigas es una tarea tediosa que requiere de grandes esfuerzos. Un exterminador llamado Rasberry (el 1º que las descubrió en Texas) comentó que si acabas con 100.000 ejemplares con pesticidas, verás que las seguirán un millón de hormigas. De hecho, en apenas unos años, la hormiga se ha expandido por 18 condados texanos.

La plaga ha provocado daños cuantiosos (AP Photo/Mississippi State Entomological Museum, Blake Layton)

Poco a poco, las hormigas se van abriendo camino por Norteamérica, colonizando el sudeste de los Estados Unidos. Ya están presentes en veinte condados de Florida y recientemente se les ha divisado en dos condados de Mississippi y en un distrito de Louissiana.

Mientras las autoridades tratan de desarrollar agentes químicos para ayudar a controlar la plaga, uno no deja de pensar que las especies foráneas son parte del precio que los humanos debemos pagar por nuestro incesante comercio y constante movilidad. En España vivimos idénticos problemas con plagas como la del mejillón cebra, originario de los mares Caspio y Negro, que asola nuestros ríos. Y es que cada vez que un barco recorre el mundo, puede viajar cargado de polizones inesperados.


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