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S?bado, 10 de marzo de 2012

De un tiempo a esta parte se oye cierta cantinela sobre la degradación del cromosoma Y y por tanto del hipotético fin (o extinción) del sexo masculino. Sin embargo, las ultra-feministas que sueñan con un matriarcado absoluto en el que no hicieran falta hombres para la reproducción, y en el que todos los bebés vistieran de rosa, tendrán que guardar las botellas de champán.

La idea de que el cromosoma sexual masculino y aquellos que lo portamos terminaremos por desvanecernos - como promesas políticas después de la campaña electoral - se basa en los procesos mediante los cuales se forman los espermatozoides y los óvulos.

Cada una de estas células contienen pares de cromosomas en los que va empaquetado el ADN del portador. Cuando las células se dividen, los pares de cromosomas se intercambian información genética en un proceso llamado recombinación que recuerda a la mezcla de naipes, cuando se reagrupa una baraja previamente partida en dos mazos.

La recombinación permite que la célula repare errores genéticos y mezcle y encaje genes. Sin embargo, al contrario de lo que sucede con los otros 45 cromosomas que transportan nuestro código genético, el cromosoma sexual masculino (el famoso Y) no viene ligado a un compañerocon el que poder recombinarse.

En lugar de eso, mi ADN, el de Van Dame, Chuck Norris, e incluso el del defensa del Madrid Pepe, vienen emparejados con un cromosoma X... el femenino (por cierto, las mujeres sí lo tienen doble).

Eso significa que a la hora de dividirse, nuestro pobre y solitario cromosoma Y no tiene ninguna posibilidad de recombinarse. Y como bien saben los genetistas y los estudiosos de la evolución,cuando algo no se recombina termina por degenerar.

Sin embargo, la naturaleza no es del todo cruel. El cromosoma Y ha desarrollado un truco consistente en reducir su carga genética para evitar problemas. Y es que a mayor simplicidad menor riesgo de error.

El cromosoma Y contiene solo el 3% de los genes que tenía inicialmente cuando la evolución lo separó del cromosoma X hace entre 200 y 300 millones de años.

Y ahí viene la madre del cordero. Algunos científicos especulan con la posibilidad de que - si la información genética de este cromosoma sigue reduciéndose - terminará por desaparecer dentro de unos pocos cientos o miles de millones de años.

¡Adiós a la venta de calzoncillos y de preservativos!

Sin embargo, un nuevo trabajo de investigación realizado por Jennifer Hughes del Insitituto Whitehead de la Universidad de Cambridge en Massachussets (EE.UU.) ha terminado por dar un respiro a los hombres.

El equipo de Hughes secuenció el genoma de un mono del viejo mundo llamado macaco rhesus, cuyo linaje se separó del de los humanos hace 25 millones de años.

Antes de este estudio, los investigadores solo podían comparar el cromosoma humano Y con el del chimpancé. Pero nuestros parientes cercanos se separaron de nuestro linaje hace apenas 6 millones de años, lo cual es muy poco tiempo y ofrece una visión limitada sobre la evolución de nuestro propio cromosoma.

El macaco rhesus ha venido ahora a ampliar el "libro de historia" de nuestro cromosoma Y, y gracias a las comparaciones entre uno y otro nos hemos enterado de que el ritmo de "desintegración" ha sido exagerado. Los cromosomas Y de ambas especies son notablemente similares.

"En su parte primordial, el contenido en genes no ha variado en 25 millones de años", ha comentado Jennifer Hughes.

Al parecer la pérdida genética en todo este tiempo ha sucedido en el 3% más joven, la sección que dejó de emparejarse con el cromosoma X más recientemente. Tras eso, los niveles de pérdida se detuvieron hasta casi prácticamente cero.

¿Entonces podemos dejar de temer la extinción del hombre?

Sí, las evidencias demuestran que el cromosoma Y no se va a ir de vacaciones a ninguna parte. Las razones de su firme estabilidad radican probablemente en el hecho de que no puede perder más información genética sin desvanecerse por completo.

Resumiendo: los genes que han quedado en el cromosoma Y son tan importantes, que perderlos significaría que el organismo no podría sobrevivir, y como bien sabemos la selección natural favorece a aquellos que sobreviven lo bastante como para pasar su carga genética a la siguiente generación.

Tal y como ha quedado "reducido", la más mínima variación en el cromosoma Y significaría la muerte de su portador, y por tanto, esa mutación conduciría a un callejón evolutivo sin salida.


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